Un ángel llega al cielo…

Sheylah Rosa Gallardo Milián

Matanzas, 23 de junio de 2021—Recién recibo la noticia de la partida a la morada del Señor de nuestra hermana Clara Miñoso Perovani. Para Cáritas Matanzas, Clarita es el sueño por alcanzar. Animadora del grupo “Vida Ascendente”, junto a su Equipo Parroquial supo llevar adelante la misión y evangelización a través de la acción.

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Desde nuestro primer acompañamiento juntas, me llevó por los lugares más complicados de su pueblo, donde al tener una línea del tren que dividía el poblado a la mitad, los ancianos ya no podían asistir como antes a la celebración de la Eucaristía ni a las actividades de Cáritas. Lo caminamos juntas para que lo pudiera entender y así fue.

En esos tiempos, el P. Esney, desde su infinita bondad, recogía a los ancianos del área para llevarlos a misa. Clarita se había encargado de reclamar el derecho de Daniel, la esposa y otras personas de esa zona a asistir a las actividades.

Clarita enseñó a muchos a cómo ordenar los servicios de lavado, pues ella era una de las que llevaba el servicio de lavatín cada martes. Muchos recuerdan su frase “…y si no hay detergente, no paro hasta que le toque en la puerta de su casa a Jorge Luis, que cuando él me vea, me da el detergente…”, refiriéndose al director de Cáritas Matanzas.

En cada equipo de trabajo para la elaboración de almuerzos, elevaba los niveles de calidad, pues el sabor incomparable de su menú hacía que el resto de las señoras voluntarias se esmeraran cada vez más.

Clarita siempre me dejó una enseñanza. Cuando Hildelisa, desde un paseo del grupo en Monserrate, miraba al vacío; ella me supo explicar desde su sencillez lo importante de los espacios de participación de las personas mayores, de sus necesidades de verse reflejadas en la sociedad, de cómo vestían sus mejores galas, de cómo disfrutaban la sección “Qué traigo aquí”, de cómo era necesario llevarlos a museos, a intercambios con otros grupos, cómo no dejar atrás a las personas mayores del Central España, El Roque y Tinguaro, cómo luchar para que sus viejos también tomaran refresco de latica o tuvieran su botella de aceite.

Testimonio fiel del servicio en todo momento, supo animar para que en su comunidad de San Miguel Arcángel funcionaran todos los programas de Cáritas, atendiendo a los más vulnerables y dejando a cada equipo de trabajo realizar sus funciones como un verdadero líder. Clarita siempre “Alegraba nuestras mañanas” con su canto; fomentaba el autocuidado con sus ancianos al explicarles que si se vestían, controlaban sus medicamentos, salían  y comían solos, pues según la Organización Mundial de la Salud, ya eran saludables. Inolvidables sus 14 vueltas a la pista del Stadium del pueblo. 

Recuerdo cuando, ya siendo miembro del Consejo de Personas Mayores, fue a la rendición de cuentas de su comunidad, porque las croquetas que vendían en el pueblo estaban muy malas y las personas mayores se lo decían. Ella presentó su queja a Gastronomía, y para no hacer el cuento largo, el que estaba al frente de la producción de croquetas era su propio hijo, Bernardito.  Hasta él llegó el reclamo oficial.

La sonrisa franca de hermana mayor, la mirada, diré interrogante, cuando no estaba de acuerdo conmigo, pero que siempre me supo convencer… siempre agradecida a Cáritas. Así la recuerdo.

Tengo su último vídeo del acompañamiento que hicimos en el mes de marzo. Cáritas fue para ella su escuela, su fortaleza, su realización personal. Su familia siempre supo cuánto entregó al prójimo. Tremenda escuela Clary, espero que sigas iluminando nuestro quehacer desde el cielo….

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