Más allá de hojas secas
Texto y fotos: Roberto Alfonso Lara

Esparcidas por el patio interior de la Parroquia de Montserrat, las hojas secas aguardan. El singular clima cubano parece desprenderlas a montones de los viejos almendros que, a su sombra, cobijan tantas actividades. La que ahora reseñamos tiene como núcleo la limpieza del lugar por los beneficiarios y familias del Grupo de Autismo «Ángel Azul», del programa Aprendiendo a crecer (Aac), de Cáritas Cienfuegos. Sin embargo, sus ramas (o tramas) van más allá.
Junto al equipo diocesano de Aac, Osmel, Migue (Miguel Alejandro) y familias del proyecto se afanan en la «tarea imposible» de recoger el gran volumen de hojas acumuladas. Utilizan guantes, escobas, palas, sacos, y, aunque suene un poco cliché, trabajan como «hormigas laboriosas» hasta lograr acopiarlas y llevarlas al sitio existente para su depósito. Por un instante, a Osmel y Migue se les ve colaborativos: el primero aguanta el saco, mientras el segundo recoge las hojas con una pala.
La escena es más fácil contarla de lo que en realidad fue. Sus padres lo saben. Pocas veces dos personas con trastornos del espectro autista, con personalidades muy distintas, acoplan de manera tan armoniosa. La foto que capturamos atestigua ese momento significante para el Grupo de Autismo «Ángel Azul», constituido en 2019, y desde hace dos años vinculado a Cáritas Cienfuegos.
«Actualmente tenemos diez beneficiarios. La idea consiste en que ellos colaboren y compartan en distintos espacios. Esta acción, por ejemplo, los ayuda a socializar, a conocerse, y permite que las familias interactúen», expresó Naidachy Caro Sabina, madre de Osmel.

«Durante el año pasado, agregó, realizamos varios encuentros de padres, para hablar de las características de nuestros hijos y darnos apoyo. En 2026 queremos centrarnos en los muchachos, desarrollar sus habilidades, salir para que todos nos vean».
Así opina también Adrián Oramas Conejo, el padre de Migue, un adoslecente de 16 años. «Este tipo de iniciativas son importantes, porque favorecen el intercambio entre nuestros hijos y su interacción con los adultos. Con la recogida de hojas en Montserrat aprendieron sobre las labores de jardinería, lo cual contribuye a su autonomía y crecimiento. En otras oportunidades, vamos de paseo, organizamos talleres de manualidades; incluso abordamos el tema de la sexualidad para saber, como padres y tutores, de qué manera encararla», afirmó.
Una lluvia repentina interrumpe la misión propuesta por los beneficiarios y familias del Grupo de Autismo «Ángel Azul». El patio de la Parroquia de Montserrat queda casi totalmente limpio. Al día siguiente Osmel le recuerda a su madre que no han terminado, y vuelven todos. Se hace notar, está ahí y puede realizar lo mismo que otros. Esto exactamente diría Naidachy. Para ella, ni su hijo ni ninguna otra persona con autismo vive en un mundo propio, sino en ese común donde se amontonan hojas secas de almendros.
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