Misael y el mar

Por Amalia Ramos Ivisate
Fotos: de la autora y Ariam González Navarro

Esa imagen: el niño de unos 10 años que viene chorreando agua salada y se detiene frente a nosotros, de espalda al mar, lo mira a él y luego a mí con desconfianza, como quien viene a proteger algo frágil y suyo.

Prevalece la fe
En el medio de la destrucción prevalece la Fe

Debajo de sus pies, solo roca adolorida. Apenas quedan escombros de la casa que el huracán Irma le arrancó; incluso resulta difícil imaginarla en pie allí, al fondo de la de sus abuelos, en la Calle 21 de Cojímar.

A un costado, también sobre las piedras rotas, un caballito de plástico verde, reposando después de alguna carrera. Al otro, ropa al sol, zapatos dispares, varios pedazos de madera. Algo más alejado, una viga de hierro oxidada.

El océano hoy está tranquilo, pero nos inunda su aliento, hedor a pez.

Misael mira a su hijo y continúa hablando. Me cuenta que aunque su familia se evacuó, la noche del sábado, cuando el ciclón azotó con furia a Matanzas y dejó sentir en La Habana rachas fortísimas de tormenta tropical, él se quedó en la casa del vecino, arriba, “por miedo a que fueran a llevarnos las cosas”.
“Las olas llegaban al techo y salían a la calle, no podías estar parado ahí. El aire te inflaba la boca”—dice y se estira los cachetes para explicar mejor—.
Después de vivir 41 años en el litoral cojimero y dedicarle las dos últimas décadas a la pesca, Misael González ha conocido la furia del mar, pero asegura que el 9 de septiembre fue diferente. Y a juzgar por los comentarios de sus vecinos, “esto fue peor que la tormenta del siglo”.

“Había una viga y la presión la hizo a chocar contra una de las paredes… todo se cayó”, relata este granmense que a cinco días del paso del potente evento, cumple sus 43.

“Llegué aquí —señala el terreno vacío donde estuvo su hogar— al amanecer del domingo 10 de septiembre. Se me fue el mundo, la cabeza mía no servía para nada. Yo quisiera que tú vieras la sombra que yo tenía antes… yo tenía ocho matas de coco, todo limpiecito, acomodado, la gente venía y se sentaba. Eso se acabó”.

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Su caso fue uno de los ocho reportados por las autoridades como derrumbes totales en la localidad del este habanero. Otras 125 familias tuvieron afectaciones estructurales en sus viviendas de forma parcial. La mayoría de ellas perdió todos los bienes. También se registraron caídas de árboles y daños en el tendido eléctrico y telefónico, si bien estos últimos se han ido solucionando.

Ante tal realidad, Cáritas Habana se movilizó desde las primeras jornadas tras los embates del fenómeno meteorológico y visitó la comunidad para ofrecer ayuda primaria, brindar palabras de ánimo y esperanza, además de realizar un levantamiento de la situación que les permita tomar acciones más adelante de acuerdo con las necesidades detectadas.

Con anterioridad, el padre Wilmar Varjao Gama, Misionero Oblato de María Inmaculada y párroco de Nuestra Señora del Carmen, se acercó a quienes se encontraban en las circunstancias más críticas y les ofreció agua, leche, algunos útiles de aseo, y otro tipo de alimento: el Evangelio.

“Existen contextos muy vulnerables, donde habitan niños, ancianos y personas con discapacidad, es a ellos fundamentalmente a quienes nos dirigimos. Esas son las condiciones, por ejemplo, de Máxima Dolores Gómez, de 79 años y con dos hijos impedidos”, enfatiza el sacerdote.

cojimar

Wilmar y Odalys Cobas, miembro del consejo de la comunidad, han sido los principales puentes entre la oficina de Cáritas diocesana y el barrio. A ellos se debe, en primer lugar, que Máxima Dolores ahora nos diga que está mucho mejor y que “en estos momentos hay que buscar la fortaleza en el Señor”.
Misael también reconoce esa ayuda, la presencia, los oídos dispuestos a escuchar. Y lo agradece: “a la Iglesia Católica siempre le abrimos las puertas”. Aun en medio del desastre, parece fortalecido.

Entonces le pregunto al niño que ha permanecido junto a nosotros, uno de sus cuatro hijos, si será pescador como su padre. Misael no lo deja contestar: “No. Yo les he dicho a ellos que estudien mucho, esta vida de pescador no es fácil”. Luego mira el mar y añade: “pero esto lo levanto yo, muchacha… ¡y mejor!”.


Usted puede ser parte del ministerio caritativo de nuestra institución. Ante la situación de emergencia que aún sacude a Cuba, tras el paso del huracán Irma, instituciones hermanas nos ayudan para recibir donaciones monetarias desde el exterior. Estas son sus direcciones:

Catholic Relief Service: https://www.crs.org/

Friends of Caritas Cubana: http://friendsofcaritascubana.org/IrmaRelief2017

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Amalia Ramos Ivisate
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