La alegría del reencuentro
Texto y fotos: Katiuska Fournier de la Cruz
Guantánamo, octubre de 2021— Un canto a la tierna María bendice la mañana de los beneficiarios de la Casa de Abuelos de Cáritas y del equipo formador del Programa de Personas Mayores (PPM) en la Diócesis Guantánamo-Baracoa, tras la extensa pausa a sus encuentros debido a la pandemia.
Una singular alegría tonifica la cita de intercambio, al igual que la prudencia estampada en mascarillas, frecuentes enjuagues de manos y distancias seguras. Se percibe el entusiasmo y los ojos abrazan almas.

La charla comienza y se adentran en la esencia del Sínodo, invitación de la iglesia a caminar juntos desde el encuentro con Dios y el hermano, la escucha y el discernimiento para ser “peregrinos enamorados del Evangelio, abiertos a las sorpresas del Espíritu Santo”.
Conforme avanza la mañana, invierten tiempo en otro diálogo donde afloran lágrimas y emociones diversas: las experiencias de acompañamiento del grupo durante el confinamiento.
Esperanza: “Esta casa de abuelos es mi familia. Agradezco cada llamada o mensaje que recibí de ustedes, mis hermanos. Saber de cada uno y sentir su interés por mí fue un motivo de alegría en mi vida”.
Idalmis: “Cuando mi hija estuvo enferma, recibía el calor de este grupo maravilloso que siempre estuvo atento a la situación y eso nunca lo olvidaré. Es un regalo divino el poder visitar a algunos de estos hermanos de la casa de abuelos y recibir sus gestos de amor conmigo”.
Luisa: “Conservo muchos de los materiales que se entregaban en las formaciones y releerlos me recordaba esos encuentros y todo cuanto hacíamos, los chistes, los juegos, dinámicas, piropos, postales, regalos de amigos secretos”.
Martha: “Desde los grupos de WhatsApp nos animábamos con oraciones, reflexiones, postales virtuales. Igualmente esa red y el teléfono fijo o celular nos mantenían cerca a pesar de la distancia. Nunca sentí que estaba sola y eso me sostenía y ayuda aún en la actualidad”.
Xiomara: “Vivo sola, pero me sentí acompañada. Recibí las visitas de hermanos e igualmente nos llamábamos constantemente. Agradezco a Dios formar parte de esta experiencia”.
Luisa R.: “En este período las cadenas de oración nos ayudaron mucho e involucramos a personas de la comunidad que necesitaban ese aliciente espiritual. Dediqué tiempo a hacer manualidades y atender mis plantas. Por esta red colgaba fotos de esas labores y los hermanos se animaban a comentar y compartían sus actividades también”.
Sus vivencias denotan la riqueza de este grupo de personas mayores, protagonistas de la resiliencia frente al confinamiento y la incertidumbre pandémica.
El autocuidado en la vejez, la entrega de un plegable acerca de la depresión y dinámicas preventivas de este mal, señalan la hora final del encuentro, debate y práctica que aprovechan con cada nota en sus antiguas libretas de apuntes.
Como nunca es tarde si la dicha es buena, es tiempo de entregar los boletines del Programa de Personas Mayores, una suerte de material que socializa por trimestres todo cuanto se hace en los grupos de todas las diócesis del país, y que fueron reservados hasta hoy por la situación epidemiológica y el distanciamiento. Sus rostros agradecen mientras hojean noticias, imágenes, testimonios, frases y todo lo que contienen estos folletos, historias que desde casa leerán detenidamente.
La música motiva otra vez y estos “Centinelas de esperanza” se despiden con un cariño sin besos, que emana en sus gestos y miradas, con la promesa de otras citas en su casa de abuelos, con la dicha de construir nuevos días de fraternidad.
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