El abrazo que engendra eternidad
Por: Diamela Leyva Fraga, comunicadora de Cáritas Cuba

En el silencio que deja la fatiga de las horas de trabajo y en el mar de pensamientos que anticipan el día siguiente, emerge un abrazo capaz de trascender el cansancio y convertirse en refugio. Es un gesto que cubre con amor la mirada tierna, mitiga el dolor de una caída, aquieta la ansiedad del crecimiento, disipa las dudas que la vida impone y celebra la felicidad de los logros de aquel ser al que llamamos hijo: el que habitó nuestro vientre transformándolo en taller divino, donde las manos de Dios moldearon la vida; el que nos regaló sus primeros movimientos mientras permanecía en cuerpo y espíritu unido a nuestro ser. Ese hijo que hoy nos otorga el privilegio de pronunciar la palabra «mamá» al salir de sus labios con tanta pasión.
Pero ser madre no se reduce únicamente a quienes fueron escogidas para dar vida desde su vientre. Madre es también aquella mujer que, ignorando el peso del dolor, se entrega al necesitado de afecto, al huérfano que desconoce la caricia de la atención, al niño cuyas lágrimas de decepción fueron sustituidas por la seguridad y la pasión de un amor inesperado. Madre es quien, aun creyendo que nunca lo sería, descubre sentido a su existencia al extender la mano y abrazar con ternura una vida valiosa, aunque marcada por la carencia sanguínea.

Con esa convicción, el equipo de Cáritas Cuba celebró en la Casa Sacerdotal San Juan María Vianney la Eucaristía presidida por el padre Jorge Luis Pérez Soto, cuya homilía recordó el valor inmenso de cada mujer que se entrega sin medida, capaz de sanar las heridas invisibles del alma.

Hoy rendimos homenaje a todas las mujeres que se entregan como madres, y honramos a aquellas que, día tras día, dedican su tiempo y esfuerzo a la labor que realizan en sus diócesis a través de Cáritas y sus programas. A todas ellas, nuestra gratitud y reconocimiento. Feliz Día de las Madres.

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