ENTREVISTA A NUESTROS LAICOS

Yo soy una mujer de fe y siempre he llevado a mi familia por ese sendero

Por: Gioberti Jiménez González.

Un pueblo de campo es en mucho como un pequeño paraíso, donde la gente sencilla acoge al prójimo con particular entrega y entusiasmo. Y así sucede con Emilia Rosén Luis, quien nació el 8 de agosto de 1947 en Nazareno, poblado de Céspedes, hija de Susana Luis y Luciano Rosén. Después de varios años se instalaron con su familia en Piedrecitas, mi pueblo natal.

A su madre la recuerdo de misionera por las guardarrayas del Crucero de Piedrecitas, llevando la palabra de Dios a muchas familias, como la mía, acompañada por algún miembro de la comunidad católica. Y mis recuerdos van más allá, cuando la llegada de la Cruz peregrina del Quinto Centenario de la Evangelización de América, ocasión en que los jóvenes de comunidades cercanas como la de Florida, se volcaron a los campos para ayudar en cuanto fuese necesario (hacer misión). Así, cada vez se le ve en la iglesia católica a esta familia humilde pero feliz y plena de gozo en el Señor.   Emilia en su conversación conmigo me dice:

En octubre de 1971 salimos del campo para este pueblo donde ahora vivimos: Piedrecitas. La fe mía llegó por mi abuelo, que practicaba la religión católica. Era haitiano y vivía ceca de unos franceses; con ellos estudió y la fe la recibió por esa vía, hasta que llegó a mi mamá y a mí, por medio de él. Al venir a este pueblo, un fin de año mi abuelo se sentó en el portal de la iglesia y comenzó a cantar en latín. Llegó Luis Reyes, un señor del poblado que lo escuchó y le dijo que la iglesia abría el tercer sábado del mes. Así comenzó nuestra vida en la comunidad de este lugar don todavía vivimos. Siempre iba yo con mis hijos cada tercer sábado. Y luego los niños crecieron, fueron a la escuela y hubo algunos problemitas con ellos por ser católicos, estuvieron algunos meses sin asistir, que no llegó al año, hasta que yo dije: vamos todos. Y hasta hoy nunca me he apartado de la iglesia.

¿Cuántos hijos tienes?

Soy madre de tres hijos: Titico, Diosnel y Hosanna. Ella es religiosa de las Siervas del Corazón de María. Una noche, al acostarme llegué a la cuna de Hosanna. Solo tenía tres días de nacida, cuando la vi a ella en un charco sangre. Llamé a mi mamá muy asustada, ella comenzó a rezar hasta que salimos para el hospital de Florida, la atendieron y la niña se salvó. Se le había zafado el pedacito del cordón umbilical que le quedaba. Yo estaba aterrada, pero la fe siempre me ha sostenido, en momentos bien duros y difíciles.

¿Qué significa para ti que tu hija sea religiosa?Para mí tener una hija monja es un regalo de Dios. Aunque no la veo todos los días estoy tranquila porque sé que ella está bien, que le gusta hacer el bien como religiosa y eso me satisface mucho. Al final, nosotros le inculcamos el amor por Jesucristo. Y mis dos varones son también un maravilloso regalo. Titico se ha mantenido siempre en la iglesia y ayuda en todo lo que hace falta; sobre todo para que el comedor de Cáritas funcione bien. Eso me ayuda y me da fuerzas para seguir haciendo el trabajo como voluntaria. Y Diosnel, aunque se ha apartado un poco, es un buen hijo también. De él tengo una nieta de doce años que se ha integrado a la comunidad de Estrella

1Emilia y su mama Susana se han entregado durante muchos anos a la iglesia de Piedrecitas convert.io

En la comunidad, ¿cómo te has desempeñado?

En la iglesia he apoyado siempre en todo, mi mamá y yo siempre estuvimos al tanto de todo el trabajo en el templo. Por ejemplo, fundamos el comedor de Cáritas hace ya unos cuantos años. Lo iniciamos  Dora y Juaco, un matrimonio de entonces de nuestra comunidad junto a mí y a Tito, mi esposo. Monseñor Juan fue quien dio la idea para que abriéramos nuestro propio comedor después de muchos años funcionando en Céspedes. En aquella época el almuerzo lo traían desde allá y se pasaba un poco de trabajo para hacerlo llegar hasta Piedrecitas. Después que Dora se fue para Florida y Juaco falleció, llegó María Victoria Vásquez. Ahora ella y yo, con la ayuda de gente joven, en especial una muchacha seguimos la obra. Cocinamos en mi casa y repartimos cada jueves. Hoy contamos con treinta beneficiarios. El grupo también recibe formación con temas de salud para explicarnos cómo llevar la vida en la tercera edad.

2Emilia y su esposo han consolidado una familia durante 47 anos convert.io

Después de tantos años al servicio de los necesitados, Emilia se siente muy feliz de poder servirles. No solo a ellos, sino también a su familia. Junto a su esposo, Daniel Fiss (Tito) con quien lleva 47 años de casada, logra la armonía familiar y persevera en el camino de la fe y la caridad cristiana. Me dice con total seguridad:

Yo soy una mujer de fe. He defendido siempre a mi familia; siempre con la fe por sendero. Cuando quedé embarazada de mi tercer hijo (Diosnel), el médico me dio todos los exámenes para que me los hiciera y después que me hiciera la interrupción del embarazo, porque decía que yo era hipertensa y que ya tenía una hembra y un varón, que no debía correr ese riesgo. Pasó el tiempo, todo transcurrió sin problemas y ahí los tengo a los tres. Le dije que sí a la vida y a Dios.

¿Dios te ha puesto pruebas difíciles y muestras gratas?

¡Muchas de las dos! Yo vivo agradecida de Dios por muchas razones que ahora no puedo decírtelas todas. Pero te cuento esta anécdota: Vivíamos en el campo todavía, fuera de Piedrecitas y mami estaba muy enferma; había peligro para su vida. La gente solo se preguntaba qué iba a ser de mí, que apenas era una joven de corta edad y ni me había casado. Y un día al despertarse, me dice que había soñado con una señora que nosotros conocíamos y que ya había fallecido. En el sueño la mujer le decía que tomara un medicamento que vendían en la farmacia. Mami sintió miedo al despertar y no hizo lo que soñó. Pero a los ocho días volvió a soñar con la mujer diciéndole lo mismo, hasta le dijo la enfermedad que iba a tener y que no tuviera miedo. Al despertarse, mi papá le preguntó si estaba soñando, ella no le dijo nada en ese momento y le pidió que fuera a la farmacia; le dio los nombres de las medicinas y mi papá fue y las compró. Ella se tomó las medicinas y mira, hoy mi mamá tiene 93 años. Esa vez mi mamá decidió que, si un día vivíamos en un pueblo, ella se entregaría a la iglesia y desde que llegamos a Piedrecitas somos de la comunidad Nuestra Señora de La Caridad. Creo que Dios puso su mano y por eso y por otras razones tenemos muchos motivos para darle gracias a Dios. La fe que tengo en Dios y en la Virgen, me ha salvado: a mí y a mi familia.

 Emilia es de carácter noble, llena de reclamos para el bien a los necesitados y sin pensar en sus propias carestías acude a la gente para ayudar en lo que necesiten y ella pueda mejorar. Su bondad la hace sonreír siempre, trabajar y mostrar a todos un rostro como el de Jesucristo que se entrega a la gente para el bien y la misericordia. De joven nunca la recuerdo brava ni inquieta; muchos menos agitada y ansiosa. Antes me preguntaba si esta señora nunca tenía problemas serios. Pero ahora, con el paso del tiempo comprendo que es una mujer de Dios, de amar al prójimo por encima de sus situaciones difíciles, entregar su amor en el servicio cotidiano y de no aparentar rostros de misericordia sino de hacerla cada día, desde que amanece hasta que se acaba el día. En ella no termina nunca el deseo de ofrecerse a sus hijos, a su madre de noventa y tres años tan entregada a la iglesia como ella. También se entrega al cuidado de su esposo y a la ternura siempre vital de dar de lo poco que tiene a los que más lo necesitan.  

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Gioberti Jiménez González
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