Por: Diamela Leyva Fraga comunicadora nacional de Cáritas Cuba

Hay encuentros que se anuncian en el calendario y otros que se graban en el alma. El que comenzó el viernes 23 en la Casa Sacerdotal San Juan María Vianney, en La Habana, pertenece a los segundos. Allí, entre paredes que huelen a historia, dio inicio el XXIV Taller Nacional de coordinadores y formadores diocesanos del programa Aprendiendo a crecer de Cáritas Cuba, una cita que se extenderá hasta el domingo 25 y que, desde el primer momento, prometía ser un remanso para el espíritu.

IMG 20261024 WA0034


Llegué con la costumbre de quien conoce la casa y agradece la acogida. Pero lo que no esperaba —y qué bueno que la vida aún nos sorprenda— fue la noticia de que la Eucaristía estaría presidida por el Padre Alberto Reyes, y que sería él, con su elocuencia serena y su manera tan afable de comunicar, quien impartiría el taller. Fue como si Dios hubiera dispuesto cada pieza para que aquel día fuera, sencillamente, perfecto.


El tema nos convocaba a todos: «Caminando hacia la vida que quiero vivir». Y las preguntas, lejos de ser retóricas, se clavaron como flechas en la conciencia: ¿Qué quiero hacer? ¿Qué áreas vitales quiero cultivar? ¿Qué huella quiero dejar? ¿Con quién quiero estar? No se trataba de sentir o pensar, sino de moverse hacia un para qué. El reto, nos dijo el Padre Alberto, es que la mente nos ayude a vivir la vida que queremos y no al revés. Porque decidir es difícil, pero cuando el motivo de vivir está claro, lo que nos impide avanzar se vuelve un peso del que hay que soltarse.


Fue entonces cuando recordé, una frase que me ha marcado desde hace tiempo. Albert D’Souza la dejó para la historia: «Por largo tiempo parecía para mí que la vida estaba a punto de comenzar, la vida de verdad. Pero siempre había un obstáculo en el camino… Hasta que me di cuenta de que estos obstáculos eran mi vida». Todos hemos esperado ese mañana sin deudas, sin asuntos pendientes, sin tiempo por pasar. Y todos, de algún modo, hemos descubierto que ese mañana es hoy, con sus piedras pero ahí está.


El taller de autocuidado fue el regalo de la jornada. Nos dio las herramientas para impedir que los pensamientos negativos y los sentimientos desagradables nos secuestren, para elegir lo mejor y el bien partiendo del cuidado de nosotros mismos. Al terminar, el brillo en los ojos y el gozo inexplicable eran compartidos. Nos miramos y supimos que algo había cambiado. El aplauso final fue merecido, pero sobre todo fue agradecido.

IMG 20261024 WA0019


Salimos ese viernes conscientes de que lo aprendido no quedará en solo palabras: los coordinadores y formadores lo llevarán a sus encuentros diocesanos, a cada voluntario y beneficiario. Y yo, una simple audiente de tan bendecido día, lo llevaré a mi vida, con la claridad de quien ha entendido que la vida no es un destino que se espera, sino un camino que se elige. Y que, a veces, los obstáculos no son el impedimento: son, al fin, el camino.

Visitas: 4

Diamela Leyva Fraga
Diamela Leyva Fraga
Artículos: 28

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *