Familias conectadas por Ian.

Por: Elena Fernández Silva, comunicadora de Cáritas Pinar del Río
Testimonio de la familia de Mailyn Brito de 29 años y Ana Esperanza en la comunidad el «Sitio».
«Dejar tu casa y virar al otro día y no tener nada es pa qué», me cuenta Mailyn Brito de 29 años. Su familia es una de las 55 que en la comunidad el «Sitio», perdieron la vivienda completamente tras el embate del huracán Ian.
El asentamiento, de unas 160 casas, está ubicado camino adentro por el kilómetro 10 de la carretera a la Coloma, en el municipio de Pinar del Río. La gran mayoría de las viviendas sufrieron afectaciones significativas por la tormenta.


“Nosotros nos evacuamos antes pero no pensamos regresar y no ver lo que dejamos. En casa de esta señora pasamos el ciclón más de treinta personas y todavía estamos aquí tres familias porque las casas están en el piso”-relata esta joven y prosigue:
«Como yo hay muchas personas para no decirte la mayoría. A las de mampostería les llevó el techo, pero quedaron las paredes. Si a mí me hubiera dejado las paredes estaría feliz.
Muchos pasaron esa noche en la iglesia, otros en el consultorio y en las pocas casas de placa. No lamentamos vidas porque nos ayudamos, somos diferentes, pero nos tratamos como familia».
Mailyn tendrá sentimientos encontrados cada 27 de septiembre.
«El ciclón pasó el día del cumpleaños 8 de mi hijo varón. Al otro día cuando vio los destrozos y oyó comentarios me preguntó por su casa y le tuve que decir- la de nosotros también la derribó el ciclón- y llevarlo bajo el agua de lluvia para que la viera. Hasta él lloró. Fue muy fuerte».
La solidaridad no tiene límites
Las vidas de Mailyn y Ana Esperanza están muy vinculadas. Hay agradecimiento, empatía, entrega de una y de otra.
Ana padece el mismo dolor de sus vecinos que lo perdieron todo. Su hogar, lejos de sufrir graves daños, sirvió de refugio esa terrible madrugada. Ella lloró igual o más que sus coterráneos.

«Tengo 78 años y hace 55 que vivo aquí. Al principio eran unas 15 viviendas y después fueron llegando personas que vivían cerca de la presa El Punto y la de Viñales.
«Esas casitas de madera se levantaron provisionalmente por 5 años y ya han pasado 45. Imagínese. De esas, la que quedó en pie fue por obra del Espíritu Santo» me dice con lágrimas en el rostro.
«Con el tiempo se fueron levantando algunas viviendas de placa – ella me refiere cuatro- y esas favorecieron mucho a los vecinos esa noche.
«Eso fue desastroso. Nunca en mi vida con la edad que tengo había visto tal cosa. Sentíamos las casas caer, los árboles, todo, todo.

Esa noche estábamos aquí 42 personas más todas las pertenencias que usted ve. La gente lloraba, pensando en lo de ellos pero también en sus familias, como yo que mi hija vive en el kilómetro 4 y perdió casi todo.
Después que pasó y llegó la calma y la luz del día pudimos salir y nos quedamos abismados cuando vimos lo que vimos.
Los hombres recogieron lo poco que quedó y fueron haciendo unos casuchitos. En mi casa todavía tengo tres familias hasta que ellos levanten algo donde puedan dormir».
A pesar del dolor, la destrucción y la desidia, Maylin y Ana siguen aferradas a la esperanza después de la tormenta.
El camino al Sitio estuvo obstruido dos días después del paso de Ian. Dos días sin que nadie entrara ni saliera. Dos días sin pan y sin agua y electricidad.
«Se puede decir que son los primeros en venir a nosotros, porque ayer nos trajeron pollo y ya tenemos pan», me confiesa Ana. «Ellos no saben que esta es la Iglesia, que esta es la mano de Dios, pero lo van a saber».
Maylin y Ana presienten que la recuperación será lenta. La vegetación que las envuelve tardará en florecer y el Sitio no será el mismo lugar porque las huellas de Ian fueron profundas y alcanzaron a todos. Aun así, a pesar de los pesares, estas guerreras siguen aferradas a la fe y la esperanza después de la tormenta.
Nota. Cuatro días después del azote de Ian un equipo de Cáritas Pinar del Río llegó al Sitio con una ayuda solidaria para cada una de las familias. Del acompañamiento salieron estos testimonios.
Oramos a Dios por cada uno de los damnificados de este evento, para que su fortaleza los sustente y pueda inspirar a todos a tender la mano a nuestros hermanos.
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