La luz necesaria
Texto y fotos: Aliuska Ponce de León
Santiago de Cuba, agosto de 2020- Luego de tantos días de incertidumbre, tras la cuarentena por el nuevo coronavirus; pero también de trabajo constante y de búsqueda de nuevas vías para llegar a los más vulnerables, el optimismo sigue trazando caminos para Cáritas Cuba.

En Santiago de Cuba, el Proyecto Reforzamiento de las Capacidades del Voluntariado, perteneciente al Programa de Formación General de Cáritas, convocó el pasado 14 de julio a varios voluntarios de El Cristo, Songo y La Maya, junto a los responsables de Cáritas y de Emergencias de cada una de estas comunidades.
En la cita estuvo presente, además, el equipo de Cáritas Diocesana. Todos se reunieron en la iglesia Cristo Rey, del poblado santiaguero El Cristo, para compartir las experiencias dejadas por esta larga cuarentena en el trabajo caritativo de nuestra institución.

Tras los saludos, tuvo lugar un momento de oración. Posteriormente, una dinámica preparada por la Hna. María del Carmen Balmaseda (SSCM) motivó minutos de reflexión personal a través de varias interrogantes que sirvieron de guía en este compartir fraterno.
En una segunda parte del encuentro se realizó una dinámica con la confección de un acróstico, con palabras clave como acompañamiento, servicio y camino. A partir de los diagramas de cada participante, se valoró el campo de acción de Cáritas como institución, lo que se está haciendo en medio del aislamiento social que aún impone la Covid 19, cómo proyectarnos mejor hacia el futuro con esta nueva realidad tan cambiante, cómo seguir acompañando a los sectores más vulnerables de la sociedad sin detenerse ante las dificultades, haciendo uso de la creatividad, de la capacidad de adaptación al contexto, para continuar sirviendo, que es, en definitiva, nuestra misión.

Cada uno de los presentes, voluntarios de diferentes programas, compartió cómo había estado trabajando y cómo seguiría haciéndolo en lo venidero, tomando siempre conciencia de la realidad que vivimos.
Por las amplias puertas y ventanas del templo que sirvió de sede al encuentro, entró durante toda la jornada una suave brisa, pero también penetró el ansia de renovación, de hacer mejor las cosas, el deseo de alcanzar siempre esa luz necesaria para iluminar a otros.
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