La Pascua de Resurrección desde Cáritas Matanzas
Por. Lianet Fundora Armas comunicadora de Cáritas Matanzas
Foto: Lourdes Abuin comunicadora de Cáritas Matanzas

Para el equipo diocesano de Cáritas Matanzas celebrar la Pascua de Resurrección era un anhelo, una oportunidad de estrechar los lazos que les unen como familia en la fe y renovar el espíritu con el propósito de servir mejor.
El espacio previsto para la jornada fue Villa María. Allí, en actitud de oración se reunieron en la capilla, en torno a la mesa del altar donde figuraban tres signos esenciales: la luz, la palabra de Dios y las fracciones de pan.
Coordinadores y formadores escucharon entonces textos, entre ellos el libro de los Hechos de los apóstoles, específicamente los versículos que revelan la inmensidad de Esteban, primer mártir cristiano que, incluso en el momento inminente de su muerte, pide al Señor que no le tenga en cuenta ese pecado a quienes le condenan.

¡Cuán importante es ofrecer el perdón como regalo, un acto sublime que implica despojarse del rencor, el egoísmo!
Juntos como hermanos proclamaron también con el Salmo 30: “A tus manos, Señor, encomiendo mi espíritu”, recordando la necesidad de abandonarse en Dios, de confiar en su infinita misericordia.
El centro de las lecturas fue el Evangelio según san Juan (6,30-35) donde el propio Jesús exclama: “Yo soy el pan de vida. El que viene a mí no tendrá hambre, y el que cree en mí no tendrá sed jamás”.

En un instante de oración todos dijeron al Señor: “danos hambre de Ti, haznos dóciles al Espíritu Santo” y permite que “vivamos el respeto mutuo, la alegría de servir juntos, porque Tú eres nuestra roca y nuestro baluarte”.
Seguidamente tuvo lugar el trabajo en equipo. Divididos en tres grupos los coordinadores y formadores respondieron diversas interrogantes.
Al equipo número 1 le correspondió reflexionar sobre: ¿Qué durezas tenemos en nuestro corazón? ¿Qué nos está impidiendo caminar con naturalidad? ¿Cómo redescubrir la fe desde un corazón que se ensancha y se llena de amor?
Las respuestas no se hicieron esperar: son la oración, humildad, empatía, escucha y agradecimiento, el camino para reblandecer el corazón, despojarlo de la ansiedad, el carácter fuerte, las dudas, los silencios. Solo así es posible darse por completo al prójimo.
Por su parte el equipo número 2 centró su intercambio en: ¿Qué situaciones concretas de nuestro servicio necesitan hoy un perdón real? ¿Cómo pedir perdón y perdonar como equipo?
Todos coincidieron en la necesidad de pedir perdón por las veces en que no salimos de la zona de confort, también por las veces en que esperan más de nosotros y no somos capaces de corresponder a sus necesidades espirituales y materiales; por juzgar a veces a quienes solicitan apoyo; y por las ocasiones en que la persona necesitada ocupa un segundo plano porque servimos para alimentar nuestro ego. Para ello resulta imprescindible la humildad, la mirada agradecida y sincera y el amor extremo que se ofrece sin excusas.
Mientras tanto, el tercer equipo dialogó sobre: ¿De qué pan nos estamos alimentando realmente (reconocimiento, control, rutina)? ¿Cómo redescubrir a Jesús como fuente de nuestra misión?
“Imitemos a Jesús que no cuestionó a quienes sirvió, sino que les llamó por su nombre y les acogió. Seamos capaces de verle en el rostro de quienes acuden a nosotros para recuperar su dignidad, para recobrar la esperanza”, enfatizaron.
Uno de los momentos más conmovedores del encuentro tuvo lugar cuando entregándose unos a otros un fragmento de pan, los participantes repetían la siguiente frase: “Tú eres Pan de vida para mí en este equipo”, a lo que el otro respondía: “Y tú para mí”. Así sucesivamente en un círculo de abrazos se compartió la alegría, la esencia que define a Cáritas.
Finalmente, María de los Ángeles Castelo, directora diocesana de la institución bendijo a los presentes con un envío especial a continuar su misión: “El Señor que nos reunió como una gran familia bendiga nuestras manos para dar pan y nuestro corazón, dispuesto a perdonar y pedir perdón. Que el Evangelio sea luz de nuestros pasos; que el pan compartido nos recuerde que en cada hogar hay un hermano que espera, una hermana que escucha y un Jesús que se parte y se dona; y que la paz que hoy hemos sembrado entre nosotros florezca mañana en cada gesto”, Amén.












Visitas: 0

