Por: Equipo diocesano.

Caritas Santa Clara tras el paso del Huracan Melissa 1

Fueron varios días siguiendo el pronóstico, preocupados todos, rezando para que el Huracán Melissa no pasara por Cuba, pero se hizo inminente, venía con toda su fuerza. Tras su paso por el Oriente del país, nos conmueve cada imagen, cada noticia, el solo pensar en tantos hermanos que lo han perdido todo.

Se activa la red de Cáritas, uniendo recursos y esfuerzos para ayudar. En nuestra oficina diocesana las jornadas se intensifican, constantemente recibíamos donaciones, en un primer momento individuales; muchos no son miembros de comunidades cristianas; pero su sensibilidad y el deseo de ayudar a los más necesitados nos demuestra que Dios vive en ellos. Todo se clasifica, hasta que ya no alcanzaba el tiempo, apenas quedaba espacio, desde las parroquias llegaban carros llenos de donaciones, no dábamos abasto, pero la satisfacción de tener más para enviar superaba el cansancio y las dolencias por las enfermedades que nos han golpeado.

Ha sido impresionante la generosidad de este pueblo, que en medio de tantas carencias, hace suyo el dolor de los hermanos, y comparte un poco de lo que tiene. Nos marcó la entrega inocente y decidida de los más pequeños, que venían a compartir su bien más preciado: su juguete, con la certeza de que llegaría a manos de algún niño desconocido y lo haría feliz, así como encontrar notas escritas a mano en medio de la ropa con frases como: “Dios les bendiga”.

Estos días fueron, sin dudas, una lección de vida, pero sobre todo de esperanza. Significaron acercarnos a la generosidad de quienes realmente no tienen mucho, pero comparten. En estos gestos sencillos pudimos encontrarnos con Cristo, el Cristo de lo cotidiano, que acompaña, que anima, que sufre y reconoce al otro como hermano y que ama por sobre todas las cosas.

Llegado el día del envío, los jóvenes responden al llamado, se colocan nuestros chalecos y se hacen parte de nuestro equipo, asumen la tarea poniéndole su fuerza y entusiasmo. La carga supera los límites del vehículo, pero lleva más, mucho más que no se ve: la caridad, la esperanza, los buenos deseos, las bendiciones de todo un pueblo.

En medio de la noche de Santiago se divisa el camión; entonces estalla un aplauso, las lágrimas corren por los rostros, las palabras apenas logran salir, en apretados abrazos se escucha desde cada corazón: ¡GRACIAS!

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Equipo de Comunicación de Cáritas Santa Clara
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