Donde la fe se vuelve alimento
Texto: Elizabeth María Avilés Amigo, comunicadora de Cáritas Guantánamo-Baracoa
Foto: Katiuska Fournier de la Cruz, comunicadora de Cáritas Cuba

La mirada y palabras de Gilberto, Yamila y otros beneficiarios del comedor de Cáritas, en la parroquia Nuestra Señora de la Merced, de la comunidad de Jamaica, muestran la presencia de Dios en cada uno de sus hijos.
Como parte del acompañamiento del equipo diocesano y del Programa de Personas Mayores tras la emergencia del huracán Melissa, se compartió con ellos, varios voluntarios y familias que ofrecen el servicio en esa zona rural de La diócesis de Guantánamo-Baracoa.


Esta acción comprende el apoyo y cercanía luego de la incidencia y secuelas de un evento climatológico, antecedida por la comunicación virtual para conocer los daños a familias, sus necesidades y otros pormenores asociados.

Magalys y Juanita, responsables del comedor, recibieron con la alegría usual al equipo diocesano. Entre humo, leñas y los olores del rico sazón de la comida, relataron un poco de lo que fueron las últimas semanas para ellos.

Juana, con 91 años a sus espaldas pero una energía y fe inagotables, contó como se han mantenido atendiendo a sus 28 comensales, 5 días a la semana, pese a encontrarse sin fluido eléctrico, luego del paso del huracán Melissa. También narró las gestiones realizadas para mantener los alimentos bien conservados, gracias al apoyo incondicional de amigos y familiares.

El equipo pudo observar como actúa el amor de Dios mediante esta resiliente mujer, que se levanta firme cada día a servir con cariño, afrontando trabas, dificultades y carencias. Asimismo las huellas de sus valores en una hija y nieto que colaboran en las pequeñas y arduas faenas de la preparación del almuerzo, del remiendo del techo del patio donde cocinan, del amor al servir el menú a los beneficiarios.

La misma entrega se pudo advertir en el comedor Santa Teresa de Calcuta en el municipio cabecera, donde Marina y su nuera ¨Nena¨ , también rodeadas por el fuego y el carbón, sirven, con el júbilo que las caracteriza, a pesar de las vicisitudes, a sus 27 beneficiarios.


Los comensales de Marina llegan puntuales cada día de servicio y en la espera de sus alimentos, ella, con un sentido del humor característico y una calidez humana irrepetible, logra sacar siempre una sonrisa en los rostros, muchas veces agobiados por la abrumadora cotidianidad cubana, de sus beneficiarios.



Ambos son ejemplos de entereza, resiliencia y amor a Dios y al prójimo, y por fortuna es una realidad reflejada en todos nuestros voluntarios, personas que, impulsadas por las enseñanzas de nuestro Señor, practican cada día su palabra y siguen su propósito en la Tierra que es brindar amor, apoyo y compañía a todo el que lo necesite.
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