Los astros de Aguada
Por Roberto Alfonso Lara
El Grupo Estrella, de la comunidad de Aguada de Pasajeros, forma parte del programa Aprendiendo a crecer, de Cáritas Cienfuegos. / Fotos: Tony Pino
Pese a su discapacidad intelectual, algunos de estos muchachos han aprendido a escribir su nombre.

La hermana Sagrario Cantalejo Sombrero, junto a Sergio, uno de los integrantes del Grupo Estrella.
La estatura del programa Aprendiendo a crecer, de Cáritas Cienfuegos, no solo se circunscribe a la geografía de la ciudad cabecera provincial. Los latidos de sus 19 talleres se auscultan, incluso, en esos contextos de la periferia, donde a veces las oportunidades son confinadas por el sello de la ruralidad.
En la Parroquia Jesús de Nazareno El Buen Pastor, del municipio cienfueguero de Aguada, una ponderable experiencia palpita en el silencio del templo. Allí, en una pequeña aula, se alinean cada jueves los astros: los muchachos del Grupo Estrella, personas con discapacidades intelectual y/o física.

La Hna. Sagrario Cantalejo Sombrero —miembro de la congregación de las Hermanas Carmelitas que llegaron a Cuba hace más de dos décadas—, se afana en la atención de estos beneficiarios desde 1993, cuando pisó el típico suelo colorado de este territorio, localizado al centro sur de la Isla.
“Al año siguiente ya empecé a trabajar, afirmó. Hoy el taller lo integran diez muchachos, a quienes buscamos acompañar, acoger y quererles mucho. Los objetivos del actual curso (2018-2019), por ejemplo, buscan promover que se valoren y autoestimen, además de favorecer la comunicación entre ellos.
“Otro elemento importante resulta la labor con las familias, a las cuales visitamos y les comentamos lo que hacemos. En aras de involucrarlas de manera participativa, en algunas casas hemos realizado el taller, con el interés de ayudar a los padres a descubrir y apreciar las capacidades de sus hijos”, agregó.
Los números de Sergito, los dibujos de Yanisa y el desparpajo de Yoany, son destellos que iluminan la iglesia cada jueves con la misma intensidad del sol. Entre manualidades, títeres y las “afinadas” melodías de sus instrumentos, esas mañanas corren cual frescas aguas de un manantial.

“Es el día más feliz de mi vida, confesó Ida Rosa Zamora, voluntaria del taller. Al reunirnos con ellos, uno percibe su disposición a aprender, y eso nos llena de gozo. Ya algunos son mayores, pero aún se quieren como niños; se aman, de verdad, desde el fondo de su corazón.
“Comencé con el Grupo Estrella en 2012 y he visto los progresos. Sergio, un chico diagnosticado con autismo, no hablaba, lo único que hacía era moverse en la silla; hoy hasta canta y baila. Y Yoany presentaba una situación similar: no podía sostener un lápiz en sus manos y ahora ya pone su nombre. Esta experiencia me ha enseñado a vivir con las diferencias de los demás, en un ambiente de amor, de fraternidad”, añadió.
A través de actividades aparentemente simples como jugar bolos, tirar la pelota, repasar el vocabulario, escribir los números y representar los personajes de una película, las “profes” del Grupo Estrella consiguen, poco a poco, dar pasos sostenidos hacia el crecimiento de sus discípulos.
“Pretendemos que logren sentirse a gusto y que desempeñen actividades por sus propios medios, sostuvo la Hna. Sagrario Cantalejo. Es cierto, según sus características personales, están incapacitados para hacer algunas tareas; pero pueden realizar otras. Y uno encuentra valores en ellos que a veces faltan en el modelo de hombres y mujeres que la sociedad considera ‘normales’. Para mí ha sido muy significativo ese descubrimiento”.
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