Huertos de Santa María: experiencia que une y alimenta esperanza
Por: Katiuska Fournier De la Cruz, comunicadora al servicio de Cáritas Cuba

En la comunidad de Santa María, perteneciente a la diócesis de Guantánamo-Baracoa, un grupo de vecinos escribe una historia de resiliencia y esperanza mediante un proyecto de Cáritas diocesana que emprende la creación y desarrollo de huertos. Son una veintena de hombres y mujeres y ocho colaboradores, en su mayoría jubilados, cuyos sueños se juntan bajo el sol para hacer sonreír sus patios o pequeñas parcelas y cosechar no sólo alimentos, sino fraternidad.
Comenzó como una iniciativa para apoyar la seguridad alimentaria en zonas citadinas ante la difícil situación económica de esta diócesis extremoriental donde abundan crisis medioambientales pero su crecimiento y resultados denotan transformación social, colaboración y servicio.
“El primer sitio de encuentro”
Daniel es uno de los líderes del proyecto, un apasionado ingeniero agropecuario cuyo lenguaje comprende a profundidad los secretos de la naturaleza y vive para compartirlos y disfrutarlos.

En el patio de su suegra, Isabel, se reúnen los beneficiarios desde 2023 para compartir tanto ideas como semillas y hasta merienda, decidir apoyos, distribuir útiles donados por la Cáritas diocesana (mangueras, pie de crías, semillas, instrumentos de labranza) y organizar los recorridos a las parcelas de cada uno.
Alrededor todo revela las horas de esfuerzo: canteros con una sinfonía verde que aprovechan los mínimos espacios con auténtico ingenio y espacios de vida animal bendecidos de limpieza y fertilidad.
Resaltan los curiosos viveros, rodeados de neumáticos con injertos de limones mediante una técnica llamada “Acodo aéreo”, suerte de matrimonio de plantas que apuesta al éxito productivo.
En otra parte del patio, Isel, su esposa, muestra radiante las ocho crías de una pareja de conejos y expresa:
“Gracias a Dios se logró porque anteriormente se perdieron dos partos. Espero que siga prosperando.”


«Todos aprenden de todos»
El intercambio de saberes y apoyos es el acto más valioso en Santa María. Recibir indicaciones técnicas, compartir experiencias, recordar los trucos heredados de sus abuelos y estudiar las antiguas y nuevas técnicas para combatir sequías y plagas, son buenas prácticas que este grupo combina para lograr mejores frutos.
Berny, uno de sus fundadores, tiene buena mano para la crianza de conejos y dedica horas a acompañar a quienes inician esa faena, además de ofrecer crías para el proceso reproductivo. Con paciencia enseña a resguardar las jaulas, aislar ruidos y cebar los animales. Tiene también sembradíos de hortalizas (verduras, pepino chino, cerezas y otros cultivos.)


“He ganado en experiencia y hemos conocido más personas. Me ha ido muy bien con la crianza de conejos porque aseguro su higiene y comida. Lo recomendable es alimentarlos en la tarde porque en las noches es cuando más comen. En la práctica uno va conociendo cómo mantener a los animales y ayuda a otros también”.
Cándida, esposa de Berni, pastorea una pareja de chivas cerca de la casa. Se estrena en esa labor luego de jubilarse y por medio de Cáritas Diocesana adoptó a “Alegría y Esperanza”. Con una vara en la mano las guía a las rutas done crece la mejor hierba.
“Soñaba hace tiempo tener este tipo de animales. Las saco temprano a comer, también en las tardes y preparé condiciones en casa para que estén seguras y tranquilas. Da un poco de trabajo pero con constancia todo se logra y al tener abundantes tierras en esta propiedad aspiro hacer una cría grande a partir de ellas”.
A pocos metros de su casa, vive Willian Olivares, cuyo gran patio posee una parcela vestida de ajíes, plátanos, calabazas, quimbombó y limones de gran tamaño.



“Esto es de gran ayuda porque ya no tenemos que comprar en la calle esos productos, estiramos la chequera, servimos a la familia y también a los niños de la guardería de Cáritas y la Casa Taller de personas con Síndrome de Down.”
El fruto compartido: Guardería y Casa Taller
El destino de una parte de las cosechas emociona a este grupo de horticultores. Donar parte de los frutos de las tierras de Santa María a los más vulnerables es una gran satisfacción y se complacen en llevar a niños y personas con Síndrome de Down, acogidos a servicios de Cáritas diocesana, cestas con verduras, hortalizas, guayabas, mangos, carne fresca, pepinos, calabazas y otros productos. Recibir la sonrisa y cariño de esos beneficiarios se convierte en un especial momento que da mayor sentido a su gesto.
“Cuando ves sus caritas, entiendes que tu esfuerzo en el huerto vale mucho»- dice Daniel, y esta expresión estampa el valor de una experiencia que, al calor del amor y la solidaridad, fortalece el vínculo comunitario.
“Matices del apoyo integral ”
Cáritas es catalizador del anhelo de personas que, aunque en su mayoría no son agricultores profesionales, convierten sus sueños productivos en realidad.
Desde el proyecto se acompaña a personas en Limonar, Punta de Maisí, Baracoa, Yateritas, Puriales, Casimba y Santa María, una experiencia que en todo el país alcanza los 55 huertos. En ellos se concibe, no sólo la entrega de bienes materiales para empezar o enriquecer los huertos como iniciativa de sostén o microemprendimiento, sino también la cohesión familiar en ámbitos productivos, el fortalecimiento comunitario, el aprendizaje de buenas prácticas agroecológicas, el rescate de tradiciones y cuidado hacia la naturaleza.





Noelia Carmenaty, coordinadora del Programa de Acompañamiento a Familias Campesinas precisa que, en diálogo con las necesidades de estos campesinos, se gestionan y distribuyen semillas, herramientas para el riego, la labranza de la tierra manual, pie de crías, ropas de campo y oportunidades formativas que multiplican los saberes alrededor del cultivo y cuidado animal. Agrega el apoyo de donantes como Friends of Caritas Cuba y Manos Unidas para garantizar los recursos monetarios en pos de adquirir en el mercado estos productos, altamente costosos a quienes se dedican a trabajar sus parcelas y espacios de tierra en Cuba.
No obstante, resalta la capacidad innovadora de muchos para construir con materiales reciclables instrumentos útiles en labores agrícolas como arar y aporcar los suelos.
Nuevos rostros y manos se suman
Lázaro es de los nuevos y posee media hectárea de tierra. Aunque su hogar se ubica lejos de otros horticultores hasta allá fue el grupo y le apoyó en el saneamiento y preparación de surcos.

“Conocí de esta iniciativa con un compañero y me acerqué a Daniel para sumarme. He aprendido y pienso seguir aprendiendo. Mi mayor placer es ver los frutos crecer luego de batirme de 6 a 6 en el campo.”
Daniel explica que gracias a Cáritas se le entregaron a este campesino algunas tejas para techado, limas, manguera, recursos que han recibido otros en el grupo y que propiciarán avanzar en el proceso de plantación de los huertos.


Lalá y Mirna enriquecen también a este grupo y hoy sus rutinas productivas colman cuanto pedazo de tierra rodea sus casas de plantas que ayuden al sostén familiar junto a pequeños jardines que embellezcan el panorama visual.
Cosecha de futuro
Sin dudas, los huertos comunitarios de Santa María son un vergel en medio de las dificultades, la prueba palpable de cómo la unión provee cosechas abundantes. Allí la tierra no solo depara frutos, da lecciones de humanidad. Cada planta o cría es un recordatorio de que, juntos, los sueños productivos son posibles y al compartirlos, se multiplican y regalan un paraíso de experiencias fraternas.





Compartimos este reportaje audiovisual que detalla toda la experiencia de huertos.
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