Herramientas para la prevención: un acercamiento desde GDH
Por: Equipo de comunicación diocesano

Iván Castillo Ledo y Susana Pons Crus son dos hermanos de Cienfuegos que aceptan la invitación hecha por Cáritas Guantánamo-Baracoa, desde el programa Grupos de Desarrollo Humano (GDH), con el objetivo de transmitir saberes para enfrentar la tendencia al consumo de sustancias adictivas y su impacto físico, emocional y social, entre adolescentes y jóvenes.

«La idea surge ante la necesidad de adentrarse en los factores que conllevan al uso de drogas, la prevención e identificación del consumo, así como las acciones para contrarrestar ese flagelo de la humanidad que es una amenaza y es preciso afrontar con una adecuada preparación desde los talleres de GDH», expresa la hermana Beata, coordinadora del programa en nuestra diócesis.

Por eso se sueña y organiza con esmero esta visita de Iván, quien no solo es Psiquiatra Infantil, sino se prepara en el Diaconado permanente y coordina el Programa de Formación Institucional de Cáritas en la diócesis de Cienfuegos, mientras que la doctora Susana contribuye como formadora de GDH en esa organización.
Después de un largo viaje pero con muchas expectativas, los cienfuegueros arribaron por primera vez a Guantánamo para iniciar una estancia de dos días, durante los cuales no solo hacen realidad sus deseos de compartir conocimientos acerca del fenómeno actual de las drogas, sino se acercan al quehacer de GDH en la diócesis.
Durante la primera jornada visitan el grupo Santa Isabel, en el cual se trabaja con pequeños de 1 a 5 años.

«Allí compartimos con las animadoras, quienes educan a los niños en los valores, habilidades, hábitos de vida y les ofrecen nociones básicas de las asignaturas Matemáticas, Español y el Mundo en que vivimos, para su ingreso luego a la enseñanza primaria. Nos impresiona cuánto aprenden desde temprana edad a favor de su desarrollo posterior», comenta Susana.
Luego el periplo continúa hasta la comunidad de Casimba Arriba, en Manuel Tames, donde llegan al grupo Color esperanza para conocer de la realidad del programa en las zonas rurales.
Sus voluntarios les comentaron acerca del quehacer con niños y adolescentes en este grupo, uno de los más antiguos de la diócesis, por el cual transitan durante varios años numerosos beneficiarios que cultivan no solo los valores, sino conocimientos de dibujo, artesanía, cerámica y cultura general.
Desde esa comunidad regresan a Guantánamo para visitar el grupo Atardecer de colores, perteneciente a la parroquia Nuestra Señora de la Medalla Milagrosa, donde realizaron un taller demostrativo- formativo con preadolescentes, adolescentes y sus padres, en torno a ofrecer herramientas para prevenir el uso de drogas.
«Nuestra intención es llegar a los muchachos y nos impacta cómo el tema emerge solo, a partir de sus intervenciones espontáneas. Resulta impresionante descubrir cuánto saben de los tipos de drogas legales e ilegales, los modos de consumo y todo lo negativo que lo rodea», expresa Iván y prosigue:

“Cual sondeo esclarecedor, el diálogo con los chicos nos permite ahondar en la magnitud del problema que representa el uso de sustancias psicoactivas por menores de edad”.
“Por eso nos llevamos la seguridad de que no están con los ojos tapados y nos gratifica la confianza lograda para sostener una comunicación enriquecedora. Eso indica que hay posibilidades de prevenir mediante la conversación y el acompañamiento oportunos a los beneficiarios desde los grupos de GDH, la familia, escuela, para luego transmitirlo como agentes transformadores en sus entornos», valora el especialista.

Y esa formación no debe comenzar en la etapa controversial de la adolescencia, cuando se carece de la debida preparación física, emocional. Es preciso el inicio desde edades tempranas para crear bases sólidas en los chicos, a nivel del pensamiento y las actitudes, que coadyuven a alejarlos de ese flagelo- acota Susana, conocedora del tema a partir de su quehacer médico y la cercanía a niños y adolescentes desde GDH:
«Por eso también trabajamos aquí con los preadolescentes a partir de la dinámica del semáforo para enseñarlos a identificar lo bueno de lo malo como las drogas, dónde es preciso detenerse y establecer límites, patrones que conducen a una vida sana y plena. Así lo soñamos para ellos en este programa que apuesta por el fortalecimiento de valores, hábitos saludables, habilidades y cambios favorables en su proyección social.»
En ese quehacer que une almas y voluntades, resulta esencial la participación de los familiares, de ahí la importancia de invitarlos al encuentro- puntualiza la hermana Beata- «Queríamos compartirles conocimientos en cuanto a las características de los adolescentes, pautas para su educación coherente, desde la flexibilidad, comunicación efectiva y la negociación entre los padres y sus hijos, teniendo en cuenta motivaciones, necesidades e intereses, a favor de un manejo adecuado en cuanto a las drogas. Al escuchar sus criterios, corroboramos con alegría que lo logramos».

El espacio aporta luces para comprender el fenómeno, además de sugerencias que ayudarán en la relación con los hijos -expresan algunas madres-. “Son valiosas a la vez para estar alertas ante sus conductas, pues reciben muchas influencias, no siempre positivas, del grupo en la escuela, el barrio y otros entornos. Por todo eso, la gratitud por organizar este encuentro y el apoyo que ofrecen en la educación de nuestros muchachos”.
Junto a los animadores y facilitadores invitados, reflexionan en cuanto a la urgencia de evitar y afrontar este flagelo que hoy suscita desvelos en la sociedad civil y la comunidad cristiana, en medio de una situación socioeconómica compleja, que representa un peligro latente en nuestra realidad.




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