Saberse útil sirviendo a los demás.
Texto: Yaquelín Reyes Caíñas.
Foto: Cortesía del entrevistado.
Bayamo-Manzanillo, febrero de 2020- Conversar con el hermano Carlos Rafael Bertot Hernández, Pepe —como cariñosamente le dicen quienes le conocen—, es nutrirse y actualizarse sobre el Programa de Personas Mayores (PPM) en la Diócesis, el cual tiene que ver con un grupo importante de personas de más de 60 años que son mayoría etaria en toda Cuba producto del severo envejecimiento poblacional. (Mejor acelerado)
Pepe trabajó por más de 12 años como Coordinador del PPM en la Diócesis del Santísimo Salvador Bayamo-Manzanillo, y decidió retirarse justamente el pasado 31 de octubre de 2019, por presentar algunos problemas de salud.
“Es tiempo de darle oportunidad a otra persona- decía- que sea muy joven, para que con creatividad sueñe con este proyecto, que asume los retos que impone la vejez”. (Cambiar por más)
“La persona que se comprometa con el Programa- puntualizaba- puede contar con mis conocimientos y experiencia, para llevar a feliz término un proyecto que pretende cada vez más elevar la calidad de vida de sus beneficiarios”.
En nuestra entrevista, Pepe contó con voz apasionada sus comienzos humildes en esta obra de Dios, donde su mayor satisfacción como coordinador diocesano fue, precisamente, el haber entregado lo mejor de su quehacer cristiano al acercarse a hermanos extremadamente necesitados.
Haber alcanzado el desarrollo y funcionamiento con que funcionan hoy los servicios de comedor, o los talleres de corte y costura ( con sus concursos y festivales), así como otras iniciativas surgidas en el transcurso de su labor, son cosas que le llenan de emoción.
De este programa, gigante sin dudas por la cantidad de personas a las que acompaña (más de 18 mil en toda Cuba), Pepe se enamoró y Dios le dio la oportunidad no sólo de sensibilizarse con los más más necesitados, sino también de conocer a infinidad de personas maravillosas de todo el país.
Con esos hermanos en la fe y la acción, personas que igualmente han dedicado sus vidas al servicio de los demás sin obtener beneficio personal, compartió experiencias y vivencias que recuerda con mucho cariño y que siente a su vez que le aportaron a este programa de Cáritas.
Cuando le preguntamos cómo definiría su paso por la Diócesis respondió: “fue un camino de mucho trabajo, entrega, responsabilidad; pero también de satisfacción y alegría, al saberse útil sirviendo a los demás”.
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