Génesis de un cumpleaños diocesano

Tras más de un siglo de andar, aquel 24 de enero de 1998 bendijo a Guantánamo-Baracoa como la nueva diócesis de Cuba, un hecho trascendental para aquellos sacerdotes, religiosos y laicos de inmensa fidelidad y compromiso que sembraron las primeras semillas de la iglesia católica en esta parte geográfica de la nación.
El singular día atrajo alegrías con la presencia y voz amada del Sumo Pontífice San Juan Pablo II, quien desde la hermana diócesis Santiago de Cuba anunció el feliz nombramiento y declaró a Monseñor Carlos Baladrón como Obispo de la extremo-oriental región cubana.
Llegaba la hora de trazar nuevos sueños: impulsar la evangelización y promoción humana a un pueblo necesitado de Dios y su promesa de amor.
A 25 años de aquel suceso, la realidad devela la consecución del empeño eclesial en esta diócesis que aviva la fe y accionar religioso desde sus trece parroquias divididas en dos vicarías. Las huellas misioneras para llegar a parajes profundos de este territorio, lograron su crecimiento e identidad, una labor a la que se han sumado sacerdotes y religiosos de diversas nacionalidades y órdenes junto a la comunidad católica del territorio.
A partir de aquel tiempo, la trayectoria diocesana alentó la renovación de la iglesia desde pastorales que invitan a niños, adolescentes, jóvenes, mujeres, hombres, matrimonios y personas mayores hacia la construcción de una sociedad mejor con la práctica de la fraternidad, justicia, defensa de la dignidad y la paz.
Muchas manos encauzan hoy el quehacer de esta diócesis, manos que dentro y fuera de Cuba sostienen el credo de la iglesia católica e inspiran a la comunión y caridad con fórmulas de antaño y modernas, además del espíritu de conversión genuino que sólo mueve el Santo Padre de la Humanidad.
En esta fecha memorable, conmueve recordar aquella frase del primer Obispo de Guantánamo-Baracoa, al expresar:
Quiera el Señor fecundar con su gracia todos los esfuerzos que podamos hacer por el bien de nuestro pueblo sirviendo fielmente desde la iglesia católica como fermento de esperanza, reconciliación y paz para poder así alumbrar con la luz de Cristo a todos los cubanos.
Que sus palabras mantengan viva la impronta de un Jesús encarnado y sensible a las necesidades de todos, que su guía florezca más a esta diócesis de 25 años.
Hoy se renuevan los rostros que la encaminan, se preservan los pasos que la forjaron.
Dios bendiga su presente y futuro, que contagie y esparza siempre sus regalos de bien y esperanza.
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