Yoany, la campana dobla por ti
Texto y foto: Roberto Alfonso Lara
Los repiques de la campana anuncian la misa. Desde la torre de la Parroquia Jesús de Nazareno El Buen Pastor, se convoca a devotos y ateos del poblado de Aguada, de la Diócesis de Cienfuegos. El sonido es noble, y anónimo, pero si preguntan por quién dobla la campana, no hay secretos; dobla por Yoany.
Es un joven mestizo de 35 años, que desde niño asiste al Grupo Estrella, del programa Aprendiendo a crecer, de Cáritas, en la región centro sur de Cuba. Padece una discapacidad física e intelectual que, un tiempo atrás, se mostró severa. Apenas movía sus manos, no sabía coger el lápiz, caminaba con dificultad, y su lenguaje era bastante retorcido.
Hoy su realidad, sin embargo, se dibuja en un rostro de satisfacción plena, que podría suscitar varias interrogantes: ¿cómo es posible?, ¿qué colores conspiran en las luces de su mirada?, ¿cuál será el truco para un alma tan serena y limpia? Algunas respuestas, posiblemente, son reveladas los jueves cuando, en la mañana, comparte con sus amigos, escribe muchas veces su nombre, y baila y canta hasta el cansancio.
Otras llegan en las tardes del domingo, quizás su día preferido. Muy cerca de las 5:00 p. m. se empina hacia la torre del templo, por una escalera un poco estrecha y oscura. Ya en la cúspide, cual centinela del pueblo “empequeñecido”, agita la soga y complace a los moradores con el ruido habitual de los campanazos.
-¿Cómo aprendiste a tocar la campaña?
El difunto Angelito (un hermano de la Parroquia) me enseñó, y aprendí gracias a Dios, que está allá arriba.
-¿Verdad?
Sí, y he aprendido mucho.
-¿Y por qué te gusta?
Soy miembro de la Iglesia Católica; toco la campana para que las personas vengan a misa: todos los domingos, el 24 (de diciembre) y el día de Jesucristo (por la celebración de la Vigilia Pascual).
-¿Qué sientes cuando lo haces?
Mucha alegría para mí.
-¿Tanta?
Sí.

Un enorme entusiasmo lo apresa al responder las preguntas. Piensa lo que dice para no equivocarse ni olvidar la mención a seres muy queridos. Es, de veras, increíble. Su historia tiene el mismo halo de bondad que la del personaje literario del Quasimodo de Notre-Dame: aquel en la majestuosa París del siglo XV, y Yoany, en Aguada, un municipio rural del archipiélago cubano, desprovisto de los aires colosales que soplan en las urbes.
-¿Disfrutas compartir con tus amigos?
Claro, nunca falto los jueves, y tampoco los domingos a misa. Cuando voy a faltar se lo digo al Padre, que no puedo; pero nunca falto. Me siento bien con ellos. Y además de las campanas, comulgo, y a veces llevo el pan y el vino. Ah, y fui a un viaje al Santuario del Cobre (en Santiago de Cuba) y subimos, gracias a Dios, por la Loma del Cimarrón pa’ arriba, que son unos cuantos escalones”.
-¡Qué experiencia más bonita!, yo no he ido al Cobre…
Yo sí fui.
-¿Y cómo estás ahora?
Contento, con mi papá, mi mamá, mi hermana. La iglesia me llena de felicidad, más que Cristo está en nuestros corazones.
-¿Quieres decir otra cosa?
No, nada más.
-Entonces el domingo a tocar la campana…
Sí.
-Vamos a ver si se escucha en Cienfuegos…
Está bien.
El reto lo anima, mientras regresa adonde sus compañeros del Grupo Estrella remontan las horas entre juegos. La espera de cada domingo lo encumbra a la altura de la torre parroquial, donde la campana, en reposo, aguarda por su cómplice, confiada en que Yoany deshaga el silencio.
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Gracias Roberto, ha sido una excelente entrevista, Gracias a todos los voluntarios del Programa Aprendiendo a crecer, que hacen posible tanto AMOR