Palmira y la luz de Vbaduan

Texto y fotos: Roberto Alfonso Lara

Desde hace más de dos décadas otra espiritualidad envuelve a Palmira. Punto cardinal del sincretismo religioso en Cuba, allí la obra de Dios no solo se circunscribe a los muros de su antiguo templo; también abre caminos entre las  calles y se cuela por las hendijas de las ventanas para aliviar los golpes de la indiferencia.

Vbaduan es, desde 1998, un rayo de sol que deslumbra a padres, colaboradores y beneficiarios del programa Aprendiendo a Crecer (AaC) en este municipio de Cienfuegos. Con su extraño nombre, fruto de la unión de las iniciales de sacerdotes y religiosas que iniciaron la obra en Palmira; el proyecto reúne a más de 20 personas con diversas discapacidades intelectuales y físicas, pero con la capacidad de sentir que sus vidas pueden ser mucho mejores.

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“No por gusto ellos lo ven como el centro de recreación, afirma Estrella Ramona Martínez Stuart, coordinadora del taller. Para algunos, incluso, es el único entretenimiento, pues a sus padres les resulta imposible llevarlos a la playa u otras actividades culturales. Sin embargo, con nosotros han asistido a estos espacios.

“En Vbaduan se divierten, ríen, aprenden; se relacionan y ayudan unos a los otros. Trabajamos el dibujo, las habilidades manuales, la música, la danza y las dramatizaciones de cuentos. Y todos están muy contentos. Viven preguntando por el taller, si continúa, a qué hora”, agrega.

Para Estrella han sido trece años de una labor de enseñanza y aprendizaje que ahora, orgullosamente, comparte con su hija Yaneisy Sánchez Martínez. “Un día vino de visita, luego a ayudar, y poco a poco se incorporó como colaboradora”, afirma.

La joven tiene 33 años, con estudios universitarios en Piscología y Pedagogía, y experiencia laboral en la atención a personas con discapacidad, aunque reconoce que fue siempre inspirada por los pasos de su madre. “La veía vinculada a ellos en los talleres, los muchachos venían a nuestra casa a buscarla, y me interesó esa rutina.

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“Entre ambas concretamos un buen equipo y es muy bonito lo que hacemos, sostiene Yaneisy. Nos hacen sentir útiles y aprendemos todos, porque estas personas también guardan sus vivencias, sus formas de comunicarse y de expresar cuanto les sucede a diario.

“Vbaduan ha tocado en lo profundo de mi sensibilidad. No es común encontrar un grupo con niños, jóvenes y adultos con discapacidades tan distintas, y disfruto el privilegio de contribuir y ser artífice de los progresos de cada uno de sus beneficiarios”, añade.

Similar sentimiento esconde en la alegre expresión de su rostro Pedro Guerra Jiménez, o mejor dicho, el Payaso Chocolate, quien desde hace siete años se desempeña como animador del taller y hace de la risa la más efectiva de las terapias para despejar la soledad, el dolor, la tristeza y los nubarrones del cielo.

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“Es un personaje cercano y este público lo asimila muy bien, apunta. Juego mucho con las canciones, con las partes del cuerpo, y eso me ayuda a entenderlos y contribuye a mi crecimiento profesional. Son personas que te generan otro tipo de sensaciones y uno se llega a sentir más humano.

“Además del colorido vestuario y la típica nariz roja, lo que más caracteriza a un payaso son los chistes, los números cómicos, pero en mi caso prefiero el juego. Y en lo posible, busco vincularlos con otros públicos para limar las diferencias o distancias que puedan existir”, agrega.

Los tres, Estrella, Yaneisy y Pedro, escriben una historia que, por cotidiana, no deja de brillar en la devota Palmira desde aquel 1998 cuando inició allí el taller de Aac, de Cáritas Cienfuegos. Vbaduan llegó entonces para ser la caricia del Señor y un destello en almas urgidas de luz.   

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