Verano de abrazos y fe
Fotos: Diocesanas
Por: Lianet Fundora Armas

“La Escuelita de Verano Rayo de Sol y Oración fue mi taller de milagros cotidianos. Cada sonrisa, abrazo y momento compartido con los niños y adolescentes me recordó el verdadero sentido del servicio”, así resume Nancy Patricia Amador Herrera los días en que el equipo del programa Grupos de Desarrollo Humano (GDH) resplandeció en la comunidad de la Parroquia San José, en Colón.
Las actividades concebidas para estas jornadas pusieron de manifiesto el sentido del lema Crecer, rezar y jugar.
Para la catequista María Caridad Piedra Pérez, la combinación de espiritualidad y diversión fue lo más distintivo: “Aprendimos a orar jugando, dejamos volar la imaginación disfrazándonos y plasmamos nuestra creatividad en un collage grupal”.
Los adolescentes Wendy Hernández Alonso y Christopher Abreu García coinciden en que fue una oportunidad para encontrarse con Dios y con los hermanos.
“Descubrimos que la oración no tiene que ser silenciosa o seria. Al jugar hallamos una forma fresca y personal de conectar con nuestra fe. No olvidaré la confección de un gran collage donde cada color representó un pedacito de lo que somos. También recorrer lugares como el centro de exploradores y el parque nos permitió redescubrir nuestro pueblo, nuestra casa común. Fue un verano que guardaré como uno de los capítulos más luminosos de mi vida”, confiesa Wendy.
Christopher añade que la escuelita mostró cómo la vida cristiana está llena de gozo y movimiento: “También hubo momentos de calma; aprendimos a escuchar la voz de Dios y a poner en sus manos nuestras alegrías y preocupaciones”.
La Escuelita de Verano cerró sus puertas, pero la misión de la gran familia de GDH se cumplió: regalar rayos de sol a las nuevas generaciones, esas en cuyos sueños habita el porvenir de esta tierra.












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