Las Clarisas”: un taller para aprender y vivir en comunión.
Texto y fotos: Equipo de Comunicación Cáritas Guantánamo-Baracoa
Guantánamo, noviembre 2019- “Hay momentos en la vida en que se sueña con algo; pero puestos en las manos de Dios, los sueños se convierten en realidad. Gracias Señor”.
Así comienzan las notas que atesoran la historia de un Taller ocupacional en la comunidad de Santa Clara, Casimba, perteneciente a la parroquia Nuestra Señora de la Merced, de la Diócesis Guantánamo-Baracoa.

Por más de diez años un grueso cuaderno recoge las memorias de los inicios del grupo de corte y costura “Las Clarisas”; sus primeras puntadas, los miedos y asombros ante cada reto, la alegría de las recaudaciones, el gozo por donar prendas textiles a enfermos y otros necesitados, las fiestas, la fraternidad.
En él se relatan los primeros pasos de aquel febrero de 2008, para emprender el proyecto en una comunidad rodeada de sonidos y energías campestres, donde las mujeres solo podían dedicarse a labores hogareñas.
Catorce de ellas empezaron a grabar la historia.
Ese inicio atrajo la realización de un reglamento de todo cuanto harían en los encuentros, espacios abietos a la oración, las buenas relaciones interpersonales, vocabulario adecuado y un agradable clima de aprendizaje.
Con los conocimientos de costura de algunas, la guía de las escasas bibliografías sobre el oficio y una máquina de coser, se tejieron los primeros sueños a crochet de “Las clarisas”.
Ese mismo año, la motivación e impulso del equipo hizo que ganaran las donaciones de materiales del Programa de Personas Mayores de Cáritas y se multiplicaron las ideas ante las nuevas telas, hilos, alfileres, máquinas de coser, tijeras y demás recursos.
Desde ese entonces, se esfuerzan por aprender nuevas técnicas y se aventuran con patrones diferentes que impresionan a quienes se acercan a sus expoventas, ferias, donde comercializan las confecciones.

El dinero que recaudan motiva a la compra de otros materiales y la línea de trabajo las mantiene ocupadas en una labor que les garantiza un por ciento de las ganancias para las necesidades propias y de su familia.
En esta decena de años el grupo ha hecho préstamos a algunas de sus talleristas para que compren sus máquinas de coser y desde casa aumenten sus labores textiles.
La comunidad las reconoce en su empeño por ayudar a ancianos, enfermos, adolescentes embarazadas y otras personas, pues les sirven con donaciones de ropas u otro tipo de gesto solidario. Cuentan también en su hacer la entrega de dinero para el remozamiento de la capilla de su comunidad, una contribución de la que se enorgullecen.
La unidad de “Las clarisas”, su confianza y destreza en el arte de coser, la acogida comunitaria y el compartir sus saberes con todo el que se interese por el antiguo oficio, destacan como luces de este Taller que se acerca a su onceno aniversario.

En la actualidad, suman a más mujeres de todas las edades al grupo, e incluyeron a una persona con discapacidad intelectual a quien enseñan con paciencia las manualidades.
Añaden a su recuento la apuesta por perfilar sus prácticas en el tejido a crochet con ganchillos, el bordado a mano y la muñequería, sueño en el que se juntan una vez más para acrecentar las alegrías de sentirse útiles, de aportar a sus hogares una ayuda económica, tener un espacio de socialización y colaborar con su comunidad.
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