Norma Naranjo Malagón

Fotos: Lourdes Abuin
Por: Lianet Fundora Armas

Norma Naranjo Malagón

Norma Naranjo Malagón ejerció el magisterio durante 32 años y todavía conserva esa ternura en la expresión, propia de quienes han dedicado gran parte de su existencia al trabajo con los niños.

Es una mujer sencilla, que habla despacio, como si cada palabra pronunciada tuviese la justa medida de sus sentimientos.

Atesora una historia desprovista de la vorágine que envuelve a las grandes ciudades; por eso sus raíces rurales ligadas a Altamisal (comunidad perteneciente al municipio de Perico) tienen el aire hospitalario del campesinado y el aroma de la tierra recién mojada por el rocío.

Actualmente Norma reside en el poblado del Central España. Hace un tiempo logró trasladarse a dicha localidad realizando de este modo el sueño de estar cerca de sus hijos.

La ternura de una maestra que sigue sembrando amor 2

Es en este sitio donde Dios ha cumplido su propósito en ella, convirtiéndola en el motor impulsor del programa Aprendiendo a crecer (Aac), que comenzó a arraigarse en la Capilla Nuestra Señora de la Caridad hace poco más de un año.

“Contamos con 17 niños e incorporamos recientemente a una señora de 76 años que es débil visual y tiene muchísimo talento para la música. Ella compone canciones y anima con su don los encuentros.

Sin embargo, la mayor dicha de Norma es contemplar la alegría que brilla en los ojos de su primogénita al socializar en un espacio donde no existe la exclusión.

“Mi hija tiene ya 40 años. Fue diagnosticada con retardo psicomotor, provocado por demoras en el parto. Al inicio fue difícil para nosotros. Veíamos los avances en otros niños de su edad y apreciábamos las diferencias. Sin embargo, Dios logró sacarme de ese sufrimiento. Me dije a mi misma: tengo que estar alegre para que ella también lo esté. Hoy aseguro con total convencimiento que velar por su bienestar es una carga ligera para mí, porque la llevo con todo mi cariño. A veces le pregunto si es feliz y cuando me responde que sí, me siento la madre más dichosa del mundo.

“Desde la creación del grupo perteneciente a Aac he descubierto cómo mi hija se ha abierto a la sociedad y a la vida en comunidad. Disfruto dirigir los encuentros y aportarles parte de mi experiencia en el magisterio. También ha sido una bendición nuestra cercanía a la Iglesia. Vamos a misa, a la adoración del Santísimo y mi hija pudo recibir el sacramento de la Comunión”.

La ternura de una maestra que sigue sembrando amor 3

Por eso el patio de Norma se vuelve cómplice de las celebraciones y tanto su esposo, como sus otros hijos y su nietecita constatan cuánto puede incidir en el desarrollo de cada beneficiario el hecho de saberse acompañado, querido, escuchado.

“Para lograr resultados y ver crecer a quienes tienen una discapacidad es preciso dedicarles mucho tiempo, entregarnos por completo a ellos, ser pacientes y, lo más importante, no cansarnos nunca de darles amor”.

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Equipo de Comunicación de Matanzas
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