Vivir para coser, y viceversa

Roberto Alfonso Lara

Cienfuegos, enero de 2022— A Elsa Cruz González, de 70 años, solo puede conocérsele a través de la costura. Ese es el espejo de su vida: telas, hilos, agujas, tijeras y máquinas de coser.

Comenzó desde los siete años, muy pequeña, cosiendo muñecos y cosas para niños, y no ha dejado de hacerlo desde entonces. Ahora, cuando la vejez borda con hebras grises su cabello, se aferra todavía más al oficio, en el taller de costura que el Programa de Personas Mayores (PPM), en Cáritas Cienfuegos, tiene en el municipio de Lajas.

“Una vez —contó— hablaron conmigo para trabajar en otro que era estatal, pero con horarios fijos, y así no podía asumirlo, pues ya por esa fecha atendía a mi mamá, quien siempre estaba enferma. Debí cuidarla por más de 20 años hasta que recién falleció.

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“Generalmente cosía particular, en la casa, por encargos, y fue por medio de Lourdes, una amiga de la Iglesia (de la Parroquia San Antonio de Padua), que supe del taller de Cáritas. Y le dije: ‘mira, voy, corto allá, y me llevo las piezas para no dejar a mami sola’. Han pasado alrededor de dos años y siento que a las personas les gusta lo que hago”, agregó.

Para Elsa representó también la posibilidad de sobrellevar sus necesidades económicas y afectivas. “Es el único dinero que recibo, el que gano trabajando”, dijo. “No tengo ‘retiro’ porque nunca trabajé en la calle, y mi esposo está jubilado por comisión médica y lo que cobra apenas nos alcanza. En el taller confecciono blusas, camisas, monos, y me pagan algo por eso.

“Durante los dos primeros años de la pandemia de Covid-19, con mami encamada, casi no pude coser. Lo único que hice fueron unos nasobucos para la Parroquia, con ropa que nos dio el Padre Marcelo. Aun así, compartir este tipo de espacio, participar en otros encuentros del PPM, ha sido muy bueno y edificante”, apuntó.

Elsa es, como muchas, una costurera autodidacta. No estudió corte ni costura; aprendió pinchándose el dedo, sin lamentos, porque coser fue desde niña su pasión. Por eso dice que lleva casi 60 años cosiendo, que el primer pantalón de hombre lo hizo con un saco de harina, allá por la década del setenta; y cuenta, incluso, que cosió y arregló ropa para gente muy importante de Cienfuegos. Estos recuerdos vienen y van, mientras en la noche ella vuelve a la máquina para seguir hilando su existencia.

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