La Casita: luz y esperanza desde el Programa Aprendiendo a crecer
Por: Equipo de Comunicación Diocesano

Cada mañana Hilda Noris acompaña a su hijo Ramón a «La casita». Lo deja confiada y feliz porque sabe que está en buenas manos. Antes podía trabajar, pero desde que falleció su madre, quien la ayudaba con el cuidado de Ramón, no ha podido hacerlo más.
Ante la creciente necesidad de familiares cuidadores de personas con discapacidad, surge esta idea: la creación de las Casas Talleres.
Estos espacios del Programa Aprendiendo a crecer propician entrenamiento útiles en el desarrollo de habilidades en la vida adulta independiente y posibilitan tiempo libre a la familia para realizar gestiones o buscar un trabajo a tiempo parcial.





En Cáritas Guantánamo – Baracoa esta iniciativa vio la luz este año y 9 beneficiarios del Programa Aprendiendo a crecer disfrutan de ella. Aunque llevan poco tiempo ya se aprecian resultados: hoy es fácil llegar y encontrar a Ramón con su delantal colaborando en la cocina, ya sea en el lavado de las verduras, pelando viandas o fregando losas.
El grupo también se suma a estas y el resto de las labores y actividades propias de la Casa Taller: gimnasia matutina, práctica de manualidades, autoservicio, actividades recreativas, actuación y más.






«Es muy bueno todo lo que allí aprenden – comenta Hilda Noris- Ramón me ayuda mucho en casa y lo que más le gusta es la cocina. La animadora los cuida y quiere. Allí ha aprendido a poner su nombre, servir la mesa y siempre está dispuesto a hacer todas las tareas domésticas. En casa mantiene también los hábitos higiénicos que le inculcan.»
Ella agradece esta experiencia de la cual ellos son parte por los logros visibles en su hijo, la posibilidad que le brinda de un tiempo para sí misma y sus quehaceres. Reconoce además el amor que pone cada persona detrás del funcionamiento de esta casa grande que abre sus puertas para llevar un rayito de luz al mundo.
Día de fiesta en «La Casita»
Con la alegría y los deseos de compartir que los caracterizan, los integrantes de “La Casita” celebran la Segunda Jornada Nacional por el Día Internacional de las Personas con Discapacidad, del Programa Aprendiendo a crecer, con una fiesta singular.
Bailes, cantos, juegos y un almuerzo junto a sus familiares y voluntariado, amenizaron el encuentro durante el cual estos beneficiarios mostraron cuánto progresan en la comunicación, el desarrollo de habilidades y aprendizaje de hábitos valiosos para la vida.






Sus gestos de afecto entre sí y con los animadores demuestran los avances en la socialización, pues pierden temores y se abren a una auténtica relación que los integra como una familia diversa, colmada de amor.
Así lo reconocen las madres participantes en la fiesta:
Noralis Joubert, madre de Yaima: “Estoy muy agradecida con el equipo de este Programa, al que me integré con mi hija cuando tenía 6 años y ya es una joven. Hemos permanecido porque aporta afecto, comprensión hacia nuestros hijos y apoyo incondicional a los familiares. Los animadores nos enseñan a conducirnos con nuestros hijos, que requieren de una enseñanza especial y un trato diferente. En estos espacios ellos se sienten libres y en confianza para expresar lo que sienten, se sienten aceptados y queridos. Por todo eso, ustedes se merecen todos los aplausos. Gracias por esta hermosa obra.


Ana Campos, madre de Bionaika: “Estamos confiadas de que dejamos a nuestros hijos bien cuidados en un sitio seguro donde recibirán atención, afecto y enseñanza. Esa seguridad nos reconforta y es una bendición de Dios contar con ustedes.
Lay Martínez, madre de Iridia: Este grupo y todo el Programa Aprendiendo a crecer incentiva a nuestros hijos a ser independientes y útiles para sí mismos y los demás. Es impresionante cuánto saben ya gracias a este trabajo de “La Casita y del resto de los grupos. Los frutos los percibe toda la familia y la sociedad.
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