Omaida y “lo más grande de la vida”

Texto y fotos: Roberto Alfonso Lara

Más de 40 años en el magisterio se escriben en la pizarra de Omaida Zayas Arrechea, colaboradora del taller San Juan Macías, de Trinidad, perteneciente al programa Aprendiendo a crecer, en Cáritas Cienfuegos. La mitad de ese tiempo habla de su devoción religiosa y sentido de la caridad, pero, sobre todas las cosas, de una vida que solo se explica a sí misma en el ejercicio de educar, instruir, amar.

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Para la maestra Omaida Zayas Arrechea, el taller San Juan Macías, de Trinidad, ha sido de las experiencias más gratas que atesora.

Desde 1997 comenzó a trabajar junto a Cáritas en la Diócesis de Cienfuegos hasta que, al amparo del programa Aprendiendo a crecer, vio la luz en Trinidad el proyecto que hoy agrupa a personas con distintas discapacidades, la mayoría mujeres. Por eso, Omaida constantemente alude a “ellas”, “las niñas”, “las muchachitas”.

“Se creó —afirma— hace alrededor de diez años con las alumnas y sus madres, que conocía del sistema estatal de Educación Especial, algunas con retardo mental y retraso en el desarrollo psíquico. Iniciamos una labor de equipo, con temas educativos, escuelas de padres, lo cual todavía mantenemos.

“Ahora saben tejer, aprendieron a bordar; incluso, quienes presentan la mayores dificultades son capaces de elaborar alfombras con sacos de yute y recortes de tiras. Las estimulamos siempre, y celebramos los cumpleaños colectivos, el Día de las Madres, la Navidad.

“En la Semana Santa, cuando sacan las imágenes, participan con nosotros en la procesión que sale a la calle y recorre unas quince cuadras. Ellas van, con su vela, y es una de las tradiciones más lindas que conserva Trinidad”, asegura.

Licenciada en Defectología, con experiencia en la enseñanza Primaria, Omaida sostiene que la llamada Educación Especial “se hace con el corazón en las manos. Precisa de amor, cariño y de una sensibilidad humana muy grande, porque a veces tenemos al niño en la escuela, pero cuando visitamos el hogar y el medio donde vive, aparecen situaciones catastróficas”.

Uno de sus mayores orgullos en la actualidad, radica en apreciar los frutos de la ayuda prestada a través del taller San Juan Macías. Con pasión, cuenta de esos alumnos suyos que trabajan en la Casa de la Trova, en Artex, en la Casa de la Música, y hasta en instalaciones turísticas. De custodios, jardineros, utileros de músicos. Y con nostalgia menciona a “las muchachitas que se casan, y dejan de venir al taller, porque hay un esposo, están los celos, el niño, y el no puedo ir”.

Durante su larga trayectoria en la docencia, ha sido maestra ambulatoria y asistido a niños con discapacidades intelectuales de diversos rangos, unos casos más complejos que otros. Sin embargo, procura para todos una preparación para el futuro, la cual perfila con ahínco en cada encuentro de “San Juan Macías”.  

“No es solo el tejido y el bordado. También ayudan preparar un huevo, un sofrito; van a la placita para comprar los vegetales y las viandas. Aprenden mucho, la verdad, para una vida independiente”, comenta Omaida.

El peso de tantos años dedicados a esa obra que ella, aferrándose al cliché, califica de “infinito amor”, remata sus palabras. Y por más gastado que parezca, es cierto que así lo siente.

“Muchacho, qué sabes tú, es lo más grande de la vida”, confiesa.

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Roberto Alfonso Lara
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