Obras en concurso desde Cáritas Matanzas

Cáritas Matanzas comparte diversas obras del voluntariado y beneficiarios que se motivaron a describir lo que despierta la organización en sus vidas.
Entre ellas figura el cuento «Historia de las abuelas», que versa en torno al Programa de Personas Mayores, el cual genera espacios de participación y fraternidad entre quienes confluyen en esta experiencia de crecimiento colectivo. Lo escribe Deysi Alfonzo Benítez, quien es Jubilada de Licenciatura en Estudios Socioculturales, Animadora de grupos de personas mayores en la Iglesia San Pedro, en la Casa de los Abuelos de Río y Ayuntamiento y el Gimnasio Cerebral de Versalles e Instructora de Manualidades.
Historia de las abuelas
Sentada en los sillones estas abuelas en una mañana calurosa se abanican y conversan, la luz del sol entra por la ventana:
– Yo vivo con unas personas que no conozco, no sé quiénes son -dice Amalia- pero me atienden muy bien, me preparan la comida, se preocupan por la hora del baño, me sacan por las tardes a dar un paseo y hasta se propusieron llevarme al médico de la familia, no sé por qué, porque yo me siento muy bien, no tengo nada.
Al llegar al consultorio -continúa Amalia- hablan en tono muy bajo con el médico, me pareció que era un chisme; hablaban, hablaban y hablaban, y solo pude escuchar el nombre de un señor, un tal Alzheimer al que yo nunca había oído mencionar, no sé quién es ni dónde vive.
Después las muchachitas de CáRITAS me trajeron para este grupo y me explicaron que era una enfermedad y que debía hacer ejercicios corporales, mentales y físicos, leer mucho, escribir todo lo que recuerde sobre mi familia, amigos y demás, desarrollar juegos de mesa, manualidades que mi cerebro lo agradece.
– Mi problema fue diferente -comenta Maritza- cuando fallece mi esposo el mundo se me derrumbó, me sentía una butaca, no me vestía, no me arreglaba, en mi casa todos pasaban por mi lado pero no me veían, mi hija a penas me saludaba, mis nietos siempre con sus celulares en las manos no conversaban conmigo, los vecinos pasaban y no me veían. Pero eso cambió, me encontré con las muchachas de CÁRITAS y mi vida cambió, me levanto temprano en la mañana, me baño, abro mi escaparate y me pongo la ropa más bella que tengo, o la que más me gusta, me planto frente al espejo, me peino, me maquillo, me pongo mis gangarrias favoritas, me miro y digo: «Dios mío, que bella estoy». Salgo del cuarto y saludo a todo el mundo, aunque no me contesten, yo saludo, me preguntan a dónde voy tan bella y les digo que a comenzar el día repartiendo amor y alegría.
Me voy al gimnasio a encontrarme con personas de mi misma edad, hago ejercicios y todas las actividades, voy a la iglesia, participo de la misa y de todas las actividades programadas. Mi vida cambió, soy una persona feliz. Al regresar a mi casa toda mi familia y los vecinos me saludan alegremente, todos quieren que les cuente de mis actividades y qué tal me fue el día.
– A mÍ me sucedió distinto -interviene Olga- desde que me jubilé en mi casa me convirtieron en la auxiliar B, porque desde que me levantaba tenía obligaciones; ve a la bodega a buscar el pan, ve a la escuela a llevar los nietos, ve a lavar la ropa que la lavadora está llena, ve, ve y ve. Pero nadie se preocupaba cuáles eran mis necesidades, qué yo quería hacer, a veces lloraba en silencio por lo cargada que estaba, debido a las tareas que me daban.
Y entonces me encontré con la animadora de CÁRITAS y me habló de mis derechos como anciana a tener actividades que fueran de mi agrado y me exhortó a venir aquí, hubo un cambio radical en mi vida, ahora ayudo en las tareas que yo creo en mi casa, dedico mucho tiempo a mÍ, voy a misa, ejercito mi cuerpo y mente y me reúno con personas que tienen mis mismos intereses, ayudo a otras personas que puedan tener limitaciones a ser felices, doy amor, que es lo más que tengo para dar.
En eso llega la animadora, y da gracias a Dios por los cambios que escucha que han logrado estas abuelas y les dice que lo más importante es dar amor a todas las personas, defender sus derechos como la felicidad, al respeto que deben tener las demás personas hacia ellos y pensar siempre que joven ha de ser quien lo quiera ser.
Collage de manualidades: regalos a Cáritas Cuba

Crónica de una nueva primavera
Un texto de Regla de la Caridad Hernández San Martín, quien pertenece a la Parroquia San Juan Bosco, en la que expresa los gestos de santidad de una voluntaria de Cáritas Matanzas:
He ido a visitar la ciudad de Jovellanos donde viví en mi infancia llena de sueños, travesuras y de ser como el Quijote, sí, luchar contra molinos de vientos. Hoy esos molinos se han extendido en mi amada Cuba, son grandes, rabiosos, llenos de desesperanza… Pero no les voy a hablar de mí, sino de una pequeña anciana de nuestra comunidad en Torriente, ella es voluntaria de Cáritas.
Su nombre es Juana Calzado Leyva, tiene 84 años de edad, es de pequeña estatura, cabellera blanca, muy delgada, su andar es liviano, de mirada tierna, pero es grande su amor hacia los más de 20 beneficiarios que atiende hace 24 años de lunes a viernes, de 8 de la mañana 12 del día.
Siempre una respuesta amable, una respuesta acertada científicamente pues es jubilada de salud, ya que fue enfermera durante muchos años.
Hoy me decido a preguntarle, con mucha ternura y cariño: ¿Cuántos años de servicio tienes en la Farmacia de nuestra parroquia San Juan Bosco? ¿Qué testimonio deseas compartir con nosotros?
Sabemos que son innumerables, pero alguno, por favor:
24 años, reitera, pero con esa amabilidad propia de los santos de nuestros días. También como si recordara la hermosa canción de María Teresa Vera: “veinte años, no es nada”, así es su humildad.
-Continúa Juanita, “este mes de Agosto, que es de vacaciones, extraño mucho pero mucho estar en la Farmacia, aunque de una manera diferente sigo colaborando porque hemos traído medicamentos para mi hogar y sigo ayudando a todos los que lo necesitan, como para aliviar dolor y bajar la fiebre”.
“Un testimonio reciente lo viví contigo cuando me llamaste porque una gestante necesitaba Hidralazina, un antihipertensivo, y hacía solamente diez o quince minutos lo había donado un señor que ya no lo necesitaba y me dijo que el mejor uso se lo daríamos nosotros en nuestra farmacia, de una manera justa y humana.
Pasó el medicamento rápidamente para la gestante ¡increíble la fraternidad en nuestra comunidad!
Me expresa Juanita cómo el compartir se ha extendido en el pueblo y cuando fallece alguien, o le cambian de medicamento, sus familiares lo donan, porque sabemos que nuestro servicio es gratuito.
Son muchos los testimonios en estos 24 años de servicio de Juanita como voluntaria de Cáritas. Ella lo hace por amor a Dios y al prójimo, los beneficiarios que tanto necesitan no solo de los medicamentos, sino también de un trato amable y respetuoso como el de Juanita.
Ella es el rayo de sol, delicado, suave, tierno, que en medio de las tinieblas que vivimos Ilumina nuestra comunidad de Torriente con su servicio. Ha llegado la primavera del amor, la fraternidad, nunca el rencor, ni el odio, ni las guerras tendrán la última palabra, sino la esperanza, con estos gestos de amor de hace 24 años, que crecen y se multiplican.
¡Gracias Juanita!
Por otro lado, Deysi Alfonzo Benítez, quien está Jubilada de su labor como Licenciada en Estudios Socioculturales, y hoy funge como animadora de grupos de personas mayores en la Iglesia San Pedro, en la Casa de los Abuelos de Río y Ayuntamiento y el Gimnasio Cerebral de Versalles, Instructora de Manualidades, nos envía estas piezas, ilustradas en fotos.
Las piezas, fueron confeccionados con jabas de nylon recicladas, picadas en un solo hilo y tejidas a crochet.




Otro poema llega de la propia diócesis, se trata de una crónica más, de Regla de la Caridad Hernández San Martín.

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