«Vivo contenta de realizar este servicio y lo hago con alegría, porque llevo esperanza y buenas nuevas a enfermos que alguna vez asistieron a misa y formaron parte de nuestra comunidad» Expresa Fefita, voluntaria del Programa de Personas Mayores (PPM), de Cáritas Cienfuegos.

Ser «pan de vida» para los enfermos: la paz de Fefita

Texto: Roberto Alfonso Lara

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María Josefa Surí González (Fefita), visitadora de enfermos de la Parroquia de Montserrat, en la ciudad de Cienfuegos, y voluntaria del Programa de Personas Mayores. / Foto: Roberto Alfonso Lara

Desde hace casi una década, María Josefa Surí González respondió afirmativamente a un llamado especial de Dios: visitar enfermos; ser para ellos «pan de vida». Todavía no había cruzado la franja hacia la adultez mayor cuando el párroco de la Iglesia de Montserrat, en la ciudad de Cienfuegos, le pidió integrar la Pastoral de Salud. Hoy, con 68 años, continúa inmersa en esta misión, de la cual, confiesa, terminó enamorándose.

«Vivo contenta de realizar este servicio y lo hago con alegría, porque llevo esperanza y buenas nuevas a enfermos que alguna vez asistieron a misa y formaron parte de nuestra comunidad», expresó Fefita, así conocida por la mayoría de sus cercanos y dentro del Programa de Personas Mayores (PPM), de Cáritas Cienfuegos, donde trasciende el voluntariado que practica.

¿Cómo surgieron los vínculos entre la Pastoral de Salud y la Cáritas diocesana?

«Casi desde los inicios, pues fue en Cáritas Cienfuegos donde recibimos nuestra primera formación. Al principio no sabíamos cómo hacer el trabajo y en dicha institución nos dieron talleres, herramientas, y siempre que organizan espacios de capacitación somos invitados. Además, existe una relación estrecha con el PPM, ya que muchas de las personas que visitamos son ancianos».

Según los registros de Fefita, los cuales lleva con extrema precisión, actualmente la Pastoral de Salud de Montserrat atiende a 75 personas enfermas, de ellas, 18 encamados y 11 ancianos solos. De ahí que el apoyo de Cáritas Cienfuegos sea fundamental, no solo desde el punto de vista formativo y espiritual, sino en la adquisición de recursos muy necesarios.

«Nosotros tenemos bien identificados a los más vulnerables y en cada uno de los momentos requeridos consta la ayuda con sábanas, toallas, alimentos… Por ejemplo, los pañales desechables para adultos llegan por esta vía, lo cual nos permite asistir a 21 mayores de nuestra comunidad que lo necesitan sobremanera, junto a entregas puntuales de artículos de higiene y aseo. Eso ahora mismo resuelve un gran problema», dijo Surí González.

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Fefita junto a sus hermanos de la Pastoral de Salud en la Parroquia de Montserrat. / Foto: cortesía de la entrevistada
Los visitadores de enfermos no viven ajenos a la realidad en crisis de nuestro país: apagones, inflación, carencia de alimentos… ¿Cómo consigue despojarse de tales preocupaciones y dificultades cotidianas para evitar transmitir un espíritu desesperanzador?

«El tema es muy fuerte para nosotros. Debemos prepararnos, orar, e ir con deseo, voluntad y disponibilidad. No podemos cargar al enfermo con nuestras situaciones; de ese modo resulta imposible compartir un mensaje de alegría y esperanza. Así no somos pan de vida. Si no logramos poner en orden las condiciones en nuestros hogares, las limitaciones que nos afectan, prefiero aplazar la visita. Como portadores del mensaje de Jesús, nos toca proporcionar ánimo y aliento al necesitado».

A veces, en el transcurso de una visita, ocurre que el enfermo se deprime o llora. ¿De qué manera contenerse ante un episodio de este tipo? ¿Cómo manejarlo?

«Hay que revestirse del poder de Dios y de la oración; pedirle que nos dé fortaleza. Las realidades de todos los enfermos no son iguales. De ellos, nosotros tenemos 11 que viven solos y en ocasiones debemos ponernos en sus zapatos: sentir empatía por la persona a la que vamos a ver, su familia y cuidador. Por eso, la preparación nuestra desde el plano psicológico y cristiano es importante. Y aun así, nos saltan las lágrimas cuando chocamos con escaseces y limitaciones tan pronunciadas. Lo otro es saber escuchar. A lo mejor vas preparado para cierta situación y hallas una distinta; entonces, puedes compartir un mensaje más cercano a lo que está viviendo el doliente».

De acuerdo con Fefita, el acompañamiento de Cáritas Cienfuegos en algunas de las visitas efectuadas deviene experiencia de mutuo aprendizaje. Incluso, afirmó, «nos ha permitido llegar a lugares un poco distantes de la Parroquia». A esto, añade la integración de los jóvenes, así como de los distintos grupos de la comunidad: «una participación que les recuerda a nuestros enfermos que no los olvidamos», dijo.

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Desde hace diez años, Fefita ejerce como visitadora de enfermos. / Foto: cortesía de la entrevistada
Luego de casi diez años como visitadora de enfermos, ¿qué ha significado este voluntariado en su vida?

«Una escuela y vivencia que comparto con paz», aseguró Fefita sin pensarlo siquiera, mientras vuelve a las interioridades del servicio que la ocupa desde hace una década, junto a sus hermanos de la Parroquia de Montserrat.

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