Talleres de costura reaniman sus producciones en Matanzas

Sheylah Gallardo Milián

Matanzas, 20 de enero de 2022— Nuevas pintas, diría la juventud. La calidad del tejido y la necesidad imperante en el país fueron primordiales para la aceptación de nuevos retos en los talleres de costura de esta Diócesis.

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Cuando, Dios mediante, desde la Oficina Nacional se logró ejecutar la adquisición de medios para las actividades productivas, o sea, la compra de telas, hilos y otros insumos para los talleres que funcionan en la modalidad de emprendimiento; fue un motivo de júbilo para las participantes, pues aunque quedaban algunas telas de inicio del año 2021, siempre que llega un tejido diferente atrae la curiosidad y comienzan los encargos.

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La costumbre en los modos de gestión de estos talleres era realizar las compras una vez por trimestre, y siempre se iban renovando los insumos. Sin embargo, los cambios de moneda, la dificultad para adquirir los productos, la ausencia de ofertas y la inseguridad, imperaban en los equipos de trabajo durante el 2021, año de tantas dificultades. De ahí aprendimos que para el éxito de cualquier emprendimiento, es imprescindible conocer sobre Gestión de Riesgos.

Desde inicios de octubre se distribuyeron los tejidos, y en el mes de noviembre ya se iban haciendo realidad los resultados gracias a los nuevos métodos de trabajo como la distribución central, las llamadas y fotos por WhatsApp.

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En los últimos meses del año, mucho exhibían ya nuevas piezas confeccionadas desde “Thalita Cum”, taller de la comunidad Nuestra Señora de la Altagracia de Jagüey Grande; o “Marie Poussepin”, de San Miguel Arcángel en Perico. El taller “Nueva Creación”, de San Antonio de Cabezas, aboga por la calidad de su marca y los más nuevos de Santa Catalina Mártir, en Pedro Betancourt, y San Juan Bautista, en Pueblo Nuevo, van avanzando con su creatividad, con solicitudes de personas mayores interesadas a incorporarse en uno de ellos.

Más allá de ser señoras de un taller que cosen, hay un rol fundamental en estos tiempos para estos emprendimientos: el aporte social a los servicios de alimentación que benefician en sus comunidades a los más vulnerables. Una vez devuelto el importe de las telas utilizadas, un 30 por ciento de las ganancias generadas desde estos talleres es destinado a los servicios de Cáritas. Otro diez por ciento se destina a amortizar los gastos de transporte para la compra y distribución de las telas; y un veinte por ciento a los servicios de la Cáritas Parroquial.

Aún queda camino por recorrer, pero siempre nos sorprende el bienestar que genera en cada una de ellas la satisfacción con cada pieza terminada, con el complacer al cliente, con soñar tener espejo y probador para poder entallar, con estar al tanto de la moda, aprender a combinar y ahorrar tejido. Denota la humildad, al bajar la mirada cuando entregan los fondos a los responsables parroquiales de Cáritas siempre acompañadas de una sonrisa.

Sueños también de rescatar un oficio que cada día que pasa se va perdiendo, y es tan necesario, sobre todo en tiempos y lugares donde en la realidad escasean o tienen excesivos precios las confecciones agradables y cómodas.

Nuevas pintas y nuevos retos, así continuan los 5 talleres de Matanzas en esta modalidad, donde tenemos la esperanza de que nuevas comunidades se sumen a  querer aprender a emprender con éxito.

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Sheylah Rosa Gallardo Milián
Sheylah Rosa Gallardo Milián
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