Lilian: una madre de corazón azul
Texto y fotos: Emanuel Santos
Camagüey,- Lilian Mendieta Sosa es una mujer católica que añoró siempre tener un hijo y en sus sueños lo imaginaba. Sus ojos aún brillan cuando agradece a Dios el enorme regalo de sus tres pequeños: la preciosa Gabriela, y los gemelos David y Daniel.

Lilian es una de esas madres valientes que apuestan por la vida, aun cuando, en ocasiones, esta nos muestre rostros inesperados. Con solo 16 meses, sus gemelos comenzaron en el Círculo Infantil “Alegres Campanitas”; al poco tiempo, la madre comenzó a percibir conductas y acciones de sus niños que los hacían diferentes a los demás.
Después de un largo y complejo proceso de investigación, en búsqueda de una explicación científica, David y Daniel fueron diagnosticados, a los 2 años y 7 meses, con Trastorno del Espectro Autista (TEA).

“Las seños del círculo fueron las únicas que reconocieron que las cosas no andaban bien, incluso cuando mis compañeras de trabajo decían que lo que tenían mis niños era “mamitis”. Al principio todo fue muy difícil y desconocido para mí.
“Mi esposo, que regresaba de una misión, y yo tratamos de buscar ayuda pedagógica porque estaba totalmente desorientada. Así que llevamos a Daniel a la Escuela de Comunicación “Enrique José Varona”; allí la MSc. Lissette Picón, hoy colaboradora del programa Aprendiendo a Crecer de Cáritas Camagüey, nos atendió con mucho interés y su explicación fue muy profesional, nos brindó un apoyo que ha llegado hasta hoy”.
“Lissette fue una bendición de Dios, porque al ser designada coordinadora municipal de Enseñanza Especial, sentó pautas para destrabar los prejuicios existentes con respecto a los niños con diagnóstico TEA.”
“Por mucho tiempo busqué, obsesionada, bibliografía sobre autismo; lloraba sola en las noches, mientras leía. La recuerdo como una etapa de duelo que terminó el 2 de abril de 2013 (Día Mundial de Concienciación sobre el Autismo), cuando Lissette Picón reunió, en el patio del Instituto Cubano de Amistad con los Pueblos, a los familiares de niños con esta condición especial.

“Hombres y mujeres lloramos mucho, pero a la vez sentimos gran alivio porque intercambiamos y esa fue la mejor terapia para todos los padres. Fue, además, la primera vez que alguien me puso la mano en el hombro y me preguntó ¿Cómo te sientes? Después de ese día nos seguimos reuniendo y Lissette nos capacitaba”.
Para Lilian, Cáritas es un proyecto de Dios y el grupo Esperanza Azul, que agrupa a niños con TEA y a sus familias, fue crucial en los momentos más difíciles, tanto para los pequeños como para los padres que se enfrentaban a esta realidad.
“La formación que recibimos en el grupo Esperanza Azul fue muy importante para cada padre. Nosotros leíamos mucho y aprendimos lo que era el Autismo, pero Cáritas, a través de sus formadores, nos enseñó cómo llevar la teoría a la práctica, nos enseñó cómo actuar ante esta situación u otra”.
Con una mirada tierna, Lilian cuenta esos momentos en que Cáritas fue motivación no solo para los niños y para ella, sino también para su familia; especialmente para su niña, que notaba algo extraño en sus hermanos.
“Sin Cáritas yo no hubiera podido seguir. Las fuerzas que me da el proyecto, el apoyo espiritual que nos dio a mi familia y sobre todo a mi otra hija, para quien todo era muy difícil de entender, fue fundamental. Yo creo en Dios y en la Virgen que nunca me abandonó y miro a Cáritas, y es el rostro de Dios para con sus hijos. Tanto es así, que las especialistas que atienden a los niños de Camagüey que viven con esta condición especial, son colaboradoras de Cáritas”.
A los padres de los niños con esta condición, recomienda Lilian: “No se cansen de amar a sus hijos, el autismo no es una enfermedad, es una condición especial y los niños siempre son un regalo de Dios. Ámenlos y vengan a nuestro programa de Cáritas, para compartir junto a los padres de más experiencia. Y nunca dejen de creer en Dios, Él les dará la fuerza para seguir adelante cada día”.
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