Los aromas de Simpatía

Texto y fotos: Roberto Alfonso Lara

1Los aromas de Simpatia convert.io
Los Pequeños Gigantes, de Simpatía, compartieron juntos el “fin de curso” de su taller, patrocinado por GDH, de Cáritas Cienfuegos. 

Simpatía es más que un pueblo escondido en la geografía de Cienfuegos.  El desvío del auto, de la carretera asfaltada hacia un atajo, como puede haber muchos en Cuba, resulta  algo brusco. Son dos mundos que rompen así, en un chasquido de dedos, sin tiempo para asumir toda la realidad que se desperdiga ante los ojos. Simpatía pertenece al municipio de Abreus y es, básicamente, un caserío. Tiene una bodega, un consultorio médico, una escuela, y un inmueble al que sus lugareños llaman “La Católica”.

La condición de aislamiento está en el ADN de quienes viven en Simpatía. La otra exclusión es la que se genera lo mismo en megaciudades que en zonas silenciosas de este archipiélago: la de niños, adolescentes y jóvenes que, afectados por el divorcio de los padres, criados por los abuelos, abandonados por los progenitores…, crecen en ambientes disfuncionales y poco felices para su desarrollo. A ellos llega también la caricia de Cáritas, a través de los proyectos que implementa el Grupo de Desarrollo Humano (GDH) infanto-juvenil en la Diócesis cienfueguera.

2Los aromas de Simpatia convert.io
La culinaria constituye una de las actividades que desarrollan los muchachos del taller Los Pequeños Gigantes, del poblado de Simpatía, del municipio de Abreus, en Cienfuegos.

José Daniel Martínez Zamora acaba de vencer el segundo grado de la enseñanza Primaria y su conducta dice más que el estrafalario pelado que “adorna” su cabeza. Se ve que el chiquito no es fácil, por el “Jose para aquí; Jose para allá”, pero cuando han pedido organizar los bancos de madera, él ha querido cargarlos casi sin poder; y cuando las croquetas, ha ido a freírlas; y a Susana le ha regalado la pluma de un pavo real que tiene en su casa. Jose es la prueba del cultivo del espíritu, ese que riega, dos veces por semana, a unos quince muchachos de Simpatía.

Se llaman Los Pequeños Gigantes, y, a decir verdad, algunos apenas levantan un metro del piso, pero otros ya se impulsan hacia arriba como los árboles del poblado. Dicen Fe y Leydis, las profes del taller, que no son nada fáciles; sin embargo, si ellas dicen a tal hora, ahí están ellos. Así es todos los miércoles y sábados, los días que se reúnen para realizar limpieza de patios, leer, recibir repaso escolar, y hasta para elaborar su propio almuerzo. Y así ha sido esta vez, cuando olieron que la cosa iba de fiesta.

3Los aromas de Simpatia convert.io

El verano impone la pausa y, para cerrar otro curso en Los Pequeños Gigantes, nada mejor que un brindis entre amigos. Hay delantales, y pañuelos amarillos para cubrir el cabello, y tablas de cortar, y varios cuchillos; y por allá se pelan las guayabas, piñas, mangos y plátanos; y por acá se corta el jamón y se mezclan la mayonesa  y las aceitunas con los coditos. Todo es hecho por muchos, pero el resultado es uno: una ensalada fría deliciosa, un coctel refrescante…. De eso va GDH y los 20 talleres que patrocina en la región centro sur del país, de incluir a los “excluidos”, sin discriminación de ningún tipo, con Dios al centro de la formación de valores, afirma Edith Martínez González, coordinadora del programa en Cienfuegos. Los aromas esparcidos por Simpatía, en la sonrisa de niños tan humildes como Jose, son penetrantes. A la salida del pueblo, por el mismo atajo, el mundo  ya no se resquebraja.

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Roberto Alfonso Lara
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