Sonrisas crecientes, un taller de manualidades en Whatsapp
Texto y fotos: Sheyla Gallardo Milián
Matanzas, agosto de 2020— En una calurosa tarde de inicios del mes de julio, nos acercamos a visitar al grupo “Sonrisas Crecientes”, recién creado por y para mujeres, adolescentes y niños, junto a Cáritas Matanzas. En otras ocasiones esperaban nuestra visita, pero el factor sorpresa ayudó en la espontaneidad del encuentro. La conversación estuvo enriquecida por la presencia de cuatro niños pertenecientes al taller.
Como no podemos reunirnos en este período de desescalada después de la pandemia del nuevo coronavirus, surge la idea de trabajar con niños y jóvenes a través de las nuevas tecnologías. “Sonrisas Crecientes” es el nombre del grupo de WhatsApp donde las profesoras Yoanca López Rodríguez y Claudia María Sánchez ofrecen tutoriales sobre manualidades diversas, convocando a los integrantes del proyecto intergeneracional entre Grupos de Desarrollo Humano y Programa de Personas Mayores de la Cáritas Diocesana, hacia un nuevo camino de aprendizaje de estas técnicas en la etapa posterior a la COVID-19.

Actualmente, el grupo está integrado por doce niños, doce adolescentes, siete jóvenes y 10 adultos; y se mantiene abierto a la incorporación de nuevos miembros, pues la invitación es extensiva a animadoras de Cáritas de otras comunidades de la Diócesis.
Cuando escuchas hablar a Yoanca, descubres el amor a su profesión de pedagoga. En sus palabras, le gusta “enseñar sin excluir y trabajar a favor de cualquier tipo de persona, siempre que demuestren interés en aprender y crear”. En su labor, nos comenta, busca siempre unir lo técnico a la educación en principios y valores, y se empeña en ser capaz de transmitir sus saberes, poniendo al servicio del prójimo los dones que Dios le ha dado. “Es el camino donde encuentro la verdadera trascendencia; mi mayor satisfacción es ver el fruto de lo entregado”, resume.

Yoanca comienza en Cáritas como alumna del taller de manualidades del Programa de Personas Mayores y desde ese momento se convirtió en colaboradora del Equipo Diocesano de Formación, en la organización de varios eventos durante el año 2019. “En un momento de mi vida, Cáritas me dio la oportunidad de crecer, me enseñó a andar y ahora me toca a mí continuar este camino enseñando a otros”.
Ante la pregunta de ¿algún complemento?, responde: “mi familia. A mi esposo y a mi hija les gusta mi mundo y son parte de él, así nos apoyamos unos a otros”.
Alrededor de nuestro breve diálogo, ya los niños están listos para comenzar su trabajo y nos llama la atención ver al más pequeño de todos enfrascado en su tarea. Michel Monet Betancourt, de diez años de edad, nos cuenta que “cuando vi que en el grupo había muchachos más grandes, pensé que iba a ser el último, porque los grandes tienen más experiencia; pero ahora veo que cada día voy aprendiendo nuevas cosas y ya he podido hacer otros proyectos yo solo en casa y se los he regalado a mis abuelos”.
Helen Rodríguez Morejón, también de 10 años, y Rafael González Márquez, de once, tienen ya listos sus materiales. Para ellos es un disfrute poder trabajar y aprender sobre el foami y otros materiales, a su vez que opinan que sus maestras “son muy creativas, cariñosas, enseñan proyectos bonitos y diferentes que nunca habíamos hecho. Además, nos explican cómo usar varios materiales y sobre todo, cómo reciclar”.
La otra cara que atiende este grupo viene desde Camagüey. Claudia, de 24 años, desde pequeña siempre quiso hacer la ropa de sus muñecas y crear. “A pesar de los intentos de mi familia, nunca encontraron quien me enseñara costura de manera formal; pero esto no me detuvo y con el paso del tiempo, al llegar a grados superiores, me di cuenta de que lo que me gustaba era trabajar la artesanía con cualquier material. Por eso me acercaba siempre a alguien que me pudiera instruir con estas materias y luego está que me encanta trabajar con niños”.
“Doy gracias a Cáritas por haberme incluido en el taller de manualidades del Programa de Personas Mayores, junto a otras generaciones. Allí he podido abrir mi corazón y expresar mis sentimientos al formar un equipo de trabajo, más bien una familia, y he vivido la oportunidad de trabajar y poder hacer lo que toda mi vida soñé.
“Un día se me ocurrió la idea de abrir las puertas de mi casa. Los niños estaban ansiosos, el interés de ellos fluye y a su vez el mío también. En casa atendemos a dos o tres, pero se me han reunido hasta siete, lo que se me hace más difícil. Por eso decidimos hacer equipos rotativos y según las edades escogemos el proyecto a realizar. Ahora por este grupo de Whatsapp podemos mostrar que siguen aprendiendo, formándose, y ellos exponen sus trabajos”.
“Es un placer para mí compartir por el grupo, escuchar opiniones, sugerencias, enseñar y a la vez aprender de cada uno de sus miembros. Mi mamá me aconseja y estamos abiertos a lo que aporte cada persona que nos quiera ayudar; tengo una artesana amiga que me ha ofrecido recortería y algunos materiales para trabajar y hay personas mayores que se han querido integrar y las vamos agregando y otras amistades que tienen niños y ya quieren incorporarlos al taller”.
“Doy gracias porque es lindo enseñar y que cada día sean mejores los trabajos. Me siento muy feliz de poder estar ayudando a estos niños en el presente, para que su futuro sea un árbol creciente y lleno de sabiduría, es mi deber como una de sus profesoras ayudarlos y darles todo tipo de apoyo, los quiero y somos más cercanos cada día”.
Desde la coordinación del PPM en Matanzas, estamos muy agradecidos, pues solo unidos y cuidando a los demás superaremos los desafíos. Vale cada granito de arena en busca de que en el futuro estos niños y jóvenes aprendan a pensar y a hacer lo que sientan, hagan y sientan lo que piensan y piensen y sientan lo que hagan, modo de formar seres humanos integrales.
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