Elizabeth y Claudia: voces de amor en el día Mundial del Síndrome de Down
Fotos: Lourdes Abuin Landín y Cortesía de la entrevistada.
Por Lianet Fundora Armas

A sus 32 años Claudia Caballero Tadeo es una joven virtuosa que disfruta de bailar, cantar, escribir, leer mucho. Quienes la conocen no pueden evitar admirar su alegría, su mirada coqueta y sus ocurrencias capaces de iluminar el día más gris.
Hace aproximadamente dos años forma parte del programa Aprendiendo a crecer de Cáritas Matanzas. Desde entonces, conquistó el corazón de voluntarios y formadores con su carisma.

Pertenecer al grupo Camina Conmigo (Síndromes de Down) ha sido también un regalo de Dios para su madre Elizabeth Tadeo Fernández quien reconoce que la vida de su hija es un testimonio de fe y superación constante.

“Cuando Claudia era pequeña vivíamos en el campo, en un sitio llamado Zapata, perteneciente al poblado de Bolondrón. Desde temprana edad me incorporé con la niña a las vías no formales y después matriculó en la escuela especial de Unión de Reyes hasta los 18 años.

“Durante esa etapa de estudios participó en muchísimas actividades culturales y deportivas. Su preferencia siempre fue la gimnasia. A los 10 años compitió en unas olimpiadas nacionales en La Habana donde obtuvo dos medallas, una de oro y otra de bronce. Cuatro años más tarde conquistó dos preseas de plata en dicha olimpiada, que en esa ocasión tuvo a Matanzas como sede”.

Acompañar y estimular el desarrollo de su hija ha sido una prioridad para Elizabeth, una misión a la que se entrega con esa voluntad que sobrepasó las distancias para asistir a competencias culinarias, festivales…

Más adelante, el traslado de ambas a la ciudad de Matanzas propició el encuentro con Cáritas y la dicha de ser parte de una familia grande con la misma condición genética.
“Esperancita la mamá de Lili fue quien me habló de la existencia de Aprendiendo a crecer. Así empezamos en el proyecto. Creo que solo hemos faltado en dos ocasiones por problemas de salud. Somos bastante puntuales porque valoramos muchísimo este espacio que nos hacía tanta falta a ambas”.


Recientemente, Claudia tuvo la dicha de ser escogida entre los beneficiarios que iniciaron la aventura de la Casa Taller Villa María cuya apertura apuesta por la inclusión social, por el aprendizaje a través de talleres ocupacionales y actividades recreativas adaptadas.

“Durante la primera jornada en que estuvo sola sentí mucho su ausencia y creo que a ella le sucedió lo mismo. Desde hace años no estábamos separadas durante tanto tiempo. Pero trabajó muy bien y feliz.

“Ha sido de bendición, reconozco que el apego de las madres es difícil y ellos deben aprender a ser independientes. Quiero enfocarme además, en conseguir materiales para darle continuidad en nuestro hogar a las actividades que realizan en la Casa Taller”.


Hoy cuando Cáritas Matanzas da inicio a la Jornada de Sensibilización por las personas con discapacidad, Elizabeth y Claudia celebran el amor que les une y la certeza de que a través de Cáritas envían un mensaje contra la soledad.

“Gracias por creer en el potencial de mi hija y por brindarle un lugar donde pueda crecer y soñar en grande. Su apoyo significa el mundo para nosotros”.
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