La partida de un alma grande

Con el pesar que deja la partida de un alma grande, pero con la fe que nos habla de la vida eterna, despedimos a Eneida Ferro. Su reciente fallecimiento nos convoca a celebrar una existencia que entregó por completo al servicio de Dios y de los más necesitados.
Su legado en la parroquia Nuestra Señora de las Nieves de Mantua y en Cáritas Pinar del Río permanecerá como un tesoro indeleble.
Eneida fue el motor incansable de Cáritas en Mantua desde su fundación en 1991. Voluntaria y animadora, encarnó una fe inquebrantable y una sensibilidad excepcional hacia los pobres.
Su carácter fuerte fue siempre una herramienta al servicio del bien.
Con su gestión personal y tenaz ante las autoridades, logró recuperar la casa parroquial que había sido intervenida. En ese espacio estableció el local de Cáritas, habilitó un ropero surtido con las donaciones del Padre Luzarreta en La Habana, y montó un taller donde enseñaba manualidades y bordado a numerosas jóvenes mantuanas.
Su entrega trascendió Cáritas. Eneida fue también catequista, visitadora de enfermos, ministro de la Palabra y responsable de Liturgia. Cumplió cada tarea sin abandonar su labor caritativa, nunca a nombre propio, sino siempre a nombre de la Iglesia.
José Vicente Concepción, Director de Cáritas Diocesana y cercano a su camino, conserva sus palabras esenciales: “Cáritas es mi vida. Es la manera en que puedo poner en práctica mi fe”.
Hoy estas palabras resuenan con fuerza redoblada como el testimonio más elocuente de una existencia bien vivida. Eneida Ferro no hablaba de la fe; la vivía y la servía en cada gesto, en cada hecho y en cada enseñanza.
A su familia y seres queridos, les extendemos nuestras más sentidas condolencias, con la certeza de que el legado de amor, fortaleza y servicio de Eneida permanecerá para siempre en nuestra comunidad.
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