Hablando con Roberto Armas

Michel Pérez Abreu

Ciego de Ávila, junio de 2022— Un mensaje de texto sirve de antesala después de algunos minutos conversando por teléfono: “Robe, voy a pasarte al WhatsApp las preguntas para la entrevista”. La respuesta es inmediata. “Ok, dentro de un rato las reviso. Te respondo apenas tenga un chance”. No tuve que esperar casi nada, solo un par de días. Para Roberto el “chance”, cuando de Cáritas se trata, se busca debajo de la tierra si es necesario. No podía ser de otra manera para quien le ha dedicado a la “caricia de la madre Iglesia” casi el 40 por ciento de su vida.

No hace falta demasiado protocolo, acaso ninguno. Las preguntas se listan y se envían a través de la app. La Covid-19 convirtió en ceros y unos gran parte de nuestra cotidianidad, y lejos de incomodarnos, hay que sacarle el máximo provecho. A fin de cuentas, lo relevante es contar esta historia y compartir información valiosa y sensible que nos brinda un hombre de Dios, el cual camina con los pies en la tierra y el corazón a flor de piel. Ah, y por supuesto, quedarnos en casa el mayor tiempo posible, aunque ya nos aburra el versito.

Entonces tecleo las preguntas y pulso el botón de enviar. Solo unos segundos después las palomitas dobles en color azul me indican que ya fueron leídas, es tiempo de esperar. Como ya dije, no fue demasiado…

—¿Cuándo llega Cáritas a Ciego de Ávila? PP

—En 1991 surge Cáritas Cuba, no sé exactamente cuándo lo hace en la antigua Diócesis de Camagüey, a la cual pertenecía Ciego (de Ávila), pero sé que antes de 1996 ya funcionaba en nuestra Vicaría el programa de atención a las personas con Síndrome de Down y sus familias y en la Catedral, entonces parroquia, había un grupo organizado que atendía de alguna manera a las personas mayores, fundamentalmente en relación con los medicamentos. Esto último, en particular, era bastante reforzado, pues en ese entonces el responsable de Cáritas en la Parroquia era el Dr. Antonio Pérez Haydar, así que además de medicamentos, también solía consultar a los necesitados.

Entonces el Papa Juan Pablo II erige la Diócesis de Ciego de Ávila y nombra a su primer Obispo, Mons. Mario Eusebio Mestril Vega, quien toma posesión de la sede el 28 de abril del mismo año, y en fecha tan temprana como el 4 de junio, me nombra como Director de la Cáritas Diocesana de Ciego de Ávila, así que oficialmente es la fecha en que comienza nuestra labor de Cáritas en la Diócesis.

—¿Qué hacías tú en la Iglesia en ese momento? PP

—En esa época pertenecía al Consejo Parroquial y, además, era uno de los catequistas de catecumenado y atendía un grupo de jóvenes.

—¿De qué forma fuiste seleccionado para dirigir Cáritas Ciego de Ávila? PP

—Por designación directa de Mons. Mestril, nuestro Obispo en ese momento y por tanto presidente de la Cáritas Diocesana.

—¿Cómo fue el proceso de armar aquel primer equipo? PP

—Bueno, ahora cuando pienso en esos tiempos me percato de que el Espíritu Santo trabajó muy duro con nosotros. Yo, como Ingeniero Químico de profesión, tenía experiencia en mi rama, pero referente a Cáritas estaba en cero. No obstante, desde el primer momento conté con el respaldo, compañía y asesoramiento del personal de la Oficina Nacional y de los demás directores diocesanos, especialmente del director de Cáritas Camagüey en ese entonces, Mario González (Tito), cuyos consejos fueron muy útiles.

—¿Quiénes lo integraron?  PP

—Antes de armar equipo, debía tener un local. Comencé en la recepción del Obispado, con un buró, pero allí era imposible trabajar, así que Mons. Mario me dio una pequeña oficina en la Catedral; ahora sí venía el equipo. Desde que comencé, conté con la valiosa ayuda de Francisco Leal  (Pancho), que de forma voluntaria atendía el programa de Síndrome de Down; este programa pertenecía al entonces Programa de Infancia, que no tenía coordinador, como tampoco tenía el entonces Programa de Tercera Edad. Ya para ese entonces también me colaboraban de forma voluntaria Orlando Guevara, Ingeniero Industrial de profesión, y mi esposa Teresa Fuego, Ingeniera Química de profesión. Con ambos conversé y estuvieron de acuerdo en trabajar a tiempo completo en Cáritas. Guevara como coordinador del Programa de Infancia y Teresa como coordinadora del Programa de la Tercera Edad. Ese fue mi primer equipo, de ellos aún continúa en Cáritas mi esposa, que coordina el Programa de Personas Mayores, Guevara está fuera del país y Pancho colabora en el Programa Aprendiendo a crecer (atiende personas con discapacidad y sus familias, incluidas personas con Síndrome de Down) y colabora en el mismo cada vez que se le solicita. Con ellos nos dimos a la tarea de dar a conocer Cáritas y su labor en las comunidades de la Diócesis. Recuerdo con mucho cariño a muchos animadores de las distintas comunidades, de las más antiguas todavía quedan algunas personas: Barbarita en Miraflores, Reneida en Velasco, Nenita en Venezuela, Lazarita en Falla, Lidia en Arroyo Blanco; creo que son los que quedan de los fundadores y que aún atienden Cáritas en sus comunidades. Otros han partido a la casa del Padre y otros ya no están en Cáritas pero dispuestos a colaborar en lo necesario, como Pedro e Isela en Morón, Betsy en Tamarindo, quien ahora vive en Morón; la Dra Liset, de Violeta y también en Morón ahora, y muchos otros.

—Hablemos de los años 90´. ¿Qué impacto tuvo Cáritas en la sociedad avileña de ese momento?j                                                                                                                                  PP

—Un impacto apreciable, no solo en Ciego sino en Cuba entera, lo tuvo el programa de atención a las personas con Síndrome de Down; este propició la socialización, conocimiento y aceptación por la sociedad de estas personas, creó una red social entre las familias que los motivó y ayudó muchísimo en cómo preparar para la vida a estas personas. Éstos fueron años difíciles en la vida de los cubanos, ahí nacieron también servicios de asistencia, principalmente el programa de la Tercera Edad (comedores, servicios de lavado de ropa y de pequeños talleres de costura), y en nuestro caso también Cáritas fue identificado por muchos por un proyecto de donativo de medicamentos, era un proyecto del Obispo que se canalizó a través de Cáritas y que estuvo presente en 21 comunidades de nuestra Diócesis, en sitios tan lejanos como el Mamey o Punta San Juan y en tiempos de carencias de medicamentos.

—¿Cómo describirías la relación, si la hubo, con el gobierno? PP

—Creo que fueron relaciones diríamos que, por obligación, que llegaban hasta donde estaba permitido y en los casos en que estuviera permitido, esto en lo institucional, pues las relaciones personales son diferentes, las personas al conocerse y comunicarse quitan barreras que muchas veces no tienen sentido de existir.

—¿Causó algún tipo de revuelo la presencia de Cáritas aquí? PP

—Creo que sí. Al principio la existencia de Cáritas fue vista como algo no deseable, creo que muchas veces era vista como competencia de las prestaciones que ofrece el estado a sectores vulnerables de la sociedad, cuando realmente debería haberse visto como una contribución de la Iglesia al bienestar de las personas  en situación de riesgo.

—¿Y la relación actual? PP

—Actualmente la comunicación es normal, las distintas situaciones se ventilan por los canales establecidos, unas veces tenemos respuestas aceptables a nuestras solicitudes o planteamientos y otras veces no, o simplemente no hay respuestas.

—A lo largo de estos años, ¿Cuál, o cuáles, son los principales retos a los que se ha enfrentado Cáritas Ciego de Ávila? PP

—Luego de los primeros años, un reto fue encontrar una sede adecuada, con espacio físico donde desarrollar nuestra labor: ¿Cómo lo resolvimos? Trabajando como si todo dependiera de nosotros y rezando como si todo dependiera de Dios; así también resolvimos el contar con un transporte propiedad de Cáritas, que abaratara y facilitara nuestro trabajo; el ir encontrando las personas necesarias para cada labor a realizar.

—¿Dirías que de alguna manera son los mismos retos enfrentados por Cáritas Cuba? PP

—Cáritas Ciego de Ávila, como parte de Cáritas Cuba, ha enfrentado y enfrenta muchos retos comunes: aumento de la profesionalidad, de la calidad de los servicios y programas; el buscar fuentes de financiamiento; el formar y capacitar convenientemente nuestra red. En las comunidades nos encontramos con el envejecimiento del voluntariado; tenemos dificultades para adquirir los insumos necesarios para los diferentes programas, ya sean materiales, alimentos y otros etcéteras. Pero siempre debemos recordar que somos medios de los que el Señor se vale para construir el Reino aquí y ahora, por tanto, ponemos nuestro trabajo y nuestra oración, con ello estoy seguro no existe reto que no pueda ser superado.

—Y si hablamos de satisfacciones, ¿cuáles mencionarías? PP

—Bueno, si miro el principio y veo la Cáritas de Ciego, ahora siento la satisfacción de haber contribuido  con mi esfuerzo a que una Institución como esta tenga una infraestructura adecuada para la labor que la  Iglesia espera de ella; cuando oigo hablar a una persona que agradece el que le hayan acompañado, el que le hayan socorrido, el que le hayan ayudado a descubrir y apreciar su dignidad como persona, o que haya solucionado un problema de medicamento que le estaba acuciando, eso me da una enorme y sana satisfacción. Siempre recuerdo con cariño algo que me decía Mons. Mestril, en los 90´, cuando con los donativos de medicamentos se nos acercaban personas para decirnos que había gente sin escrúpulos que lucraban con los medicamentos, ante la disyuntiva de mantener este servicio o no, me decía: “Sabrá Dios si esa persona lo vende para poder comer, pero igual no todas lo harán, con sólo una que resuelva verdaderamente su problema de salud con el medicamento, habrá valido la pena prestar el servicio”.

—Eres uno de los directores más longevos al frente de una Cáritas Diocesana en Cuba, ¿qué te ha impulsado hasta la actualidad? PP

—Creo que muchas cosas. En primer, lugar Dios, Él siempre nos pone donde realmente nos necesita. En segundo lugar, el apoyo que he recibido de mi familia, sin ello hubiera sido imposible, así como también la comprensión y el apoyo de los dos obispos con que he trabajado (primero Mons. Mestril y ahora Mons. Juan Gabriel), por su estímulo y comprensión. No puedo olvidar a mi equipo de trabajo, sin él hubiera sido prácticamente imposible desarrollar esta tarea, y no solo ellos, sino también las personas que de cerca colaboran en cada programa como asesores. Los voluntarios de las comunidades no pueden quedar fuera, ellos verdaderamente son los que realizan el trabajo fuerte, los que animan en la base, realmente la cara visible de la Iglesia en cada lugar.

—Para ti, ¿qué es Cáritas? PP

—Bueno, matemáticamente es donde he estado el 38.46 % de mi vida, pero eso no dice nada. Cáritas para mí es parte de mi familia; siempre que alguien nuevo va a comenzar a trabajar o colaborar con nosotros le digo: “vas a integrar la familia Cáritas, ahora no lo sientes, pero deja que lleves un tiempo para que te des cuenta”. Es donde he podido expresar mi fe: “Muéstrame tu fe sin obras, que yo con obras te demostraré mi fe” (Santiago 2:18). No me imagino mi vida sin Cáritas, el regalo de Dios de conocer a tantas personas sencillas que dedican su vida al servicio, tener el privilegio de haber compartido años de vida con otros hermanos y hermanas directores de otras Cáritas diocesanas, de la Oficina Nacional. Después de mi vida, mi fe y mi familia, Cáritas es el regalo por el que día a día doy gracias a Dios.

Otro mensaje de texto me pone sobre aviso, “Michel ya tienes las respuestas en el WhatsApp, disculpa que me haya demorado un par de días”, “Ah!!! Perfecto! No hay problema, tenemos tiempo. Gracias!!!” respondí. Entonces empieza el otro capítulo de esta serie: copiar las respuestas para un Word y después enviarlo vía Bluetooth para la laptop. Leer todo, editar, redactar, llamar a Robe un par de veces para esclarecer alguna que otra duda. Mientras tanto, llegan nuevos mensajes de Tunie donde recuerda el plazo de admisión del concurso. “Todavía hay tiempo”, me digo. Pero mejor no me duermo en los laureles, con una niña pequeña en casa el tiempo vale más que el dólar americano en Cuba por estos días. Hay que terminar, y no por la participación en el concurso, sino porque esta historia debe ser contada, es importante compartir la información valiosa y sensible que nos brinda un hombre de Dios, el cual camina con los pies en la tierra y el corazón a flor de piel.

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Michel Pérez Abreu
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