No ven años ni vejez, ¡ven solo vida!

Texto y fotos: Sheylah Rosa Gallardo Milián

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Matanzas, 16 de febrero de 2021– El plan de la jornada era acompañar a personas mayores destinatarias del servicio de comedor en la parroquia de Nuestra Señora de la Asunción y san Francisco de Asís en Jovellanos, Matanzas, junto a integrantes del consejo consultivo del Programa y miembros del equipo de Cáritas Parroquial. Bien temprano nos esperaban Jorge Fuentes Antuña, quien es el responsable de esta Cáritas, y Fátima Valdés Rosales, una de las voluntarias.

Esta comunidad brinda servicios de elaboración de alimentos que benefician a 88 personas vulnerables en la modalidad de cantina. La labor se extiende a diferentes barrios, cada uno con su ruta de reparto. En esta ocasión la ruta escogida se llama Flor Crombet, territorio de la localidad donde se asentaron a finales de las luchas por la independencia veteranos de guerra y esclavos libres, y ahí es donde la señora Fátima cada semana realiza sus acompañamientos. Al llegar, quedamos admirados por la abundancia de ceibas y vegetación maderable que en su conjunto proporcionaban un clima diferente a pesar del calor de la mañana.

La labor de acompañamiento a personas mayores vulnerables lleva una carga emocional muy fuerte, puedes encontrar familias con cuidadores cruciales agotados por la faena, verdadera obra de misericordia y amor al prójimo al no ser un familiar de línea directa; cuidadores de un paciente con Alzheimer que en comunión buscan alternativas para proteger y brindar mejor calidad de vida a su hermana que padece de este mal y gracias a ello siempre en su rostro hay una sonrisa; los que cuidan a varios familiares a pesar de ser también una persona mayor que renuncia a sus hábitos y costumbres por entrega al que lo necesite y ofrece desde el amanecer cada día al Señor. Lacera el corazón cuando están adoloridos, sin calmantes, sin esperanzas, sentados mirando al vacío, esperando a ver…, tropiezas con los estragos del alcoholismo y a su vez recibes la mano que se te tiende y la mirada cálida que te despide con frases de agradecimiento y el acostumbrado “cuídense” de nuestros días. Lo que más les golpea es la soledad, que abruma, que los hace luchar con recuerdos, que los hace ver solo el vacío, y a veces esa desesperación provoca otros males y la dependencia de fármacos, la inseguridad, la depresión, el miedo. Nuestra presencia, la oración al Padre, invocar a nuestra Madre la Virgen, un poco de música y sonrisas de recuerdos gratos, van cambiando esa expresión y te mueve el piso, con tan poco, solo estar, cuánto bien podemos hacer, acompañar, escuchar, rezar, abrazar, lograr una sonrisa en estos rostros marcados por los surcos de la vida.

Entre la tierra y el agua de los charcos, en este terreno irregular, soprende conocer a los verdaderos amantes: los que saben apreciar la vida como el hombre más feliz. Descubrir a pesar de la invalidez, alegría; en lugar de ver como yo aquella casa oscura, mirar por la ventana la luz del nuevo día; en vez de ver la soledad que me preocupa, compartir con sus tomeguines del pinar y con su gallo-despertador amarrado a los pies de la cama. Este hombre me explica que no es un gallo cualquiera, es un gallo kíkiri, es una mezcla, ¡qué bonito!

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Los que descubren la pasión por las plantas, por cultivar la belleza, investigar sobre ellas, buscar nuevas formas de sustentar los gastos diarios, los que ven el logro al obtener la ansiada flor y comparten sus conocimientos con el prójimo.

Los que se crecen ante el respeto a sus raíces, cuando creía que en este acompañamiento habíamos visto de todo, más adentro en nuestro andar por aquellos caminos encontrar la nobleza de una mirada, la sonrisa de saber celebrar, la que me hace escribir y alguna lágrima escapar.

Reclinada estaba en su sillón, con las piernas sobre la baranda de su portal. Allí nos cuenta que ha perdido visión por la diabetes, pero eso no impide que espere con ansias el próximo 23 de junio, para que llegue su cumpleaños 97. Zenaida Guillén, quien durante su vida tuvo que trabajar mucho en la agricultura, cortar mucha caña para poder mantener a sus trece hijos, ocho varones y cinco hembras, y tiene nietos y bisnietos y hasta tataranietos. Vive con su hijo que está en el trabajo, la nieta en el segundo piso, arriba, pero deja bien expresada su voluntad, su casa es para su bisnieta, a esa nadie se la puede quitar…

Zenaida no se queja, no se lamenta, no pide, no pregunta, refleja serenidad y para mayor sorpresa se levanta de pronto llena de energía y empieza a bailar, nos narra junto a su canto que visitó tres países de Europa y África, donde estuvo en una tribu mostrando su arte, la de Ojundegara de Arará.

La curiosidad nos hizo investigar y el nombre de Arará fue dado en Cuba a los esclavos traídos de África procedentes de diferentes etnias y el folclórico de música y danzas tradicionales es el llamado Ojundegara, que significa por el ritmo del tambor, regresaré a mi tierra natal, también es un ave abanderado de esa región africana que tiene muy lindo plumaje y gran garganta, que donde quiera que cante se oye su voz.

Justo ahí le pedimos permiso para tomarnos una foto, de buen gusto accedió y así quedó como recuerdo de esta historia.

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Al llegar a casa compartimos con amistades la experiencia del día y nos proponen como curiosidad investigar qué imagen tienen de la vejez estas personas, mi respuesta breve, segura, estas personas no ven años ni vejez, ¡ven solo vida!

Habremos acompañado en nuestro andar a muchos con el paso del tiempo, pero este 28 de octubre compartir en Jovellanos marcó una riqueza inexplicable. Por una parte, la Cáritas Parroquial, la de verdad, la que está junto al de la orilla del camino, al saber detectar justo en medio de nuestra realidad dónde están aquellos a quien tenderles la mano, y para el equipo del Programa de Personas Mayores que iba a acompañar una gran sorpresa y enseñanza, encontrar en nuestro camino a pesar de la tristeza que abruma y la soledad de otros, tan bello rostro lleno de vida y felicidad.

Gracias, Señor, por este día, por este acompañar y por los santos de este lugar que cada semana van sembrando amor hacia los olvidados.

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Sheylah Rosa Gallardo Milián
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