Yanotsi, Esteban y Yazmín: una historia de crecimiento personal

Yaqueline de la Rosa Hermida

Guantánamo-Baracoa, 20 de julio de 2022— Una historia de aprendizajes, crecimiento personal y revelaciones de cuánto Dios ama a sus hijos escriben Yanotsi, Esteban y Yazmín, quienes experimentan que la imposibilidad de percibir con los ojos no obstaculiza descubrir las maravillas del mundo y la vida, mediante los oídos, el tacto y corazón.

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Eulices Yanotsi Sánchez Gainza es un joven invidente de 19 años de edad que desde hace un lustro integra el grupo musical Las Maravillas de Dios, perteneciente al taller de igual nombre del Programa Aprendiendo a crecer, en la Diócesis Guantánamo Baracoa.

La pasión por la música le nace desde los 4 años, cuando se sentaba al piano de la sede de la ANCI (Asociación Nacional de Ciegos y Débiles Visuales), y desde esa edad participa con sus canciones en encuentros públicos. “Quise estudiar en la Escuela de Arte de Guantánamo, pero allí le dijeron a mi mamá que no tenían metodología para enseñar a un niño con mi discapacidad. No pude entrar a ese centro. Por eso digo que Esteban es quien descubre mi don para la música y se empeña por desarrollarlo”, expresa este joven y comenta:

“Conocí al profesor Esteban Sánchez Marzán en una actividad y me propone ser su alumno porque supo de mi interés por la guitarra. En aquel momento no seguí su consejo, pero dos años después acepté. Entonces, en una clase, me habla del taller de Aprendiendo a crecer, sentí mucha curiosidad y llego al programa en noviembre del 2016”.

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“En el primer momento, el profesor me dice que interpretaría el güiro en el grupo y yo me digo: ¿cómo toco esto?, pues nunca había tenido en mis manos ese instrumento, pero lo conseguí bastante rápido”.

“Resulta impresionante la capacidad auditiva de Yanotsi”, continúa la conversación Esteban. “Tiene un oído privilegiado para la música, además de su buena concentración, lo que aprovecho. Después de poco tiempo de entrenamiento, se desempeña bien con el güiro y determina los acordes mayores y menores de la guitarra, además de ganar habilidades para coordinar las manos y manipular ese instrumento”.

Yanotsi confiesa que la técnica del arpegio le resultaba difícil, porque tocaba la melodía con los dedos estirados y debía hacerlo con los dedos semidoblados. A partir de ese conocimiento, Esteban concibe un método novedoso. “Ponía su mano en la guitarra e indicaba la posición en que debía poner cada dedo, yo le tocaba la mano”, explica. “Para aprender los acordes él me decía: primer dedo, segunda cuerda”.

Y es que para Esteban, trabajar con Yanotsi y el resto de los beneficiarios del taller le implica la superación, constituye una motivación constante. “Mostré en un evento de Casas de Cultura la experiencia del método propio para enseñar a tocar guitarra y obtuve mención. No obstante, lo más significativo es demostrar cuánto se puede lograr con personas que presentan alguna discapacidad y eso se lo debo a Cáritas. Mi mayor satisfacción es, a partir del taller, brindarles la oportunidad de cultivar sus dones y propiciar su desarrollo, un espacio en el cual todos son importantes y valiosos”.

En este grupo musical, el único de Cáritas en la Diócesis de Guantánamo Baracoa, Yanotsi aprende también canciones nuevas, perfecciona sus habilidades para el canto, incursiona en la composición y conoce de la música cubana.

“Por eso puedo decir que Cáritas significa para mí una fructífera experiencia, hoy ya no necesito acompañante para cantar. Ese es otro logro importante. También me siento protagonista cuando estamos en el escenario —sonríe y su rostro denota emoción. Me imagino cómo sería estar en una gran orquesta y escuchar los aplausos del público. Esa sensación de complacencia la he experimentado gracias a mi grupo Las Maravillas de Dios. Mis familiares están impresionados por todo lo que he aprendido y también agradecen”.

Para este joven alegre, desinhibido y de elevada autoestima, no hay metas imposibles. Por eso se enfrenta a la prueba para alcanzar la categoría de trovador en el movimiento de artistas aficionados a nivel municipal y lo logra.

Ante ese sueño hecho realidad, su profesor se siente orgulloso doblemente como instructor y animador del taller. Asegura que si Yanotsi continúa la incursión en la música, puede convertirse en un profesional de la manifestación, pues canta, toca y compone.

Sin embargo, las inquietudes intelectuales de este beneficiario de Aprendiendo a crecer no terminan ahí, sino que aspira a graduarse como psicólogo para ayudar a los demás, un valor que también aprende del taller. Él espera con ilusión su ingreso a la Universidad de Oriente en marzo próximo, otro desafío en su vida, “porque estar lejos de casa me impulsará a ganar en independencia en cuanto a la movilidad para valerme por sí solo. Ahora quiero crecer en ese sentido”.

Yanotsi confiesa que conocer de música le ayuda también a relacionarse con muchas personas y, sobre todo, muchachos de su edad. “Esa sociabilización también se la debo, en gran medida, al taller, mediante el cual aprendemos a respetar al otro, a escuchar, compartir. Podemos tener diferencias en algún momento pero, con la guía de los animadores, llegamos al consenso. También nos ayudamos. Yo, por ejemplo, aun no salgo solo y muchas veces es Moqui, uno de los compañeros del grupo, quien me lleva al taller y luego acompaña a casa.  Hoy puedo decir que somos una familia”.

“Con esas aspiraciones soñamos cada encuentro, expresa Yazmín Sánchez, la otra animadora del taller, porque no solo queremos lograr la autonomía y desarrollo de nuestros beneficiarios para que sean útiles a sí mismos, sino también a los demás.  Vamos consiguiendo ese propósito poco a poco, con mucho esfuerzo y paciencia, pero también nos empeñamos por propiciar un espacio para ofrecerles afecto, apoyo, acompañamiento, no solo a ellos sino a sus familias, como aspira el programa Aprendiendo a crecer”.

Yazmín responde a ese llamado de Cáritas de no cerrar los ojos ni el corazón ante realidades aun latentes como los estigmas de la ignorancia, exclusión y abandono que, en no pocos casos, sufren las personas con alguna discapacidad. “Como voluntarios de nuestra institución, calificada por el Papa Francisco como la caricia de la iglesia a su pueblo, deseamos el cambio de ese escenario. Queremos contribuir a esa transformación social como portadores de esperanza de una vida a plenitud y con mayor bienestar para esos seres humanos que tanto lo necesitan”. 

Yanotsi sabe de esos entornos que limitan y hacen vulnerables a las personas como él. Está consciente de que algunos obstáculos comienzan desde el seno del hogar. “Por eso, al reflexionar y reconocer mis logros en cuanto a crecimiento personal, pienso en padres de hijos como yo que se preguntan con pesimismo: ¿qué puede alcanzar mi niño siendo ciego, sordo, si no camina o tiene una discapacidad intelectual?, ¿qué utilidad puede tener en la sociedad? Entonces, a quienes se manifiestan así, les invito a acercarse al programa Aprendiendo a crecer, en el cual esas personas y sus familiares se sienten aceptados y queridos, con capacidades diferentes a desarrollar”.

Sobran las razones a Yanotsi para declararse un joven bendecido porque el Señor le concede inteligencia, dotes musicales, prosperidad y esta hermosa oportunidad que le ofrece el grupo Las Maravillas de Dios. Sentirse amado por el Padre es otra revelación que experimenta con Cáritas.

Yazmín y Esteban también sienten mucha gratitud porque esta labor les proporciona motivaciones y armonía, “nos aporta mucho a nuestra espiritualidad personal y como matrimonio”, confiesa conmovida la animadora. “Ellos nos llenan también de su elevada autoestima, de esa seguridad de sentirse protagonistas, realizados y felices. Eso nos reconforta, fortalece y nos conlleva a crecer también, sobre todo como cristianos, otra de las huellas que el taller deja en nuestras vidas”.

Ante esta historia de amor, sueños y esperanzas, de inclusión, respeto y servicio desinteresado inspirada por Cáritas, el alma vibra agradecida al buen Dios por amar a todos sus hijos y regalar talentos asombrosos.

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