Sagrario: vida y fe
Texto y fotos: Roberto Alfonso Lara

Difícilmente en el municipio de Aguada de Pasajeros, en la Diócesis de Cienfuegos, el nombre de Sagrario Cantalejo Sombrero pase inadvertido. No solo por resultar poco común, sino por las huellas que durante más de un cuarto de siglo ha dejado esta mujer, quien vino desde España para servir en asentamientos rurales de la región centro sur de Cuba.
Perteneciente a la congregación católica femenina de Las Hermanas Carmelitas de la Caridad de Vedruna, Sagrario vive ya sus 80 años y nos habla con la lozanía de cuando llegó a la Isla al borde casi de la adultez mayor. «Llevo aquí 26 años y empecé a trabajar en las misiones que tenían las hermanas de la Pastoral, con grupos de adolescentes y jóvenes; y animaba en las comunidades de Real Campiña y Covadonga. Ellas implementaron en Aguada el programa Aprendiendo a crecer (Aac), de Cáritas Cienfuegos, y tras marcharse todas, hace una década, terminé por asumirlo junto con la voluntaria Ida», sostuvo.
Ahora, acompañada por el matrimonio de Mary Nieves Aguiar Mena y Pavel Pérez Rouco, conduce el taller Grupo Estrella, al cual asisten frecuentemente seis personas en situación de discapacidad física e intelectual. «Luego de la pandemia, la matrícula se redujo bastante, y tenemos otros diez beneficiarios a quienes visitamos en sus casas, dialogamos con las familias, les contamos de nuestras actividades y compartimos con ellos», agregó Sagrario.
¿Cómo fue el primer contacto? ¿Le pareció desafiante ejercer este voluntariado?
«No me costó llevarlo a cabo, pues siempre han sido personas muy agradecidas. Carecen de unas capacidades, y poseen otras. La labor consiste en potenciar el crecimiento de todo lo bueno que ellos tienen, insertarlos dentro de la sociedad y lograr la colaboración de las familias. Así hemos visto los frutos: algunos consiguen ser autónomos y, de manera general, en la comunidad cristiana son bien acogidos y se les quiere».
¿De qué forma el programa Aprendiendo a crecer, de Cáritas Cienfuegos, contribuye a la inclusión de las personas con discapacidad, y especialmente en zonas rurales e intrincadas?
«Ese constituye el objetivo desde el principio, incluir a estas personas, no apartarlas. Para nosotros acá no fue tan complicado. Desde que comenzamos, nos propusimos salir a la calle, ir a comprar a la plaza, a que la gente los conociera. Para las familias devino motivo de una alegría tremenda experimentar la sensación de que a sus hijos no se les dejaba de lado».
¿Y qué cambió con la pandemia?
«Muchos enfermaron, se recuperaban, y volvían otra vez. Además, varios superan los 30 y 40 años y tienen una artrosis como si fueran adultos mayores de 70 de edad; en algunos casos, generalizada. Les duelen los pies, las manos; envejecen más rápido que el resto de las personas».
Usted también permanece vinculada a los Programas de Personas Mayores y Grupos de Desarrollo Humano, este último dirigido a niños y adolescentes en riesgo de exclusión social. ¿Cómo lidiar hoy con situaciones de vulnerabilidad más pronunciadas?
«La fórmula es muy sencilla: desde la cercanía, visitando a los beneficiarios en sus casas, de modo que puedan sentirse acompañados y atendidos. No podemos realizar ya grandes cosas, ni siquiera las fiestas que hacíamos todos los meses con los mayores (en ocasiones, ellos mismos temen juntarse por temor a enfermar), pero nunca los abandonamos, y tampoco a los niños, en ningún momento».
Después de casi tres décadas en Cuba, en un municipio rural, entregada a quienes más lo necesitan, ¿cuánto le ha aportado la interacción con esta realidad cubana?
«Esta realidad tan vulnerable, y estas personas tan vulnerables, aportan mucho, aunque a veces ellas mismas se consideren un estorbo para sus familias. Sin embargo, al conocerlas y hablar con ellas vas descubriendo la humildad y sencillez que irradian. Eso ayuda y alimenta nuestra esperanza y cariño».
Aguada, Cienfuegos, Cuba…
«Algo que jamás olvidaré, entrañable y familiar para mí. Forman parte de mi vida y son escenarios que intento vivirlos desde la fe».
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Al mencionas a la hermana Sagrario, me vienen a la mente tantos recuerdos y enseñanzas de superación, amor propia, a los demás y a Cristo en primer lugar, todo eso y más me inspiro siempre la Hermana Sagrario y la comunidad Vedruna. Dios nos ha premiado a todos los que ella nos ha cambiado la vida con su entrega y devoción. Para mi siempre será parte de mi familia , alguien a quien siempre quiero escuchar. ❤️❤️ ❤️❤️❤️