Jornada de la familia: motivación para un encuentro feliz de GDH
Por: Equipo de Comunicación Diocesano

La familia es cuna de ternura y adecuada formación en valores, certeza transmitida en los encuentros del taller “Había una vez”, del Programa Grupos de Desarrollo Humano (GDH), como el que disfrutaron animadores y beneficiarios entre sabias reflexiones y sana diversión.
Con esa motivación y en un ambiente de fraternidad, se sumaron a la Jornada de la familia que celebra la Iglesia Católica, la cual comprende las festividades por el Día de las madres (Segundo Domingo de Mayo), los Padres (Tercer Domingo de junio), el Día de los Abuelos (26 de julio) y culminará el 29 de este mes, con el Día de los Hermanos, en recordación de los hermanos María, Martha y Lázaro, amigos de Jesús.
Entre cantos, manualidades y el debate de la película “Los cavernícolas”, los niños junto a los padres, abuelos y otros integrantes de sus hogares reconocieron la importancia del amor y la armonía en ese núcleo esencial para el desarrollo humano.


“Aprovechamos el espacio para dedicar tiempo de calidad con los hijos, nietos, sobrinos, hermanos mayores, algo de lo que adolece la sociedad moderna y en la que siempre insistimos en este grupo: la necesidad de compartir en la familia momentos de esparcimiento que sirvan a su vez para la formación de los menores”, expresó Silvita, su responsable, y prosigue:
“La lectura, interpretación y dramatización de cuentos, juegos, manualidades creadas entre todos y el diálogo reflexivo como aconteció en este espacio, constituyen modos amenos de acercarnos, conocernos, aprender a caminar juntos, celebrar los logros de los hijos en cada etapa”, aseveró Sonia, una de las animadoras del grupo.
Con esta fortaleza y unión entre los seres queridos de cada hogar es posible superar los escollos que aparecen en las sendas cotidianas y dar sentido a la existencia, en medio de cualquier adversidad.


Así se constata en este grupo, devenido gran familia, que crea redes de apoyo e incentiva el vínculo intergeneracional entre abuelos y padres jóvenes, en un proceso de colaboración-aprendizaje.
“Todos tenemos saberes para transmitir de las propias experiencias. De sus enseñanzas bebemos la savia para ponerlas en práctica. Esa es la mejor manera de aprender valores, aplicándolos en la cotidianidad”, valora Silvita.
En esas vivencias compartidas se establece la posibilidad de interacción entre las familias, a favor de una mejor formación de los niños, a la vez que juntos convergen para transformar el entorno de los ámbitos doméstico y social.


Por su parte, los familiares comentaron su satisfacción: “fue una tarde provechosa y divertida. Gracias a Dios por permitir encuentros mágicos, instructivos, recreativos, que aprovechamos en cada ocasión como esta”.
“Volvemos a ser pequeños porque sacamos toda la fantasía e inocencia infantil de nuestro interior y así lo compartimos con los hijos y ellos lo disfrutan mucho, a la vez que aprenden, expresa Luis, uno de los papás.
Así también lo comenta Judith, su esposa: “cada actividad como esta resulta muy valiosa para nosotros porque la educación y convivencia es un proceso de aprendizaje continuo y el taller ofrece herramientas que nos preparan para ayudar a nuestros niños a crecer sanos y felices”.


Por su parte, Elianne, otra de las madres: refiere: “Es muy positiva la conexión que se logra entre los padres, tíos, abuelos, madrinas. Resulta reconfortante tener un espacio agradable y educativo para expresar experiencias e inquietudes en confianza y apoyarnos para buscarles la mejor solución. Aquí nos instruirnos como familia a partir de los conocimientos que aportan los animadores, relajamos tensiones, nos acompañarnos entre todos, en medio de estos tiempos difíciles”.
Tras la apreciación de las manualidades creadas por los niños, las fotos y el canto final, quedó la invitación a grabar videos familiares para mostrarlos en la celebración por el Día de los Abuelos y premiar a todos por compartir sus vivencias.


Gratitud, alegría, optimismo, voluntad de crecer juntos florecen en el grupo Había una vez, de GDH, que potencia y fortalece la formación de valores mediante los mensajes educativos de los cuentos, la creación y diálogo interactivos, siempre a favor de cultivar esas enseñanzas en niños y familiares para llevarlas luego al hogar y toda la sociedad.
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