“Nuestro quehacer diario es de gran importancia, imagínate que son personas muy necesitadas…”.
Cáritas Parroquial en la comunidad de San José
“Nuestro quehacer diario es de gran importancia, imagínate que son personas muy necesitadas…”. Así comienza esta conversación con Carmen Rosa Pérez Azcuy, responsable de la Cáritas Parroquial en la comunidad de San José, Coliseo, en Matanzas.
En este lugar, el equipo de trabajo que ella lidera ha ofrecido durante quince años ininterrumpidos el servicio de comedor a personas mayores en situación de desventaja social. En colaboración con las hermanas de San José de Cluny, atienden actualmente a unos 57 adultos mayores con realidades muy diversas.
“Entre las personas mayores de nuestro servicio de comedor hay alcohólicos, deambulantes; … la mayoría no tiene qué comer. Mongo mismo —dice refiriéndose por su apodo a uno de los beneficiarios— no asiste al Sistema de Atención a las Familias (SAF) y lleva meses haciendo una sola comida al día porque no le alcanza su pensión para pagar todos sus gastos. Emilio, otro de nuestro grupo, anda por todo el pueblo recogiendo latas, a pesar de sus años busca siempre cómo ganar algún dinerito. Otras señoras mayores, ciegas, cuidan a sus nietas y están atravesando una realidad muy dura”.
“Algunos de estos viejos son muy caprichosos, no quieren vivir con sus hijos, sin embargo, cada día vienen aquí a buscar su almuerzo. También hay otros víctimas de maltrato, pues en las casas hasta le comían el almuerzo. Por todas esas realidades tan complejas preparamos el local; nos gusta que coman aquí, de esta manera comparten, se animan, rezan y reciben la atención y el cariño que merecen, respetando su dignidad de persona”.
La preocupación por sus beneficiarios sigue latente en el voluntariado de este servicio aún en tiempo de post-pandemia, cuando la provincia de Matanzas ya se encuentra en fase 3 de recuperación del Covid 19.
El riesgo de que se enfermaran durante la cuarentena (entre marzo y junio) fue muy alto, por la situación epidemiológica y por los niveles de vulnerabilidad de los beneficiarios. A ello se sumaba el cierre del comedor de Cáritas, su oasis, que por primera vez en sus quince años de funcionamiento hacía una pausa producto de las medidas sanitarias impuestas en el país y de la gran crisis de desabastecimiento que se enfrentaba.
Al cerrar el servicio no sólo se afectó la alimentación de estas personas, sino también todo el trabajo que se venía realizando con ellos en cuanto a autocuidado y promoción.
“Algo que nos golpea aún hoy es la dificultad para conseguir material de higiene (detergente, jabón, etc.). Se ha pospuesto el lavado de ropas a los ancianos más necesitados por esta causa”, explica Carmen Rosa.
“Cuando los encontramos en la calle, se vuelven locos de contentos al saludarnos. La situación imperante hoy es muy difícil, pero la esperanza y confianza en el mañana sigue presente para volver a empezar”.
ESTARÍA BIEN AQUÍ HACER UN CIERRE CON LA PERSPECTIVA QUE TIENEN SI ES DE REABRIR, CUÁNDO, QUÉ NECESITARÍAN, ETC.
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