Sor Yadanne y la siembra luminosa en los más jóvenes
Fotos: Lourdes Abuin Landín
Por Lianet Fundora Armas

La huella de Sor Yadanne en la vicaría de San Carlos Borromeo, en Matanzas, pudiera describirse como esa alegría que experimenta el sembrador al ver germinar su semilla.
El alma de esta Hija de la Caridad resulta una tierra fértil donde Dios ha depositado dones preciados. Si alguien deseara conocer su testimonio de amor, bastaría mostrarles las huellas que ha dejado en las vidas de niños, adolescentes, matrimonios; y especialmente en los talleres de guitarra, teatro, danza, manualidades e inglés, impartidos en la parroquia San Juan Bautista, ubicada en Pueblo Nuevo.


Su cercanía con Cáritas Matanzas y el programa Grupos de Desarrollo Humano ha cambiado la existencia de muchas familias que hoy contemplan con orgullo cómo sus hijos crecen espiritualmente a través del arte, los valores humanos y la cercanía con el Señor y su palabra.


Por eso, este último jueves durante el acompañamiento a los talleres de Pueblo Nuevo, el equipo diocesano de Cáritas y los estudiantes prepararon de modo especial la despedida de esta mujer de fe, llamada ahora a servir en otras comunidades de nuestra Isla.


Sorprendida Sor Yadanne disfrutó de un video que ilustró momentos compartidos: festivales de Navidad, presentaciones en el Teatro Sauto… Después, una representación de alumnos de cada modalidad se acercó para ofrecerle un regalo: frases en inglés, dibujos, escenificaciones, bailes y la interpretación de un tema musical enseñado por ella.


A ello se sumó la postal con la dedicatoria y firma de todos los profesores y un poema que retrató en cada verso la esencia de esta hermana.


“He disfrutado mucho compartir este camino con ustedes. Gracias a cada uno por la fidelidad en el esfuerzo de formar y acompañar a los muchachos”. Mediante estas palabras de gratitud abrazó a quienes ha guiado con cariño maternal, mientras les enseñaba que ningún sueño es imposible si Dios nos impulsa.


Extrañaremos mucho a Sor Yadanne, pero nos queda la gracia de ver sus frutos multiplicados y la certeza de que otras tierras florecerán también al calor de su vocación y carisma.
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