El amor más puro
Santiago de Cuba, agosto de 2020- Estos son días de reencuentro, de volver a caminar las calles, de compartir, guardando aún las distancias necesarias. Después de tanta incertidumbre vivida en los últimos meses por la pandemia del nuevo coronavirus, muchos redefinen el concepto de felicidad: “¡extrañaba tanto estos momentos!”… “este espacio es muy importante para mí y para mi hija…”, “aquí yo me olvido de todo, se me quita el estrés…”, “lo único que pido es que no dejemos de reunirnos. Sé que ahora hay muchas dificultades, pero no podemos dejar de reunirnos”.

Estas palabras fueron dichas el pasado 10 de julio en Contramaestre por varios familiares de los beneficiarios del grupo “Amigos para siempre”, perteneciente al Programa Aprendiendo a crecer de Cáritas Santiago.
Con renovado entusiasmo, este grupo de personas con discapacidad volvió a encontrarse en el templo La Sagrada Familia, de esa parroquia, acompañados por Yariana de la Torre Machado, coordinadora del Programa en la Diócesis; la Hna. Yaneisy O’Farril Rodríguez (SSCM) y el párroco Ezio Borzani.

Leisys López, la responsable del grupo, recordó a los presentes cómo surgió el mismo en situaciones no menos difíciles, allá por la década del noventa, y resaltó las esperanzas y alegrías que aún, al transcurrir los años, lo sustentan y animan.
Planteó, además, la importancia de mantener las medidas en esta nueva fase de enfrentamiento a la enfermedad y definió las proyecciones en pos de futuros encuentros.
Planificación de reuniones quincenales, realización de los ya habituales ejercicios físicos acompañados de juegos y canciones, continuidad del trabajo con manualidades, la programación de paseos y la incorporación del baile como nueva modalidad dentro el grupo para ayudar al desarrollo de los beneficiarios, fueron ideas que tuvieron muy buena acogida.

Mientras los familiares se reunían dentro del templo, los beneficiarios jugaban en el patio lateral con sus animadores Antonio, Rafaela y Sonia. El sonido de panderetas, tambores y guitarras de juguete, llegaba hasta nosotros impulsado por las risas y los fragmentos de canciones infantiles.
Como para no perder la magia, en una esquina del templo y alejada de todos, Neilín, una de las beneficiarias, rehacía la vida en hojas de papel. De su mundo de sueños salieron hermosas flores y corazones que regaló al finalizar la actividad.

Los familiares, por su parte, agradecidos y entusiasmados, propusieron no esperar a septiembre sino tener el próximo encuentro en el mes de agosto.
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