Por: Equipo de comunicación, Cáritas Habana

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Aidis Lugo Valdés, voluntaria del Programa Aprendiendo a crecer en Cáritas Habana

Aidis Lugo Valdés ama su profesión de defectóloga. Se nota por la pasión con la que habla y se dirige a sus niños, como les dice. Actualmente, es voluntaria del proyecto Despertar, uno que se inscribe en el Programa Aprendiendo a crecer y que, desde hace más de 30 años, apoya Cáritas Habana. Sobre su experiencia nos cuenta:

¿Qué función cumples en el Programa?

«Soy coordinadora del proyecto Despertar que atiende a los niños con Síndrome de Down, desde la edad de 2 hasta los 18 años, aunque debo decir que hay jóvenes que pasan de los 18 años que han querido mantenerse con nosotros. También soy voluntaria de otros proyectos como Dame la Mano y el de Nuestra Señora de Regla».

¿Qué tiempo llevas en el Programa de Discapacidad?

«Me pongo a pensar en eso y ahora me doy cuenta de que llevo 11 años. Cuando comencé en el proyecto Dame la Mano, este estaba en la Iglesia de La Inmaculada. De coordinadora de Despertar llevo 3 o 4 años.»

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Programa Aprendiendo a crecer
¿Qué te motivó a ser coordinadora de este proyecto y qué te mantiene en él?

«Bueno, yo me licencié en Educación Especial y hace poco realicé una maestría en ese campo. Hace tiempo ya, estuve alejada de mi profesión como tal y al escuchar las historias que me contaban algunas amistades que tengo en otros proyectos, como los de autismo, sentí la necesidad de volver a vincularme a este campo. Hablé con ellos y fue así como pude empezar a brindar mi atención a las personas con discapacidad, de ayudar y apoyar a sus familias porque ellas también lo necesitan.

Por otro lado, es muy gratificante ver cómo los niños van aprendiendo en la medida en que crecen. Muchos de ellos llegan a realizarse profesionalmente y es lindo pensar en que nosotros, como voluntarios, aportamos nuestro granito de arena para que eso suceda. Nuestra mayor satisfacción es ver cómo esos niños tan pequeños van avanzando y cómo la familia se va integrando a ese aprendizaje, apoyando, sobre todo, desde casa.

La familia está muy involucrada en esta labor. Cada día, cuando terminamos una actividad, los voluntarios informamos a los padres sobre lo que hicimos en esa jornada y dónde se concentran las dificultades de sus hijos. Después les orientamos cómo pueden ayudarlos y les damos las herramientas necesarias.»

¿Cuáles son esas herramientas?

«Mayormente, son talleres y encuentros donde se habla sobre las terapias del lenguaje que pueden utilizar, cómo es el comportamiento de los niños, etcétera. Ellos pueden plantearnos todas sus inquietudes y nosotros, a partir de estas, elaboramos temas para discutirlos en estos talleres».

A nivel personal ¿qué fortalezas genera en ti este proyecto?
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Aidis junto a beneficiarios y voluntarios del programa en la diócesis de La Habana

«Yo hablaría sobre todo de amor. Trabajar en Cáritas me ha hecho crecer como persona porque aquí vemos cómo la institución se vuelca en ayudar al prójimo. Como voluntarios también se nos brindan talleres y espacios para superarnos y esa también es una fortaleza. Además, la institución ha tratado de apoyarnos en esos sueños que nos va inspirando el trabajo y muchos de ellos se han podido hacer realidad.»

¿Qué mensaje compartirías con los demás para lograr una mayor inclusión de estas personas en la sociedad?

«Por suerte, se está visibilizando un poco más el hecho de que los muchachos con Síndrome de Down, -y no solo ellos, también los de Prader-Willi y los del Trastorno del Espectro Autista que pertenecen al Programa- pueden incluirse laboralmente. Entonces, mi mensaje a la sociedad es ese precisamente, que los acepten, los quieran y, sobre todo, que los vean como personas capaces.

Ellos pueden lograr mucho. Algunos quizás no puedan trabajar, pero sí ser capaces de ayudar en las labores de la casa mientras la familia es el sustento del hogar. Sería bueno decirle también que no pongan trabas, que abran las puertas de las instituciones y de talleres para que ellos, desde sus habilidades, puedan aportar. Es necesario decir que las personas con discapacidad intelectual son muy trabajadoras y que, si se entrenan bien, están dispuestas a realizar esa labor lo mejor que puedan. Poco a poco podemos ir cambiando la manera de pensar de nuestra sociedad.»

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Actividades del Programa Aprendiendo a crecer
Alguna anécdota que te haya marcado en este tiempo de labor…

«Tengo muchísimas. Para mí fue todo un reto comenzar como voluntaria en Cáritas.

Recuerdo especialmente a un pequeño que entró al proyecto aún sin caminar. Nosotros tenemos como requisito que los niños ya deben caminar para comenzar acá, pero de igual manera, tenemos como principio el de la estimulación temprana, así que los especialistas llegamos a un acuerdo y lo aceptamos.

Ese niñito finalmente entró y fue muy gracioso al principio porque no hacía otra cosa que halarnos los pelos a todos los que estábamos allí y mordía a los demás niños (risas). Así se mantuvo en dos o tres sesiones, hasta que poco a poco, se fue controlando y ya no lo hizo más.

Hubo otro niño que se quitaba las medias y los zapatos al llegar al salón. Teníamos que decirle constantemente que se los pusiera.

Otra experiencia fue un sketch sobre el programa televisivo de humor de Pánfilo que montamos durante una jornada. Nosotros creíamos que no iban a lograrlo, pero, para sorpresa nuestra, sí lo hicieron. Ellos, no solo recordaron los textos, sino que improvisaron y ese día nos divertimos muchísimo. Ellos sí pueden hacer muchas cosas.»

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