Voces de gratitud en las comunidades rurales

Por: Katiuska Fournier de la Cruz, comunicadora al servicio de Cáritas Cuba

Fotos: Sor Beata Kruszewska

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Comunidad de La Sombrilla, diócesis de Guantánamo-Baracoa

Un singular triciclo recorre kilómetros citadinos hasta llegar a comunidades rurales de la diócesis de Guantánamo-Baracoa con una misión: entregar el donativo que, generosamente se envió de Estados Unidos a los cubanos que fueron víctimas del huracán Melissa, y cuya realidad acrecienta sus vulnerabilidades.

Sacerdote, religiosa, voluntarios de la parroquia San José Obrero y el equipo diocesano de Cáritas consumaron en tiempo récord este servicio y hoy recogen los frutos del bien repartido mediante gestos y palabras de las familias beneficiarias de esa donación.

En Maqueicito y La Sombrilla estas personas se reunieron junto a los laicos para compartir su satisfacción y gratitud hacia todos los que donaron y participaron del ejercicio humanitario. La hermana Beata narra la dicha de tantos rostros tras ser mirados, escuchados, apoyados en un momento de especial fragilidad.

“Todo cuanto dieron estuvo bueno”-coincidieron en expresar.

La sorpresa mayor fue escuchar cómo al recibir aquella caja llena de alimentos lo primero que hicieron fue compartir con quienes no habían podido recibirlo, enseñando de forma natural aquella invitación del Padre de dar gratis lo que gratis se recibe.

Eso fue muy bonito, afirma la hermana, quien agrega cómo decoraron el patio para la “cita” con el equipo: “Ambientaron el sitio hermosamente cual si fuera fiesta y colocaron los cuadros de los patronos, cubrieron el altar, pusieron cortinas, trajeron sus mejores sillas, ofrecieron lo mejor de cuanto poseen.”

El mayor gozo lo mostraban las familias que no acuden a la parroquia y fueron beneficiarios: “Fuimos elegidos para recibir la donación, eso nos conmovió y lo agradecemos infinitamente.”

 A la pregunta de ¿qué hicieron en esos días libres del estrés de buscar alimento? contestaron de forma variada:

-Se requiere mucho gasto de tiempo en busca del alimento de cada día así que por algún período pudieron salir a limpiar sus patios, preparar las tierras para sembrar, descansar.-

Entre las expresiones llamativas destacó el hecho de cómo ahorran cada alimento planificando su uso para que dure más tiempo, así como la confesión de una señora de la comunidad eclesial que, pese a no recibir el donativo pues no es de las familias damnificadas con mayores vulnerabilidades, se alegró muchísimo por todos los que sí pudieron recibirlo y aliviar sus necesidades.

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Comunidad de Maqueicito, diócesis de Guantánamo-Baracoa

Dos jóvenes voluntarios, José Carlos y Yeanne, describen la experiencia de participar en esta entrega humanitaria:

Yeanne: Si me pidieran que expresara con una sola palabra como me sentí sería “útil”. Esta misión me permitió llevar alivio, esperanza a los hogares, tocar la necesidad de otros, conocer más de mi Guantánamo. Ese día llovió y pensé que no podríamos pero ni la lluvia pudo detener nuestras ganar de hacer, de llegar, de conocer, de servir. ¡Qué satisfacción poner mi tiempo al servicio de otros porque “el que no vive para servir no sirve para vivir”!

José Carlos: “Para mí poder llevar esta ayuda a cada beneficiario me da mucha paz y me hace sentir útil porque no solo llegamos con lo material sino que también escuchamos y acompañamos en un momento de mayor vulnerabilidad. Llegar a cada familia es devolverle un poco de alegría y tranquilidad en medio de tanta crisis, sabemos que no le quitamos los problemas que tienen pero le damos un alivio. Muchos viven en pésimas condiciones, las construcciones son “casi casas”. Para mí servir a los demás implica ser solidario y entender profundamente el sufrimiento ajeno ya que uno mismo ha pasado por experiencias similares con el paso de huracanes por la zona donde vivo.

Matices comunitarios

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Comunidad de Maquey reunida tras entrega del donativo

La mayoría de las viviendas de esas comunidades se construyen con madera y techos ligeros, algunas ni siquiera pueden contar con pisos cementados por lo costosos que resultan esos recursos constructivos.

Tras el siniestro de octubre pasado, el equipo diocesano de Cáritas junto al voluntariado parroquial y sus líderes religiosos recorrieron esas comunidades para identificar cuáles familias sufrían en mayor grado. Ancianos, personas enfermas cuya movilidad es limitada o nula, personas en situación de discapacidad y madres con varios niños pequeños son los que más angustias sufren en un contexto plagado de carencias.

Allí, en medio del difícil panorama, Dios se hizo presente, puso su corazón y alegría…y lo seguirá haciendo.   

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Katiuska Fournier de la Cruz
Katiuska Fournier de la Cruz

Comunicadora al servicio de Cáritas Cuba

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