La formación: una historia de vida y servicio en Cáritas
Por: Equipo de Comunicación de Cáritas Guantánamo-Baracoa
Guantánamo, febrero de 2020,- En los caminos del Señor y la amplia labor que desarrolla Cáritas a favor de la dignidad humana, encontramos a personas que impresionan por su rica historia de servicio y el deseo ferviente de ayudar y acompañar a los demás.

Yarine Sánchez Fernández es una de ellas, quien no solo se desempeña como la Canciller y Coordinadora de las Pastorales en la Diócesis Guantánamo Baracoa, sino que acoge el llamado a contribuir como formadora desde el equipo diocesano del programa Grupos de Desarrollo Humano para niños/as y adolescentes (GDH).
– Yarine, cuéntanos de esa experiencia para acercar a tantas personas a la fe y la vida engrandecida por el Evangelio.
– “Mis primeros pasos fueron hace unos 15 años, cuando comencé la labor como catequista de los adultos que se preparan para recibir el sacramento del Bautismo, quehacer que me nutre no solo por adentrarme en la Palabra de Dios y la Doctrina de la Iglesia, sino porque me ofrece métodos para comunicar. Luego también fui la responsable de la Pastoral Familiar en la Catedral Santa Catalina de Ricci junto a mi esposo, otra oportunidad para aprender las temáticas relacionadas con la familia, conocimientos muy valiosos en mi labor actual como formadora de GDH.

“A partir de esas experiencias, desde el 2016 imparto diferentes temas a los voluntarios o en los talleres del programa de GDH, a modo de colaboración con Cáritas y en el año 2017 me uno al equipo diocesano de GDH como formadora”.
– Esta labor implica conocer de Psicología, espiritualidad, el trabajo en grupo, entre otros saberes que exigen un aprendizaje constante. ¿Cómo te preparas?
– “Así es, requiere de mucho tiempo para la preparación y estar a la búsqueda de nuevas maneras de llegar a los demás. Por eso aprovecho los encuentros que nos ofrecen los especialistas de las Comisiones de Pastoral y el Equipo de Formación de GDH a nivel nacional. Es vital nutrirse también del Catecismo de la Iglesia Católica, las Encíclicas escritas por los Papas, así como la lectura de las noticias para saber lo que le interesa a las personas. Cada individuo y grupo es diferente, y la formación debe ser lo más personalizada posible. De ahí que los conocimientos que recibo los adapto a las características de los voluntarios, a las condiciones de los grupos y a la realidad de cada taller y de nuestra Diócesis.
-¿Cuáles son los temas que te incitan prepararte mejor?
– “Para mí todos son importantes, me gusta mucho que las personas se queden satisfechas y para lograrlo me esfuerzo. Esa es mi aspiración, por eso trato de prepararme bien, de buscar materiales acordes a lo que estoy enseñando.
“La formación en GDH se desarrolla en tres vertientes; en primer lugar, la espiritualidad, pues es lo que sostiene el accionar diario, constituye la capacidad que tienen las personas de vivir la relación con Dios y descubrir los talentos que nos ofrece para ponerlos al servicio de los demás. Ese es el basamento del servicio como animador. La otra vertiente tiene el objetivo de ofrecer herramientas para formar valores mediante las manualidades, obras de teatro, videos, cuentos, la lectura y otras vías que incentivan la creatividad y motivan a los niños y adolescentes para ser transformadores de su medio. Y la tercera vertiente es enseñar a nuestros animadores que deben evaluar los resultados de sus talleres y organizar bien cada encuentro”.
– Como formadora, participas en encuentros que van más allá de los espacios de la iglesia y los talleres de GDH, pues ofreces herramientas de comunicación y acompañamiento a diferentes actores públicos de la sociedad en la comunidad de Limonar, perteneciente al municipio de El Salvador. Cuéntanos de esta experiencia.
– “Allí enseñamos, en primer lugar, que la familia es fundamental, es la primera escuela de cada individuo, en la cual se aprende a perdonar, compartir, a respetar los derechos del otro, y todos los valores en general. Comprendemos que a pesar de los cambios que ocurren actualmente en las familias, estas siguen siendo eslabones principales para un buen desarrollo de la sociedad. Por eso, lo primero que transmitimos en estos encuentros es la necesidad de cuidar y fortalecer a la familia, para formar a los futuros hombres y mujeres de bien. No por casualidad la madre Teresa de Calcuta dijo: “si quieres cambiar al mundo, ve a tu casa y ama a tu familia.
“A partir de ese conocimiento, es más fácil comprender la importancia de evitar el maltrato a los niños, de buscar maneras para mantener la autoridad sin que falten las constantes muestras de cariño. Hablamos de la sexualidad responsable, del alcoholismo que es frecuente en esta zona del municipio de El Salvador, de los riesgos que hoy enfrenta la infancia al vestir a las niñas como si fueran adultas, de permitirles ver en la televisión programas que no son adecuados para su formación, entre otras actitudes que atentan contra el buen desarrollo de los menores.
“Queremos ayudar a estimular la atención de los niños para que no se queden solo en el conocimiento de las asignaturas, sino que se formen en valores”.
– Sin dudas, con estos espacios, GDH trasciende más allá de sus metas en los talleres.
– Así es, GDH trabaja con niños y adolescentes de disímiles familias, pero con esta experiencia ofrecemos mucha información mediante los materiales y las reflexiones que sirven de herramientas para los maestros, quienes las replican en las escuelas de padres; los médicos en los consultorios y en otros espacios de familias que no forman parte de los grupos de GDH. Por eso facilitamos estos temas como una manera de contribuir a una sociedad mejor. Ha sido de mucha aceptación, porque ayudamos a la gente a ver las malas actitudes o los inadecuados procederes que, en no pocas ocasiones, se deben a falta de conocimiento.
– ¿Qué representa para Yariné ser formadora de los Grupos de Desarrollo Humano?
– “Es una labor que me proporciona mucho placer, porque puedo acompañar a otros, ayudo a iluminar el camino a los voluntarios para orientar a los niños y a sus familias en la relación con los menores. Todo lo que leo y recibo de los demás es un alimento para la propia vida. Los formadores también tenemos familia y problemas, de ahí que nos nutrimos de todo ese intercambio y vivencias. Esta labor aporta a mi relación familiar y me hace crecer personal y espiritualmente. Ser formadora es una de las mejores experiencias de mi vida”.
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