Repartiendo amor

Texto y fotos: Manuel Alejandro García Morales.

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Amanece y aún sin levantarse repasa en su mente la rutina del día. Es lo que ha hecho por más de veinte años y no quiere dejar lugar a imprevistos ni casualidades. Piensa en el que no vino el día anterior y reza por su mejoría y pronta incorporación a su “cría”… así es ella, como mamá gallina con sus pollitos.

El nombre de esta mujer es Victoria Quesada Gutiérrez, cariñosamente llamada Laly. Con 59 años es educadora y además responsable de la guardería “Nuestra Sra. de La Caridad del Cobre”, radicada en el kilómetro 3 y medio de la carretera a Luís Lazo, en Reparto Nuevo, Pinar del Río.; además de formar parte del Programa de Grupo de Desarrollo Humano (GDH) de Cáritas Diocesana en esta provincia.

Recuerda como si fuera ayer el día en que su párroco, el Padre Vicente Cabrera, le comunicó que el obispo José Siro y la directora de Cáritas Diocesana en aquel momento, María Antonia Sojo, querían hablar con ella. “Aquella noche no pude dormir”, confiesa, pero la buena nueva no podía traer mas alegría a su vida: crearían una guardería en su hogar.

“Siempre me gustaron los niños y ya había trabajado en el Círculo Infantil Celestino Pacheco, no como educadora pero ya tenía alguna experiencia”, afirma esta mujer de rostro dulce y afable. Confiesa que el bregar no ha sido fácil desde el 6 de junio de 1998, fecha en que fue inaugurado el servicio, y que las condiciones para empezar no eran las óptimas.

cuidadoras

“Hubo días en que se rompía el fogón, y contábamos con la ayuda de los vecinos para salir del bache, otros en que no había agua y teníamos que cargarla para recibir a los niños; pero al final de la jornada todo salía bien. Al principio solo teníamos diez niños, pero a medida que se fueron creando las condiciones esta cifra fue aumentando hasta hoy, que atendemos a cuarenta niños y somos seis trabajadoras, cuatro educadoras, una cocinera y una auxiliar”.

Atenta a todos los detalles, Laly se desenvuelve en su medio repartiendo amor, pero no deja de admitir que las preocupaciones nunca abandonan su mente, ya sea porque algún niño se enferme o simplemente porque no comió toda su comida.

La jornada para esta mujer comienza a las 6:00 de la mañana, hora en que se levanta, y termina cuando el último niño abandona su hogar que puede ser hasta las 6:00 de la tarde. Ahí comienza su otra jornada en la vida del hogar, porque aunque cuenta con el apoyo de su esposo, hija y nieto, no le gusta desentenderse de su rol familiar. Los fines de semana son los más duros para ella pues siente el vacío que les deja la ausencia de “sus pollitos”.

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Manuel Alejandro García Morales
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