Historia de Vida de una madre en Cáritas Habana

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Por: Equipo de Comunicación de Cáritas Habana


El Equipo de Cáritas Habana comparte el texto de AliBR. Una mamá de azul que nos recuerda que el autismo no tiene cara, y puede estar en cualquier rostro, en cualquier mirada, tocar tu puerta de forma inesperada…

TRASTORNO DEL ESPECTRO AUTISTA: MILLONES DE CARAS, UNA HISTORIA DE VIDA, NUESTRA HISTORIA.

Yo no quería, pero la naturaleza así lo dispuso.
Llegaste un día. Sin pedir permiso irrumpiste entre miradas perdidas y pomos alineados por colores, forma y tamaño; no se podía sacar ninguno de la fila, tú arduamente volvías a colocarlos justamente en su lugar. Metódica, paciente, sin inmutarte en esa reunión impostergable entre la fila de objetos plásticos que te susurraban secretos que nunca revelabas.

Llegaste dando vueltas infinitas. Una aprendiz de bailarina, un tutú extraviado; eras el cisne volando, en otras ocasiones la paz extrema o el tornado. Llegaste con un vocablo: kekokeko. Era mamá kekokeko, papá kekokeko, era la tarde, el perro, mi abrazo, o quizás el alimento. Tal vez algún marciano que en medio de un sueño te enseñó un idioma extraño. Llegaste para quedarte, impidiendo ser sociable. No te gustaba el tacto, no entendías, no te incluías, no pedías, no solicitabas, no reclamabas, no exclamabas, no colaborabas. Solo demostrabas con ellos lo que más te gustaba: tu amiga Dora con la que explorabas, tu amigo Mickey con quien jugabas, Barney tan prehistórico con ese compañero amarillo, y la bebé verde esperanza a quien imitabas, una y otra vez sin cansarte, sin aburrirte, sin entender que el CD se podía rayar. Llegaste una tarde de abril. Llegaste para nunca irte y te quisimos botar, buscamos como expulsarte, pero entendimos que nuestra convivencia es hasta el final de nuestros días.


Y entonces me dejé de culpar para ocuparme. Me dejé de preguntar para responderme. Dejé de ser una ignorante aunque a veces vuelvo al comienzo.

Aprendí a cantar. Aprendí que cuando íbamos a pasear teníamos que preguntarle a Mapa: “A dónde vamos?” Con los aplausos incluidos, con los saltos de la mano, el baile, el copón y la vela. Cada objeto de la calle nos sirvió de guía, casas, parques, carros, guaguas, señales de tránsito, niños, mujeres, hombres, ¡me volví un papagayo!

Un primer payaso y salimos corriendo como alma que nos lleva el diablo, pero no hay diablo tan malo, ni infierno tan ardiente, y yo soy inflamable, me echaron combustible y me prendieron una fogata que daba luz al final del túnel; y me empeñé, me empeciné, me obligué a tener paciencia, porque no te iba a dejar encerrada en ese mundo particular, vives en uno tan amplio que no debes desperdiciar.

¡Lograste! ¡Lograste tanto! Peldaño a peldaño mi niña fue subiendo la escalera. Di miles de carreras, fui de prisa y frené, corriendo y también caminando, descubriendo y encontrando, con ansias que nunca se han terminado y aún, aún vamos en este rodar lento que necesitas para no estresar tu mente y tu espíritu; pero resistiendo, mis locuras y tus desvaríos, somos un dúo dinámico e intenso, somos un viaje a la luna, somos la conquista de un sueño. Llegaste, autismo, creyéndote superior, y te hemos doblegado sin demostrar temor.

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