EL RETO DE VIVIR CON DIOS.
Bayamo-Manzanillo, octubre, 2020–Hay abuelas que abren cada tarde las puertas de sus casas, justo después de realizar los quehaceres hogareños, siempre en busca de la brisa que refresca esta región del oriente cubano.
Cuando salen del hogar usan el nasobuco. Dentro estan pendientes de que no falte el pomo preparado con la solución de hipoclorito para el lavado de las manos; porque con las puertas abiertas, hay quien llega a saludar y desear un feliz día .
Una de esas personas de la tercera edad, miembro de la Parroquia La Purísima Concepción de Manzanillo, es Belkis Yolanda Garcia Galeano quien aprovecha para sentarse, en uno de sus balances, a conversar con Dios, quien la escucha y acompaña cuando ya no existe otro calor humano en su casa. Con Él no siente la soledad: le da seguridad, confianza.
Belkis Yolanda vivía con su esposo Ángel y su hermana Elvira, ambos fallecieron en el dos mil 17 . Las hermanas, a pesar no haber concebido hijos, tuvieron varios ahijados y sobrinos muy amados. Belkis los abraza cuando deciden visitarla:José Antonio, Orlando y Marisela ,están pendientes del más mínimo detalle que ella pueda necesitar. Los otros la llaman por teléfono. Belkis Yolanda se siente amada, se sabe importante, para la vida de muchos en su familia. Y eso la hace feliz , porque a veces le pregunta a Dios ¿ por qué le ha otorgado tantos años de vida cuando seis de sus hermanos han partido a la Casa del Padre de ocho que eran?.
«Por Nené, Toño, César, Cuca, Elvira y Roberto rezo para que el Señor los acoga con amor. Comienzo por Elvirita, luego por Robert, quien me llamaba todas las mañanas, desde la Habana donde residía, para saber como había amanecido».
La cuarentena por la Covid-19 en La Habana, no permitió un encuentro de despedida: «aún lo sufro , a pesar de haber conversado con Dios sobre el asunto muchas veces». Ahora su sobrina Idania no deja de proporcionarle esa cuota diaria de cariño, que acostumbraba a recibir en la voz de su querido Robert.
Marisela Diaz García, sobrina de Belkis añade que :» Ora igualmente por su difunto esposo, padres y algunos ancestros que llegan a su mente como seres muy queridos. Por los enfermos de patologías crónicas no transmisibles, y por aquellos que se contagian con este virus mortal, que azota a la humanidad. Asimismo por mi tío Francisco (Paco) el único hermano que le queda y que no ve hace más de treinta años, porque reside en los Estados Unidos de América, y posiblemente no vea nunca más , dada la crisis sanitaria global y por todos los sobrinos que conoce y los que se muestran por fotos en aquel país, a los cuales no ha podido abrazar, pidiendo ante todo salud con sagrada devoción».
Con la biblia en sus manos, y sobre sus piernas un viejo librito de oraciones reparado con materiales adhesivos por la manipulación constantes de sus hojas, Belkis Yolanda busca lo que marcó el día anterior , para conversar con Dios, mientras se balancea en la sala de su casa. Aprovecha esta intimidad con Jesús para rezar el Rosario. Siente que Dios le habla con cada uno de los misterios y medita en ellos. Sostiene que el rezo del Rosario le ayuda a la formación cristiana, y al mismo tiempo de él recibe las gracias para imitar los ejemplos de Jesús y María.
Cada tarde esta señora de piel blanca, alta estatura y de corto ondeado cabello gris, medita , agradece, y canta: «Si me falta el amor, no me sirve de nada, si me falta el amor, nada soy». A pesar de sus ochenta y tres años no descuida su aseo personal. La belleza de su corazón se refleja en su discreto rostro de apariencia refinada. Siempre anda bien peinada y aunque no elegantemente vestida, se muestra presentable a la hora de abrir la puerta de su casa, donde permanece todo el tiempo; primero, porque ante la presencia en el país de la Covid- 19 pertenece a uno de los grupos más vulnerables de la sociedad y segundo por sus limitaciones al caminar, producto de una caída que la conllevó a una operación, y que finalmente después de varios meses de rehabilitación puede apoyarse a través de un andador para moverse en casa, aunque imposibilitada de participar en las Misas y en las actividades propias del grupo de la tercera edad.
Como profesora de la enseñanza primaria que fue, mantiene su hablar pausado, dulce, con agradable tono de voz, que denota sencillez, modestia, una esmerada educación y un caudal de inmensos conocimientos, por la formación familiar y cristiana, que pone en función de aquel que la visita para compartir lo aprendido con el fin de cooperar en la edificación personal de los que la rodean.
Nunca la vemos triste , ni quejarse porque le falte esto o aquello a pesar de la escasez de productos de primera necesidad en el país. Siempre tiene en cuenta lo que Jesús dice en la Sagrada Escritura: » No anden preocupados por su vida con problemas de alimentos, ni por su cuerpo con problemas de ropa … Busquen primero el Reino de Dios y su justicia y todo lo demás se les dará por añadidura» ( Mt 6, 25. 33).
Cada viernes recibe la eucaristía de las manos de Carola Yaque Borbolla , hermana de la fe, y miembro del grupo voluntariado de çáritas en la parroquia, que se acerca para compartir un tiempo de oración y acompañamiento, para ofrecerle luz y sabor en su vida diaria.
Carola nos cuenta que : «Yolandita aprovecha este tiempo de diálogo para saber de las actividades que desarrollan los diferentes programas, aportar ideas al grupo de la tercera edad y algunas pastorales que pueden desarrollar una acción misionera de manera diferente ante la Covid-19».
Estos encuentros con Jesús-Dios son de verdadero gozo, ella además le lleva el folleto de vida cristiana, que contribuye entre otros materiales a enriquecer su formación en el proceso de conversión siempre recomenzada.
Adalgiza Rosabal Rodríguez, otra de las hermanas de la comunidad en los acompañamientos con Carola puntualiza que :» no le gusta sentirse excluida a pesar de sus limitaciones. Su teléfono le ayuda a poner el alma y el corazón en acción a favor de la solidaridad y la caridad. Y esto le ha generado infinidad de intercambios en estos meses de confinamiento que para ella constituye algo normal».
Escuchando algunos programas de radio, viendo otros en la televisión le hacen despertar creatividad, en la búsqueda de retazos de telas que regala a vecinos y sobrinos para que confeccionen nasobucos, y todos se protegan de la pandemia. Eso la motiva porque la soledad no deja de acosarla y tiene el reto de seguir viviendo.
Después de realizar algunas tareas rutinarias de limpieza en la casa y otras como la elaboración de alimentos, que la agota, por su discapacidad, busca siempre el descanso oportuno, cómodo pidiéndole a Dios que la ayude a liberar tantos pensamientos negativos para no dar cabida a la amargura, a los complejos por la vejez, y a no apagarse, sino a seguir haciendo buen uso de la experiencia, de sentirse útil ante sus sobrinos y los demás, de conservar las energías y lucidez mental en aprender cosas nuevas y de ser agradecida con quien la ayuda , reanima y la hace sentirse dichosa irradiando salud y dignidad.
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