Programa GDH reúne a sus voluntarios
Por Amalia Ramos Ivisate
El Primer Encuentro Nacional de Voluntarios de los Grupos de Desarrollo Humano (GDH), que tuvo lugar del 1 al 4 de noviembre, unió testimonios de las 11 diócesis cubanas. Allí se escucharon voces con varios años de experiencias y otras que recién comienzan su andar en el Programa
Cuando Liliana habla del Programa Grupos de Desarrollo Humano (GDH) revela cierta nostalgia. Los siete años que pasó al frente de él en la diócesis de Guantánamo-Baracoa fueron, según sus propias palabras, todo un descubrir, un aprendizaje.
Con solo 21 años asumió ese reto, por lo que se considera también parte de los beneficiarios: “Fui creciendo y aprendiendo con GDH; lo que soy hoy se lo debo a ese tiempo en el Programa”, afirma Liliana Mengana Rivas, quien comenzó como animadora y nunca dejó de serlo mientras coordinó, porque “para impartir formación a otros hay que tener la experiencia del trabajo”.
“En los inicios era un gran programa llamado Infancia, en el que había talleres para personas con discapacidades y otros para niños y adolescentes. Luego se dividió en Genes (que se convirtió en Aprendiendo a Crecer) y en GDH; fue entonces cuando me propusieron la coordinación y acepté”, recuerda.
Para ella la invitación no fue casual: “creo que Dios me quiso ahí todo el tiempo y esa fue mi principal motivación: donde Dios me quiera, ahí tengo que estar”. Por eso, aunque ya no pertenece directamente a ese quehacer, asistió al Primer Encuentro Nacional de Voluntarios de GDH, que tuvo lugar del 1 al 4 de noviembre en la Casa Sacerdotal San Juan María Vianney, de La Habana.
Allí, se entrelazaron testimonios como el suyo, pues el objetivo del evento, según Maydelin Azaharez, coordinadora nacional del Programa, fue precisamente propiciar un espacio para el reconocimiento, la formación, el intercambio y el crecimiento personal del voluntariado que brinda o brindó su servicio.
En la jornada inaugural, Maritza Sánchez, directora de Cáritas Cuba, recordó que la institución “necesita personas que saben descubrir a Dios en los beneficiarios de sus grupos y en sus familias, para lo que se debe promover una caridad iluminada por la verdad y al servicio del desarrollo humano integral”.
Durante su intervención, Maritza hizo referencia a una frase del Papa Emérito Benedicto XVI: “el ser humano es redimido por el amor” y pidió a Dios que todos aquellos a los que se sirve sean redimidos por ese amor que transforma.
Un total de 73 participantes de las 11 diócesis cubanas tuvieron la oportunidad de compartir experiencias, participar en cursos para el desarrollo de habilidades manuales y visitar el proyecto A+ en la Habana Vieja. Todo ello matizado por la frescura y el entusiasmo que caracteriza a los voluntarios y formadores que acompañan a los grupos infanto-juveniles y sus familias.
“Este evento fue un sueño hecho realidad”, asegura Liliana, quien ahora tiene 32 años y parece entender muy bien aquello de que el servicio puede cambiar el curso del propio corazón. Para ella, como para otros tantos voluntarios, “todo problema queda superado cuando te acercas a un niño o adolescente”.
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