Madres que transforman espinas en flores: un taller vivencial desde el alma
Fotos: Lourdes Abuin
Por: Lianet Fundora Armas

El equipo Diocesano del Programa Aprendiendo a crecer, de Cáritas Matanzas, es testigo de cuánto representa la figura maternal en el desarrollo de los beneficiarios. Desde el beso que sosiega y refugia, hasta la paciencia sin límites y la ternura, cada historia de vida de estas madres es símbolo de resiliencia, valentía y amor.
Por eso casi a las puertas del segundo domingo de mayor, las madres de los beneficiarios pertenecientes a los grupos Camina Conmigo (Síndromes de Down, Prader Willis, entre otras condiciones) y ProfundaMente (Trastornos del Espectro Autista), fueron congregadas en la parroquia de La Milagrosa con el objetivo de desarrollar un taller vivencial.
Bajo el título “Jardín de madres, ternura que florece entre espinas”, este espacio sustentado en técnicas participativas fue un verdadero desafío para los animadores y formadores del programa.
Las madres tuvieron la oportunidad de vivir con intensidad el encuentro, mientras sus hijos compartieron jornadas diferentes dedicadas a la creación y el disfrute.
Un grupo permaneció en el portal confeccionando postales y dibujos, apoyados por las animadoras Celín, Nadima y Reglita; mientras otros intercambiaron con beneficiarias del Programa de Personas Mayores.
“Junto a las formadoras Mariela González y Zayris Fuentes desarrollaron este intergeneracional en el cual confeccionaron manualidades. Recortaron y pegaron las flores a relieve que dieron vida al cabello de un rostro de mujer, dibujado sobre una cartulina, en cuya parte superior podía leerse un mensaje: ¡Felicidades mamá!”, relata la formadora Lourdes Abuin.
UN TALLER INOLVIDABLE

La psicóloga Lilietti Troya, formadora de Aac, explica que el taller vivencial giró en torno a la metáfora del jardín, de modo que las madres pudieron nombrar sus espinas internas y externas, enterrarlas simbólicamente y reconocer sus raíces y brotes.
“Les invitamos a escribir en una tarjeta de doble cara frases que les resultan dolorosas (comentarios externos, diagnósticos) y exigencias o miedos propios. Después, cada una depositó esa cartulina en una maceta común con la explicación de que la tierra transforma, no destruye.
“Al finalizar este momento donde hubo lágrimas y sentimientos intensos, el doctor Jesús David realizó una técnica de meditación para calmar y regular la emoción y, finalmente, les animamos a plasmar en otra tarjeta sus fortalezas (raíces) y pequeños logros recientes (brotes). Luego, de pie como “planta firme”, las leyeron en silencio. Se sintieron escuchadas y sobre todo acompañadas. El jardín floreció entre espinas”, aseguró Lilietti.
Cuando las mamás volvieron a abrazar a sus hijos la tarde se llenó de colores. Más allá de la fiesta, los dulces compartidos, las postales… una luz latía en sus corazones, una chispa de fe y esperanza, de gratitud hacia Dios y hacia Cáritas.
Ese día el equipo diocesano de Aac regresó a casa con una sonrisa que ni la agotadora jornada pudo opacar. Ese día aprendieron una lección hermosísima acerca del servicio verdadero al prójimo, que debe anhelar ser puro, total y renovador, como el abrazo de una madre.




















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