El tiempo infinito de Cuqui

Texto y fotos: Roberto Alfonso Lara

Cienfuegos, agosto de 2020— La pregunta es sencilla y cabe en menos de un segundo: ¿cómo lo hace? De qué manera Ana Gómez Martínez, “Cuqui”, alarga la cuerda del tiempo más allá de las 24 horas del día. Cuál será el secreto para, como ella misma confiesa, dividirse en mil pedazos.

“No sé”, dice en primera instancia la mujer que imparte clases de Tecnologías de la Salud en la Universidad de Ciencias Médicas de Cienfuegos. Que cría puercos, gallinas y atiende los sembrados del patio, con la misma devoción con la que teje. Que sale a recoger sancocho todas las tardes. Que recorre la ciudad entera en bicicleta. Que cuida de una anciana de 92 años y de Tere, su hermana Síndrome de Down (SD). Que hace 25 años acoge en su hogar a la comunidad católica Virgen de la Caridad del Cobre, en el pintoresco barrio de Las Minas. Que prepara el desayuno de varios adultos mayores. Que no deja escapar un sábado sin la habitual celebración de la palabra.

Ella alega que no sabe, pero afirma que “siempre he sido así” y “siempre busco el espacio”. Desde hace más de dos décadas, su casa mantiene las puertas abiertas como si fuese un templo. Fueron los fieles de la parroquia Santa Soledad quienes lanzaron la idea de hallar un lugar donde reunirse y desde entonces, bajo el techo de Cuqui, ha acontecido de todo un poco: primeras comuniones, bautizos, misas de domingo, y casi hasta una boda. Sin embargo, ahora el matiz de los encuentros es otro.

“Un día —cuenta— conocí a alguien de Cáritas Cienfuegos, conversamos sobre el Programa de Personas Mayores (PPM) y decidimos involucrarnos; eso fue hace seis años”. Cada sábado a las cuatro de la tarde, luego de la celebración de la palabra, allí se entrega el desayuno de la semana a once personas mayores en situación de vulnerabilidad. Es un litro de leche para cada uno, que Cuqui prepara muchas veces a contrarreloj, tras estudiar la liturgia religiosa y seleccionar los temas de las canciones.

“También festejamos Navidad y Semana Santa. En los días navideños —afirma— organizo un almuerzo para ellos y la comunidad. Realizamos desfiles de moda, eventos de poesía, así como talleres de Salud y meditación. Tampoco dejamos pasar por alto el Día de las Madres, el de los Padres y el de los Enamorados”.  

Todo esto se había hecho algo usual a lo largo de varios años y solo la pandemia de la Covid-19 obligó a detener la rutina. Ni siquiera sucedió antes, cuando Cuqui tuvo que reparar la cubierta de su vivienda, porque entonces llegaron a utilizar las áreas del jardín.

“Es la primera vez que se interrumpe por tres meses, comenta. Fueron días en que extrañé compartir con los beneficiarios. Como suelo andar en bicicleta, en alguna ocasión fui verlos; además, les distribuimos un módulo de alimentos para el desayuno como leche en polvo, galletas y caramelos. Ellos se mostraron muy agradecidos por la atención recibida y el gesto de Cáritas Cienfuegos. Pero sí, los extrañé mucho, y con preocupación”.

Desde hace varias semanas, los sábados en casa de Cuqui han vuelto a ser lo que fueron en las horas antes del nuevo coronavirus; y ella, otra vez, ha tenido que dividir el tiempo en pedacitos para cumplir con cada uno de sus deberes.

“No son tareas que agobian —dice—; me he sentido un poco cansada de cuerpo, no de mente. En ocasiones, sin darme cuenta ni planificarlo, comienzo a realizar una cosa, y otra, y otra…, y todo va saliendo. Ayudar a los demás es una experiencia de crecimiento personal. A mis 63 años tengo deseos de estudiar, investigar, trabajar; lo que no sé hasta dónde va a durar la cuerda”.

La respuesta a su incertidumbre la acompaña en los minutos, horas y días que exprime hasta la última milésima de segundo, haciendo que parezcan, realmente, infinitos. 

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Roberto Alfonso Lara
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